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Sergi López, hermano mayor de Gerard, fallece a los 39 años

El exjugador sufría depresión y apareció muerto junto a la estación de Granollers

EL PERIÓDICO / BARCELONA

La fortuna nunca acabó de sonreír a Sergi López Segú. Hubo una época en la que estuvo llamado a convertirse en símbolo del barcelonismo y referencia en la defensa del Barça. Ayer, se suicidó junto a la estación de tren de Granollers, su ciudad natal. Pudo tenerlo todo como futbolista, llegar a ser una estrella, la que lo iluminó hasta lo más alto del firmamento cuando era la gran promesa de la cantera azulgrana. "¡Que se enteren! En el Mini ha nacido una nueva Caballé", llegó a pronosticar, desgraciadamente sin acierto, Josep Mussons, cuando era el directivo responsable de los equipos inferiores del Barcelona.

Ayer, los Mossos d'Esquadra testificaron como suicidio la causa de la muerte de Sergi López. Hace justo un mes cumplió 39 años. El exjugador se encontraba sumido en un proceso de depresión, por el que se medicaba, después de una crisis familiar. Tenía una hija. Su hermano Gerard viajó anoche urgentemente desde Mónaco, una vez se enteró de la triste noticia, la segunda en un fin de semana de desgracias para la familia azulgrana.

Los hermanos López Segú eran tres y estaban llamados a ser una dinastía que entraría en la historia del Barça. Juli, el mediano, que llegó a jugar en el Barça B, colgó las botas para dedicarse al mundo empresarial. Sergi, en cambio, se vio atormentado por las lesiones desde que una mañana maldita, en la que llovía en las instalaciones azulgranas, se fue a entrenar al Palau.

EL BALONCESTO

Todos sabían que tenía una gran devoción hacia Epi. Con la excusa de alguna lesión, tal vez fingida, se había escapado alguna vez para animar a los gigantes azulgranas. Saltó, conectó la canasta, pero al caer al suelo se le torció el pie y se le rompió la rodilla. Hasta cuatro operaciones tuvo que sufrir. La rodilla se inflamaba y los médicos no encontraban una solución clara.

Sucedió aquello cuando Sergi estaba considerado como la gran figura del Miniestadi, la Montserrat Caballé del fútbol catalán, el héroe en el 6-3 que los juveniles del Barça le endosaron al Madrid, el chaval que en una sola temporada metía 34 goles, el mismo que descubrió, como a tantos otros niños, Oriol Tort, pionero y profesor a la hora de apadrinar jóvenes valores azulgranas. Cuentan que cuando tenía 13 años y despuntaba en el Granollers, el Barça y el Madrid se pelearon por ficharlo. Fue Tort quien convenció a la familia, bajo la promesa de que cada día un taxi lo llevaría a Barcelona, un transporte que ahora es habitual en las secciones del Barça y el Espanyol.

LA OPORTUNIDAD

A la cuarta operación pareció que se solucionaban los problemas. Por eso, a los 20 años, Luis Aragonés le dio la oportunidad de saltar al primer equipo. Y, de nuevo, cuando intentó marcarle un quinto gol a Zubizarreta en un entrenamiento, la rodilla volvió a ceder. Aun así, atormentado por las lesiones, se mantuvo tres temporadas con el Barça. Ganó una Recopa y una Copa del Rey. Luego se fue un año cedido al Mallorca. El Zaragoza lo fichó en 1992. Logró la histórica Recopa que el conjunto aragonés conquistó en París (1995). Fue la antesala del despido. Con 28 años tuvo que refugiarse en el Gavà, en Segunda B. "Mi hermano Gerard será mejor que yo", pronosticó. A él tampoco le han respetado las lesiones.

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