Entrevista

Marco Mezquida: "Ahora toco como si no hubiera un mañana"

El pianista Marco Mezquida, junto al piano, tras el ensayo en el Auditori.

El pianista Marco Mezquida, junto al piano, tras el ensayo en el Auditori. / JORDI COTRINA

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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Entusiasta por naturaleza y convencido de que, si dejas de pedalear, te caes de la bicicleta, Marco Mezquida (Maó, 1987) maneja sus múltiples proyectos adaptándose a los giros bruscos de la agenda. Pero el camino está trazado para que el 21 de enero protagonice en la sala Barts el espectáculo 'All about Marco', dentro del Voll-Damm Festival de Jazz de Barcelona, que consiste en tres conciertos en uno: presentaciones de su nuevo álbum, 'Talismán', y del proyecto Beethoven Collage, y entente con la guitarra flamenca de Juan Gómez 'Chicuelo' (con quien obtuvo el premio Ciutat de Barcelona 2019). Más adelante, el 7 de mayo en el Liceu, acompañará a Sílvia Pérez Cruz en el Liceu, como integrante de la Farsa Circus Band.

-Si ser músico siempre ha comportado una disposición a improvisar, ahora mucho más. 

-Pero en este oficio, en los momentos de crisis, se ve quién esta por sumar y sacar adelante las cosas, y quien no. Ahora podemos decidir de un día para otro que nos vamos a Praga a hacer un concierto en streaming. ¡Tres días antes, el programador no sabía si podría hacer! Pero seguimos trabajando intensamente, porque, aunque ahora todo esté en stand by, venimos sembrando desde hace mucho tiempo.

-No es casual que hable de sembrar, ¿verdad?

-No, porque en casa, en Sant Lluís, Menorca, teníamos un huerto en el que cultivábamos patatas, habas, acelgas, berenjenas, melones, sandías… Sé lo que es sembrar, regar, recoger. Hacer un cedé es eso. Se trata de entender tu oficio y dedicarle una constancia diaria. En el huerto no puedes dedicarte hoy mucho y no hacer nada más hasta la semana que viene, y con la música es igual. Y cuando más cariño le pones, más ricos salen los frutos.

-Pese a los cierres y restricciones, es uno de los músicos que más ha trabajado en los últimos meses.

-Desde el verano, habrán sido 10 o 12 conciertos al mes, ya sea con Sílvia (Pérez Cruz), aprovechando el tirón de Live in Tokyo, como con Chicuelo o Talismán. Hemos podido ocupar puestos en el cartel de festivales importantes que otros años estaban más copados por nombres internacionales. Pero hay que ocuparse también de los clubs y festivales pequeños, muchos de los cuales ahora no se pueden desarrollar. Hay muchos músicos que desde marzo del 2020 no han podido hacer ningún concierto. 

"En el huerto no puedes dedicarte hoy mucho y no hacer nada más hasta la semana que viene, y con la música es igual"

-También le hemos visto con Alfonso de Vilallonga, acercándose a la chanson y al cabaret. Pese a las distancias estilísticas, ¿su manera de estar en cada situación no varía tanto?

-Acompañar a Sílvia es un mundo, y acompañar a Alfonso es otro mundo. Siempre trato de pensar qué puedo crear y ofrecer a cada artista. Con Alfonso es un reto maravilloso, porque es un gran compositor, sabe lo que quiere y es un showman. Con Sílvia es otro tipo de vértigo. Son retos distintos. 

-Su estreno con Pérez Cruz fue en Peralada, en 2018. Tras dos años y pico de rodaje, ¿en qué punto diría que está su relación en el escenario?

-Hay una implicación, una entrega y una generosidad que van a más. Nos hemos hecho muy amigos, y el binomio es muy estimulante. Ya somos como una banda. Y lo mismo con Chicuelo, y con el trío de Talismán, Aleix Tobias y Martín Meléndez.

-¿No dudó si aplazar el lanzamiento de 'Talismán'?

-Sí, pero con mi mánager decidimos que lo importante era que mi presencia y mi intensidad no fueran a menos. Desde 2013 potenció mi parte de líder. He grabado 20 discos con proyectos distintos y esa presencia continua ha hecho que haya un nombre, una marca. Era el momento de continuar. 

-Se le suele presentar como músico de jazz, pero 'Talismán' no se ajusta a ninguna categoría canónica. La sonoridad es abierta y promiscua. 

