29 oct 2020

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EEUU ante la amenaza de un conflicto civil

EEUU ante la amenaza de un conflicto civil

Idoya Noain | 17 octubre 2020

Donald Trump, en su enfrentamiento con Joe Biden, deja claro día sí y otro también que, de ganar el demócrata y caer él, no le dolerán prendas en arrastrar consigo a todo el país

Hay quien advierte contra el alarmismo. Hay quien tiene esperanza en que el sistema de Estados Unidos, con su equilibrio de poderes y sus instituciones y su democracia, aguante la embestida. Muchos, no obstante, hacen sonar contundentes alertas. Hay miedo. Y con razón.

Quien se asoma a una derrota electoral el 3 de noviembre en las elecciones presidenciales es Donald Trump. Hizo su primera campaña sobre el discurso de la división y en el cargo ha convertido esa retórica en política, ha demostrado su desdén por las normas y ha ido derivando hacia la autocracia. Ahora, con cada día que pasa en su duelo con el demócrata Joe Biden, deja más claro que para no caer, o si cae, está dispuesto a lanzar o arrastrar con él por un profundo precipicio a todo el país.

Protesta en Washington por la muerte de George Floyd, víctima de la violencia policial / SHAWN THEW (EFE)

Puede sonar exagerado pero no lo es. Trump se ha negado repetidamente a confirmar que aceptaría una transición pacífica en caso de derrota y no faltan especialistas en derecho electoral que ven posible, incluso probable, un "Chernóbil electoral". La Constitución y las leyes presuponen ese traspaso pacífico pero no lo garantizan, como explica por teléfono Lawrence Douglas, profesor de Derecho, Jurisprudencia y Pensamiento Político en Amherst College y autor del libro 'Will he go'? ('¿Se marchará?').

"El potencial de choques violentos es muy real", alerta el politólogo Lawrence Douglas

La crisis puede crear más que una debacle constitucional sin precedentes. "El potencial de choques violentos es muy real", advierte Douglas. Y es un análisis repetido, también por el Proyecto de Integridad en la Transición, un grupo de 100 expertos que ha hecho simulaciones y ejercicios de lo que puede ocurrir y ha concluido que "el potencial de conflicto violento es alto, especialmente dado que Trump anima a quienes le apoyan a tomar las armas".

La tormenta perfecta

La nube más oscura de esta tormenta perfecta se ha ido formando ante los ojos de cualquiera. Trump ha agitado durante años el fantasma de fraude electoral, aunque no llegue prácticamente ni a anecdótico, según demuestran numerosos estudios y admite el director del FBI, Christopher Wray, que recientemente testificó ante el Senado que la agencia no ha detectado ningún esfuerzo coordinado nacional para cometerlo. Hasta un laboratorio de ideas conservador como Heritage Foundation solo ha podido colocar 1.298 casos en una base de datos de fraude electoral desde 1982.

Protesta de los Proud Boys en Oregón. / ANDREW SELSKY (AP)

Trump también ha atacado, ahora ya a diario y con feroz intensidad, el voto por correo, cuyo uso en mitad de la pandemia del coronavirus se ha disparado. Más de 25 de los 50 estados han hecho su acceso universal y, según un análisis de 'The Washington Post', será una opción para 198 millones de votantes, o el 84% del total. Suelen usarlo más los demócratas (se calcula que este año votarán así el 60% de quienes vayan a optar por Biden, frente al 20-25% de quienes apuesten por Trump) y, por eso mismo, son los que arriesgan a perder más votos anulados por problemas técnicos, y los hay, como recuerda el hecho de que solo en primarias fueran descartados por ello más de medio millón de papeletas. Trump, aun así, no deja de decir sin pruebas que será la herramienta para unas elecciones "amañadas" o "robadas". 

"Cuando se den los resultados definitivos, serán interpretados como fraudulentos", señala un asesor legal republicano

Centenares de batallas legales ya abiertas en los tribunales siguen el manual largamente aplicado por los republicanos de intentar restringir o suprimir el voto, especialmente de minorías. Centenares más de demandas pueden esperarse a partir del día 3 y conforme avance el recuento. Y se va a alargar. Uno de los estados que serán determinantes, Pensilvania, da margen de tres días después de las elecciones para recibir votos. En Wisconsin, otro de los territorios bisagra clave, son seis. Y el impasse que se augura es explosivo.

Cara a cara de los candidatos a la presidencia, en el primer debate electoral.  / OLIVIER DOULIERY (REUTERS)

Es todo parte de lo que el profesor Douglas ve como un "inquietante guion que ha preparado Trump". Y salvo que se produzca una victoria aplastante e incontestable de Biden, en cómo se desarrollarán los primeros episodios hay bastante consenso. El día 3, favorecido por el voto presencial, Trump puede aparecer con ventaja, pero bien podría ser lo que un analista ha definido como "espejismo rojo".

Trump monta otro show en su primer mitin post-covid. / ZML

Conforme se vayan contando las papeletas por correo, si se repiten las tendencias que han ido cambiando determinantemente en los últimos 20 años, según el análisis de los profesores Edward Foley de la Universidad Ohio State y Charles Stewart del MIT, se producirá "el giro azul" con una lluvia de votos para el candidato demócrata.

