Del incendio español a la calma noruega: chequeo a la realeza europea

La crisis de Buckingham echa nuevo combustible al debate sobre el encaje de la monarquía en el siglo XXI. Chequeamos las distintas coronas europeas.

Del incendio español a la calma noruega: chequeo a la realeza europea
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La crisis en la corona británica, seguramente la más influyente del mundo, echa nuevo combustible al inflamable debate sobre el encaje de la institución en el siglo XXI. ¿Su factor diferencial son meros privilegios? ¿O acaso la tradición se erige en un elemento de estabilidad? A continuación, hacemos un chequeo al estado de las distintas monarquías europeas.

España: diligencias y cortafuegos

La Fiscalía del Tribunal Supremo mantiene abiertas tres diligencias sobre el rey emérito, que se encuentra en los Emiratos Árabes desde el pasado agosto: investiga el supuesto cobro de comisiones en la construcción del AVE a la Meca, inaugurado en 2018; la tenencia de sociedades en paraísos fiscales, y el uso –ampliado a Sofía y a otros miembros de la familia– de tarjetas de crédito opacas asociadas a cuentas donde ni ninguno aparece como titular.

El barómetro del CIS no pregunta sobre la monarquía desde abril de 2015

El mes pasado, el rey emérito pactó con Hacienda una segunda regularización de dinero (en total, el pago extraordinario supera ya los cinco millones de euros). Al tiempo, la Zarzuela y el Gobierno diseñan un paquete de medidas-cortafuego (sobre la mesa está la publicación del patrimonio, la renuncia del Monarca a la inviolabilidad y la retirada del título del rey, que se suman a la renuncia de la herencia por parte del Rey) del que no se sabe ni cuándo se pondrá en marcha ni si realmente servirá para garantizar la continuidad de la institución. Cabe decir que el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) no pregunta sobre la monarquía desde abril de 2015. Desde el 2011, la nota nunca había llegado al aprobado.

Bélgica: unidad y perdón por la barbarie colonial

La aparición de una hija ilegítima del rey Alberto y un desvío de 175.000 euros de la Marina por parte del príncipe Laurent para decorar su casa (monto que acabó devolviendo) han sido algunos de los corrimientos de tierra de una Corona que aún mantiene su imagen de discreción y unidad ante flamencos y valones y que el pasado junio pidió perdón por la barbarie colonial del rey Leopoldo. "Un rey no puede ocultarse, ha de enfrentarse a lo que a él le toca vivir y a lo que su dinastía hizo antes que él", dijo el rey Felipe. 

Los reyes Matilde y Felipe de Bélgica, con la princesa Isabel, seguidos por los reyes Paola y Alberto, en el funeral del Gran Duque de Luxemburgo, en 2019.

/ John Thys (AFP)

Holanda: caída de popularidad

De abril a diciembre, la Corona holandesa ha sufrido un apagón de popularidad. Si en primavera tenían una aprobación del 76%, al acabar el año este índice se despeñó hasta un 47%. Entre una marca y la otra, dos 'incidentes covid'. En agosto, Guillermo y Máxima se fotografiaron sin distancia social ni mascarilla con un chef en Grecia. Y en octubre, los sorprendieron de vacaciones en su casa del Peloponeso cuando el Gobierno había decretado una cuarentena parcial y había pedido no viajar al extranjero. Los reyes tuvieron que volver y pedir disculpas.

Los reyes de Holanda, Guillermo y Máxima.

/ Toussaint Kluiters / EFE

Dinamarca: el tirón de Margarita

Tras los tira y afloja conyugales entre la reina Margarita y su marido, y la afición del príncipe Joaquín por las juergas y la velocidad, el año pasado trascendió que el príncipe heredero Federico había adquirido en el 2010 un chalet de lujo en las pistas de esquí suizas, sin que el Parlamento tuviera conocimiento, y que lo alquilaba por 12.000 euros semanales. La celebración, en abril, de los 80 años de la reina Margarita, supuso una especie de reparación de daños. 

Fotografía nupcial de Mary Donaldson y el príncipe Federico, junto a la reina Margarita.

/ Julian Andrews (AFP)

Suecia: escándalos ‘vintage’

En la última década, la Corona sueca ha alternado las informaciones sobre las antiguas orgías del rey Carlos Gustavo de Suecia –con pagos de los servicios secretos para acallar a testigos y participantes– con las gestos de sobriedad de la institución, que ha descabalgado a varios miembros de la familia de los presupuestos reales. 

Los reyes Carlos Gustavo y Silvia de Suecia, junto a la princesa Victoria y su marido, Daniel.

/ Caroline Blumberg (EFE)

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Noruega: cuentas claras (y algún sainete) 

La familia real lloró en diciembre de 2019 el suicidio de Ari Behn, exmarido de la princesa Marta Luisa, y cada dos por tres desayuna con sainetes de su actual pareja, el chamán Durek Verret. Por lo demás, todo en orden: los reyes gozan de popularidad y las cuentas son claras: se fiscalizan de forma interna y externa, y tanto el presupuesto como sus negocios personales se someten al escrutinio público.