-Yo lucho por eso. Hay críticos que te etiquetan en el jazz, aunque estés tocando un pasodoble. Y yo soy libre: puedo hacer un pasodoble, y un reguetón, y death metal, y reggae… ¿Qué entendemos por jazz? Yo nunca he hecho jazz tradicional. Con Sílvia no tratamos de hacer covers como los que ya hizo Ella Fitzgerald. Cuando compongo, igual. Deseo plasmar mi libertad, tanto si suena a zamba argentina o a una composición más ibérica.

-El jazz, ¿es para usted esa educación que le permite ir más allá del jazz?

-Exacto, el jazz es un universo, y luego está la estética y el vestido que le pongas. Beethoven Collage, con David Xirgu, Masa Kamaguchi y Pablo Selnik, busca el free jazz mezclado con la música clásica y urbana, incluso el reguetón y el funk. Si tuviéramos una de esas analíticas de sangre, igual saldría un 10% de música clásica, un 22% de música turca, un 3% de libre improvisación… Habría muchas cosas. Yo no quiero ser un músico de jazz, sino un músico libre del siglo XXI. Hoy el jazz no tiene nada que ver con lo que era hace 30, 50 o 100 años. Al final, lo que me interesa no son las etiquetas sino los autores: Gesualdo, Stravinsky, Mozart, George Crumb… Islas máximas, pilares de la historia de la música. Con el jazz es lo mismo. ¿Hard bob? ¿Free jazz? No: Ornette Coleman, Duke Ellington, Miles Davis, Keith Jarrett, Bill Evans… 

"No quiero ser un músico de jazz, sino un músico libre del siglo XXI" 

-¿Diría que esa idea es compartida por los músicos de su generación?

-Espero no ser una rara avis. He hecho un esfuerzo para que no me encasillen como músico de jazz. Siento lo que quiero hacer de una manera natural.

-'Talismán' comenzó a elaborarse antes de la pandemia. ¿Cambió luego en algún sentido para tener en cuenta el estado anímico en la nueva realidad?

-Reflexioné mucho y fue una necesidad que se convirtiera en un disco luminoso; un canto a la vida. La primera parte es extrovertida, popular, va in crescendo, y luego avanza hacia una música más introspectiva. 

-En el disco hay acentos de música popular, de flamenco… Antes ha hablado de música ibérica. ¿Qué es?

-Es muchas cosas, y por eso dedico una pieza, 'Vientos eliseos', a Eliseo Parra, que ha estudiado las músicas ibéricas y lo ha hecho con la máxima modernidad. Aleix Tobias es un emblema de eso: ha estudiado los panderos cuadrados, las panderetas y la ristra de instrumentos que aparecen en el álbum.

"Cuando hay dificultades, el arte te impacta mucho más"

-Con la pandemia, la música ha tenido un papel en el recogimiento domiciliario, y ha acompañado episodios de liberación: los conciertos como espacios gratificantes, de encuentro social en medio del caos. ¿Ha cambiado nuestra relación con la música? 

-La gente ha necesitado escuchar mucha música, y eso es porque nos cura. Es medicina para el alma. La relación con la música se ha fortalecido, y se ha visto en el enorme apoyo del público a los conciertos que se han podido programar. Esto es muy importante. Podría haber sido a revés, que la gente se quedara en casa con su Spotify. Por eso no me arrepiento de haber seguido adelante con mis proyectos en este año tan chusco. 

-Ahora, cada concierto es un acontecimiento excepcional.

-Experimentamos algo profundo cada vez. Como dijo Alfonso (de Vilallonga): "¡Bienvenidos al último concierto de vuestras vidas!". Es mi actitud: toco como si no hubiera un mañana. Por si acaso. Y eso hace que las cosas sean más vitales y potentes, y que se cree un momento sagrado, de carpe diem, más profundo, como una experiencia que se recuerde.  

-¿Dijo sagrado?

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-Bueno, digamos mejor espiritual. Ves las caras del público más emocionadas que antes, y sabes que han hecho un esfuerzo por venir. Cuando hay dificultades, el arte aún te impacta mucho más.

Apuntes biográficos

Hijo de maestros de escuela, se licenció en música en el 2009 en la barcelonesa ESMUC, donde tuvo como profesores a Agustí Fernández, Luís Vidal, Albert Bover y Luca Chiantore.

 

Ha grabado más de 60 discos, un tercio de ellos como líder o colíder, y los otros como colaborador. Ha compaginado recitales de piano solo con bandas y proyectos con creadores como Giulia Valle, Guillermo McGill, Marc Miralta, Jorge Rossy, Juliane Heinemann, Sílvia Pérez Cruz, Chicuelo o Alfonso de Vilallonga.

 

Su visión abierta de la música cubre desde el registro popular al contemporáneo y del jazz al pop y el flamenco. Antes de la pandemia, ofrecía unos 180 conciertos al año.