ENTREVISTA A VERÓNICA FIGUEROA

"Si eres mujer e indígena, las brechas son tremendas"

"Si eres mujer e indígena, las brechas son tremendas"

ALEXIS MARCHANT

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Durante siglos, a los pueblos indígenas se les ha dicho cómo tenían que vivir, pero ahora son ellos los que marcan la pauta para la superación de la crisis democrática y medioambiental del mundo. En el día en que Chile celebra un histórico referéndum para cambiar la Constitución heredada de la dictadura de PinochetVerónica Figueroa Huencho destaca la contribución indígena al cambio. La reputada académica mapuche estudió el doctorado en Barcelona y trabajó en el Fòrum Universal de les Cultures. Su relación con la capital catalana fue un flechazo. Como prueba de su historia de amor con la ciudad queda el nombre de su hija: Montserrat.

Se asocia lo indígena a lo rural, pero su familia lleva varias generaciones viviendo en la capital.

Originalmente vivíamos en el sur, en Curacautín, en la región de la Araucanía [el territorio ancestral de los mapuches]. Mi bisabuela emigró para trabajar como empleada doméstica. Actualmente, más del 70% de indígenas vivimos en zonas urbanas.

Fue una migración masiva.

No fue una decisión voluntaria, sino forzada por las políticas de despojo territorial. El Estado de Chile nació en 1810 y no respetó los espacios de soberanía ancestral que denominamos Wallmapu y que se extienden por el sur de Chile y Argentina. A través de la fuerza militar y de las políticas de colonización, de los 5 millones de hectáreas de tierras mapuches solo quedan 500.000 y muchas están en manos de empresas y latifundistas.

¿Había activistas en su familia?

No. Mi bisabuelo vivió en una época en la que lo indígena era sinónimo de salvaje, bruto y analfabeto, y mi abuelo no nos transmitió la identidad mapuche. En el Chile de 1980-90 se produjo la mayor cantidad de solicitudes de cambio de apellidos mapuches.

¿Por qué?

Nuestros apellidos -en mi caso, mi segundo apellido es Huencho- eran motivo de burla y desprecio y muchas personas buscaron esta lógica de asimilación para huir de la presión del sistema.

¿Y cuándo se despierta en usted la identidad indígena?

En la universidad me quité la venda y pude mirarme a mí misma como mujer mapuche, con mi historia y mi identidad. Fue como descubrir una nueva forma de mirar la realidad.

"En la universidad me quité la venda y pude mirarme como mujer mapuche, con mi historia y mi identidad"

Tiene un posdoctorado por Stanford y ha sido profesora visitante en Harvard. ¿Su abuelo pudo ver hasta dónde llegaría su nieta?

No, pero esa pregunta es superimportante porque para nosotros la figura de los ancestros es vital, siguen presentes entre nosotros. Miro hacia atrás y pienso sobre todo en las mujeres mapuches que vivieron situaciones de violencia, discriminación e invisibilización. Cuando haces la intersección entre mujer e indígena, las brechas son tremendas. Ir ocupando esos espacios de conocimiento y poder que siempre nos fueron vetados es como ir sanando hacia atrás.

El acceso a la universidad ha sido clave.

Es un espacio donde el reforzamiento identitario indígena tiene mucha potencia. Yo estudié con una beca para pueblos indígenas, pero siempre bajo la lógica de la discriminación positiva y aún con historiadores que negaban nuestra existencia y vigencia como pueblo. Allí nos encontramos jóvenes mapuches, pero también aymaras, diaguitas, rapanuis.. y en poco tiempo asumimos nuestra identidad, nuestra vestimenta, nuestra lengua…

¿Usted hablaba la lengua mapuche?

No. La lengua es uno de los dispositivos más potentes que ha tenido el Estado. En los colegios se castigaba a nuestros abuelos por hablar el mapudungun o por hablar mal el castellano y se les forzaba a asumir los valores y emblemas patrios de la nación chilena. Los dispositivos educativos eran muy potentes y por eso el caso del catalán es interesante para nosotros.

¿En qué momento estallan los movimientos indígenas contemporáneos?

Hay un hito que marca un antes y un después, que es cuando los estados latinoamericanos quieren conmemorar los 500 años de la conquista, en 1992. Entonces emergen los zapatistas y los movimientos en Ecuador, Bolivia y Chile contra la violencia colonial, que persiste con la fundación de los estados. Es entonces cuando estos movimientos empiezan a autoidentificarse como sujetos políticos de derechos que exigen a los estados no solo una reparación sino una transformación, romper con el concepto hegemónico de Estado-nación.

¿Existe un pensamiento indígena o son diversos?

