ENTREVISTA

Kelly Reichardt: "Es absurdo seguir alimentando el mito del héroe machote"

La directora norteamericana Kelly Reichardt.

La directora norteamericana Kelly Reichardt. / Archivo

  • La realizadora norteamericana estrena en España ‘First Cow’, un western vuelto del revés

  • Es una de las voces independientes (y poco reconocidas) del panorama cinematográfico

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Si hiciéramos un ránking de cineastas en función de la diferencia entre la atención que merecen y la que reciben, es probable que su nombre encabezara la lista. Kelly Reichardt (Miami, EEUU, 1964) lleva casi tres décadas haciendo pequeñas grandes películas sobre personajes situados en los márgenes del sistema, y perdidos en su búsqueda del sueño americano. Sus ficciones -títulos como 'Old Joy' (2006), 'Wendy and Lucy' (2008), 'Meek’s Cutoff' (2010) y 'La noche se mueve' (2013)- a menudo son descritas como cine minimalista, y eso en parte explica la poca atención que han recibido en países como España.

Por eso es tan buena noticia que su séptimo largometraje, 'First Cow', llegue finalmente a la cartelera. Situada a principios del siglo XIX en el noroeste de Estados Unidos, la película acompaña a un cocinero y un inmigrante chino que traman un plan para robar leche de una nueva vaca recientemente comprada por el adinerado jefe de la comunidad en la que viven. Pretenden cocinar buñuelos y venderlos en el mercado. Y a partir de esa premisa, medita sobre la amistad, el capitalismo y los placeres de la cocina, entre muchos otros asuntos.

En el proceso, además, Kelly Reichardt reitera su habilidad a la hora de convertir los gestos físicos y narrativos más sutiles en reflexiones trascendentes sobre la condición humana.

-A lo largo de su carrera, se ha confirmado como una retratista experta en la soledad. 'First Cow', en cambio, es una película sobre la amistad.

-A decir verdad, llevo mucho tiempo acostumbrada a estar sola, y no me resulta problemático estarlo. Pero muchas de mis películas previas transcurrían envueltas de atmósferas de melancolía, así que quise que 'First Cow' tuviera un tono algo más liviano. A nivel anímico, me ha sentado muy bien hacer esta película, y por otra parte, aunque la rodé mucho antes de que irrumpiera la pandemia, creo que la amabilidad que transpira es idónea como antídoto contra los tiempos que estamos viviendo.   

-'First Cow' podría definirse como un 'western’ pero ofrece una mirada al género muy singular. Si los héroes típicos de las películas del Oeste suelen ser hombres duros y viriles como John Wayne, los personajes de su película son dos tipos tiernos y vulnerables. ¿Fue consciente de esa diferencia al crearlos? 

-Sin duda. El western es un género que promueve el supremacismo blanco y masculino, y que se sostiene sobre una idea del heroísmo completamente absurda. El problema es que es una idea muy enraizada en la sociedad. A estas alturas, seguimos alimentando el mito del héroe machote y blanco que tiene todas las respuestas y que nos protegerá, y es absurdo. Es la falacia sobre la que en buena medida se sustentó el discurso de Trump, un tipo que era incapaz de ponerse la mascarilla porque pensaba que llevarla le haría parecer menos hombre. 

"Las corporaciones estuvieron ahí desde el momento mismo en el que el hombre blanco pisó el territorio que posteriormente se llamaría América"

-De hecho, en cierto modo, es una película muy política, que dirige una mirada crítica a los albores del capitalismo.

-Bueno, yo siempre había pensado que en el algún momento de la historia de mi país, las grandes corporaciones irrumpieron y lo corrompieron todo. Pero lo cierto es que las corporaciones estuvieron ahí prácticamente desde el momento mismo en el que el hombre blanco pisó el territorio que posteriormente se llamaría América. Y sin duda a principios del siglo XIX, cuando transcurre la película, ya se habían institucionalizado la diferencia de clases y la explotación descontrolada de los recursos naturales. Puede decirse que Estado Unidos fue un país condenado desde su nacimiento mismo.  

