CASO REAL

Banaz Mahmod: asesinada por honor

El desgraciado destino de la joven, ejecutada en 2006 por su familia tras escapar de un matrimonio arreglado, se convierte en una miniserie

La joven Banaz Mahmod.

La joven Banaz Mahmod.

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Hace ahora 15 años, cuando ella tenía solo 20, Banaz Mahmod descubrió que existía un complot para asesinarla, y que lo había orquestado su padre y su tío. Acudió a la policía hasta en cinco ocasiones, pero fue en vano; solo unas semanas después, por culpa de un beso inocente que se había dado a la salida de una estación del metro londinense con el hombre al que amaba, estaba muerta. Su terrible historia vuelve a ver la luz gracias a 'Honour', miniserie de dos episodios que pasado mañana, 5 de enero, llega a Filmin, y que recrea el complejo proceso policial y legal que llevó a la cárcel a sus asesinos.

Banaz pertenecía a la comunidad kurdo-iraquí de la capital inglesa, considerada excepcionalmente hermética y aislada. Había llegado a la ciudad 10 años antes con sus padres, sus cuatro hermanas y su hermano y muchos otros parientes. Su familia la empujó a un matrimonio arreglado con un hombre 10 años mayor que era analfabeto y no hablaba inglés, y que la pegaba y violaba con asiduidad. Dos años después, ella huyó de aquel infierno e inició una relación con su amigo Rahmat Sulemani, que permaneció secreta hasta que aquel fatídico beso fue visto por la persona equivocada. 

Complot

El 2 de diciembre de 2005, el padre y el tío de Banaz organizaron una reunión familiar en la que se acordó que tanto ella como su amante debían morir; al romper la unión que había sido pactada para ella y lanzarse en brazos de un hombre ajeno a la comunidad, decidieron, había sumido al clan en la vergüenza y la deshonra. De forma accidental, Banaz descubrió aquel espantoso plan y lo puso en conocimiento de la policía por primera vez, en vano. Días después volvió a hacerlo por carta. No tuvo respuesta. 

Cinco parientes, entre ellos su padre y su tío, fueron juzgados y condenados 

Aquella Nochevieja, su padre la llevó a casa de su abuela, y allí la obligó a ingerir grandes dosis de brandy mientras le ordenaba una y otra vez que no lo mirara. Consciente del peligro que corría, Banaz escapó rompiendo una ventana y acabó en el hospital llena de heridas; allí informó a los agentes de lo sucedido. Pocos días más tarde, tras citarla en un restaurante de comida rápida, su padre y su madre le pidieron disculpas y le prometieron que, si volvía a casa con ellos, nada la sucedería. Mintieron.  

Tortura y violación

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A finales de enero, Banaz desapareció. Finalmente interesada en el caso, la policía se topó con un silencio absoluto por parte de la familia. Sin embargo, todo cambió tras el arresto de un miembro del clan, Mohamad Hama, acusado de haber amenazado de muerte a Rahmat, el novio de la joven. Mientras permanecía en la cárcel en espera de presentarse ante el juez, Hama mantuvo varias conversaciones telefónicas en las que relataba orgulloso cómo él y otros dos primos de Banaz la habían torturado y violado; cómo le habían atado un cordón alrededor del cuello con tanta fuerza que le mordía la carne; cómo la habían hecho vomitar de miedo durante la media hora que tardó en morir. Por supuesto, esas llamadas fueron grabadas, y permitieron a los investigadores implicar a más de 50 personas en el crimen en diferentes grados. Cinco parientes de la joven, entre ellos su padre y su tío, fueron juzgados y condenados. Sus sentencias sumaron más de 100 años de prisión.

De haber respondido inmediatamente a las denuncias, las autoridades no habrían evitado una muerte, sino dos –tras pasar años bajo una identidad secreta y necesitado de protección, Rahmat se suicidó en 2016–. ¿Qué les previno de hacerlo? Como se apunta en Honour, casos como el de Banaz resultan enormemente conflictivos para las policías de Occidente tanto a nivel ético como en términos de imagen pública: por un lado está la necesidad de ofrecer apoyo y protección a las mujeres que son víctimas de cualquier forma de violencia de género; por otro, el miedo a poner en cuestión el funcionamiento de las comunidades musulmanas y ser objeto de acusaciones de xenofobia e islamofobia. En otros lugares del mundo, los crímenes por honor siguen siendo socialmente aceptados. Según Naciones Unidas, alrededor de 5.000 se cometen cada año.