Los movimientos indígenas compartimos los ideales de un estado plurinacional, de la autodeterminación de los pueblos y de avanzar hacia la interculturalidad como proyecto político, frente a la lógica homogeneizante de los estados que intentan diseñar una ciudadanía neutral. Lo que cambian son las estrategias, incluso hay quienes recurren a la violencia por la desconfianza ante un Estado cuyo proyecto ha sido nefasto para nosotros.

Afirma que "la interculturalidad no es más que una aspiración si no cuestiona las estructuras de poder".

Claro. ¿De qué sirve aplicar programas de educación intercultural bilingüe que consisten en hacer una hora de clase a la semana si no se cambia la forma cómo se ejerce el poder político y económico? Desde esa lógica, seguimos siendo subalternos. Habrá conflicto hasta que todas las naciones dialoguen en igualdad de condiciones y compartan el poder.

"Habrá conflicto hasta que todas las naciones dialoguen en igualdad de condiciones y compartan el poder"

¿Qué puede aportar esta filosofía a la actual crisis global?

Las narrativas respecto de la democracia y de conceptos como gobierno, nación o Estado han sido construidos desde un pensamiento occidental racionalista y cartesiano, que coloca al ser humano en el centro, como eje de toda la interrelación con los demás seres que habitan este mundo. Esos seres muchas veces son materiales, pero también los hay inmateriales, como los ancestros o las energías de los territorios. Nosotros proponemos formas de gobierno y modelos económicos ajustados a los ciclos de la Tierra y respetuosos con las energías de los bosques, los volcanes, el mar...

De hecho, se les asocia sobre todo con luchas medioambientales.

Nosotros no defendemos el medioambiente, sino los derechos de la madre Tierra. Es un pensamiento mucho más integral que lleva a ejercer la ciudadanía de un modo diferente. 

Hablan del "buen vivir" como derecho constitucional.

El buen vivir, los derechos de la madre tierra o la soberanía alimentaria son conceptos constitucionales que la sociedad debería incorporar a sus proyectos de convivencia. Pero muchas veces estas propuestas no son comprendidas desde el mundo 'winka' [occidental o forastero, en mapudungun] porque choca con los intereses de los capitales nacionales y extranjeros.

Chile, además, fue el laboratorio neoliberal de los Chicago Boys desde los años 70.

Lo más dramático es que el modelo de los Chicago Boys no ha cambiado un ápice. En Chile el mercado lo define prácticamente todo: el agua, las riquezas del subsuelo... todo tiene un dueño. De ahí que el año pasado un aumento mínimo de la tarifa del metro hiciera estallar una revolución y ahora estemos celebrando un plebiscito. Decían que éramos los jaguares de América Latina, un oasis en la región, pero la gente salió a la calle a rebelarse contra el Estado y el mercado.

Jóvenes no indígenas enarbolan la bandera mapuche como símbolo.

Frente a los emblemas de la nación chilena que representan más bien un modelo de opresión, por primera vez emergen en el espacio público símbolos indígenas que representan la rebeldía y la resistencia contra ese modelo. En la calle, la juventud escribía la palabra 'weichafe', que significa guerrero en mapudungun. Las naciones indígenas apoyamos este movimiento de la nación chilena, que busca transformaciones que son coincidentes con las nuestras.

Usted es la mujer que ha alcanzado el cargo más alto en el aparato legislativo de la Universidad de Chile y además es indígena. Ya forma parte de los espacios de poder.

Y he utilizado toda esa repercusión para poner lo indígena en el centro del debate, tanto en la comunidad universitaria –por eso tenemos la primera política de pueblos indígenas-- como en el marco del proceso constituyente. Hemos sido educados en las instituciones 'winkas' y hoy en día los indígenas estamos presentes en los espacios de decisión y vamos a seguir disputándolos. Ya no hay vuelta atrás.

"Chile, que es una sociedad mestiza, se ve a sí misma muy europea, como si no existiera el 13% de población indígena"

¿Qué relación hay con el Black Live Matters?

Tiene que ver con esas subalternidades y violencias, en este caso raciales. El caso de George Floyd hizo visible una violencia institucional que siempre ha existido. Pero es paradójico que la sociedad chilena empatice tanto con el Black Live Matters y en cambio no reaccione ante el racismo institucional que asesina a niños y niñas mapuches.

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¿En qué sentido una nueva constitución chilena podría ser un referente?

Las constituciones de Bolivia y Ecuador ya fueron pioneras en incorporar las cosmovisiones propias de los pueblos indígenas y se declaran estados plurinacionales. Pero Chile, que es una sociedad mestiza, se ve a sí misma como muy europea, como si no existiera un 13% de población indígena. Hay movimientos que llaman a restarse de este proyecto, pero el hecho de que una constitución redactada por la ciudadanía pueda situar lo indígena en el centro después de haber sido invisibilizados, vilipendiados, y borrados de la historia es una oportunidad histórica.

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