-Buena parte de sus películas se centran en el papel que el dinero desempeña en la vidas de aquellos que carecen de él.

-Bueno, me parece infinitamente más interesante que explorar las vidas de los ricos y los poderosos. En realidad, si tuviera que encontrar un tema compartido por la mayoría de mis películas, yo diría que es la falacia del sueño americano. Mi país se enorgullece de de ser un lugar cuyas puertas están abiertas para todo el mundo, y en el que todo lo que necesitas para triunfar son ideas y la ambición suficiente para materializarlas. Llegado el momento, la mayoría de nosotros comprobamos que es falso. 

-A usted, en concreto, le resultó especialmente difícil abrirse camino como cineasta. ¿Cómo recuerda aquella época?

-Me resultó descorazonador comprobar qué poco interés tenía la comunidad del cine independiente en hacernos un sitio a mí, a otras mujeres cineastas y a los directores gais. Mi primer largometraje, 'River of Grass' (1994), compitió en Sundance y tuvo cierto éxito pero, a pesar de ello, pasé una década peleando por la oportunidad de rodar el segundo, 'Old Joy'. Me cansé de asistir a reuniones en las que se me decían cosas como: "Lo siento, pero nosotros no hacemos películas de mujeres". Comprendí que había ciertas puertas que nunca estarían abiertas para mí. Y luego me di cuenta de que, en realidad, me parecía bien así.

"Me cansé de asistir a reuniones en las que me decían cosas como: ‘Lo siento, pero nosotros no hacemos películas de mujeres’. Luego me di cuenta de que, en realidad, me parecía bien así"

-¿A qué se refiere?

-En cuanto me acostumbré a trabajar fuera del sistema, decidí que no me interesaba entrar en él. Me gusta contar historias pequeñas, y tomarme mi tiempo para hacerlo, y encargarme yo misma de editar mis películas. Lo cierto es que Hollywood es un mundo que nunca me ha resultado atractivo; es demasiado complicado. Dedicarse al cine es muy duro, y no me imagino a mí misma siendo capaz de pasar dos años de mi vida entregada en cuerpo y alma a hacer una película a menos que disponga de libertad absoluta para ello. 

-'First Cow' se estrenó en Estados Unidos a principios de marzo de 2020, tras viajar triunfalmente en festivales y cosechar críticas magníficas. Y entonces llegó la pandemia. ¿Cómo le afectó?

-Lo cierto es que el rodaje de 'First Cow' fue insólitamente sencillo, y que todo parecía indicar que su paso por los cines sería un éxito. Pero los cines cerraron solo una semana después de su estreno. Yo la hice para que fuera vista en pantalla grande, y por eso es una lástima que la mayoría de sus espectadores la hayan visto -o la vayan a ver- en ‘streaming’. Pero no me gusta lamentarme por estas cosas porque, comparadas con el sufrimiento de tantas y tantas personas durante este último año, no tienen ninguna importancia.  

-La película ha ganado varios premios y, durante un tiempo, se habló de ella como aspirante a figurar entre las nominaciones a los Oscar. ¿En algún momento pensó en ello?

-Cuando se me pregunta por los Oscar me siento como si se me preguntara por la Superbowl. No tengo nada que decir sobre ellos porque no me interesan en absoluto. Me parece indecente la cantidad de dinero que se gasta en ellos, y al final lo que importa de ellos no es la calidad de las películas sino qué diseñador viste a quién. Dicho esto, felicidades a los ganadores.

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-En todo caso, ¿cree que la alta presencia de mujeres y minorías raciales en las más recientes galas de premios significa que Hollywood está haciendo progresos?

-Soy demasiado vieja, y he pasado demasiados años esperando en vano a que ese progreso sucediera, así que me resulta inevitable ser algo cínica al respecto. Algo me dice que han aprovechado el año del coronavirus, en el que el cine no le importa a casi nadie, para hacer un simple gesto de cara a la galería. Espero equivocarme.

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