Y ahí sucederá lo que no ocultan como plan los republicanos, al menos según confesaba un asesor legal de la campaña de Trump a la revista 'The Atlantic': "Habrá un recuento en la noche electoral, irá cambiando con el tiempo y cuando se den los resultados definitivos, serán interpretados como inexactos, fraudulentos...", escoge la palabra.

Acción en memoria de las víctimas mortales del covid-19, en Miami. / CRISTÓBAL HERRERA-ULASHKEVICH (EFE)

Las amenazas

Trump ha conseguido convertir la amenaza infundada de fraude en la amenaza en sí misma. Con el potente altavoz de la Casa Blanca y de los medios conservadores, con la cámara de oscuro y amplio eco de las redes sociales, habla a unos EEUU con problemas endémicos relacionados con la raza, que este año han vuelto a la superficie en las protestas por la injusticia racial y la brutalidad policial y tensiones que no se habían visto desde la era de Jim Crow.

Habla a una sociedad extremadamente polarizada donde la pandemia, que ya ha dejado casi 220.000 muertos y más de 7,8 millones de contagiados, incluyendo el propio presidente, se ha vuelto otro elemento de enconada división política.

La pandemia, que ha dejado casi 220.000 muertos, se ha vuelto otro elemento de enconada división

Trump habla, asimismo, a un país con más armas de fuego en manos de ciudadanos que habitantes, donde los análisis de historiales del FBI -un indicador de la venta de armas- se han doblado este verano. Y son un EEUU donde, según las conclusiones del análisis que cinco expertos han publicado en 'Político', crece el número tanto de republicanos como de demócratas que creen justificado el uso de la violencia para hacer avanzar sus metas o si gana el candidato del otro partido.

Donald Trump, reflejado en las gafas de sol de un empleado de la Casa Blanca, antes de subir al Air Force One. / TOM BRENNER (REUTERS)

En un año en que tensiones y choques entre los grupos más radicales ya han estallado en las calles, a veces con resultados letales, el republicano se dirige mucho más abiertamente que con el llamado "silbato de perro" a los grupos que su propia Administración reconoce como principal reto de terrorismo nacional: la extrema derecha, los supremacistas blancos y las milicias armadas. "Dad un paso atrás y quedad a la espera", dijo Trump en el debate con Biden a uno de esos grupos, los Proud Boys, que días después apareció vinculado a una trama desarticulada en la que al menos 13 imputados intentaban derrocar al gobierno demócrata de Michigan y secuestrar a la gobernadora y "juzgarla".

Un 'ejército' en las urnas

Estas elecciones presidenciales son los primeros comicios desde 1982 en los que el Comité Nacional Republicano puede volver a mandar observadores a los centros de voto (lo tuvo prohibido tras un caso de intimidación en Nueva Jersey para el que contrataron a agentes de la ley fuera de servicio). La campaña de Trump también ha montado un imponente operativo, con un presupuesto de decenas de millones de dólares y un equipo específico asignado a las Operaciones del Día de las Elecciones (EDO por sus siglas en inglés), que incluye movilizar a 50.000 de esos observadores en 15 estados clave.

El republicano movilizará a 50.000 observadores en 15 estados clave

Sobre el papel son gente que sigue procesos de entrenamiento y cuya actuación tiene claros límites legales, con variaciones por estados, de qué pueden hacer y qué no en los centros de voto. Pero Trump está tensando la cuerda. Ya se ha quejado de que se les impide el acceso (una falsedad). Ha puesto sobre la mesa su deseo de enviar a "sheriffs, agentes de la ley y fiscales", idea que más de uno ve como intimidación. Y cuenta con William Barr, el fiscal general que ha colaborado con Trump en la peligrosa politización del Departamento de Justicia, que se ha mostrado dispuesto a enviar a agentes federales si hacen falta "para cumplir la ley".

Miembros de la Guardia Nacional, en las escaleras del Lincoln Memorial de Whashington.  / WIN MCNAMEE (AFP)

Peor aún, tanto Trump como sus aliados, incluyendo su hijo Donald Jr, están llamando a sus seguidores a implicarse y su lenguaje es explosivo. "La izquierda radical está preparando el terreno para robar estas elecciones de mi padre. Están diseminando historias sobre que irá holgadamente por delante en la noche electoral, pero perderá cuando acaben de contar los votos por correo. Su plan es añadir millones de votos fraudulentos que pueden cancelar tu voto y darle la vuelta a la elección", decía el vástago del presidente en un vídeo de septiembre que Twitter etiquetó con una alerta.

"Necesitamos que todos los hombres y mujeres físicamente capaces se unan al ejército para la operación de seguridad electoral de Trump. Necesitamos que nos ayudéis a observarlos no solo el día de las elecciones sino en voto anticipado y en las juntas de conteo. El presidente Trump va a ganar. No dejéis que lo roben", prosiguió.

"La izquierda radical se está preparando para robar las elecciones a mi padre", ha dicho Trump Jr.

El Departamento de Seguridad Nacional ha señalado en un informe a cuyo borrador ha tenido acceso 'The New York Times' que "los más posibles puntos críticos para posible violencia" son "lugares de voto, actos de registro de votantes y reuniones masivas asociadas a la campaña". Y la explosiva situación puede ser aún peor.

Donald Trump Jr., en un acto de la campaña Fighters Against Socialism, en Orlando. / PAUL HENNESS

La ley de insurrección de 1807

Trump ya desplegó la Guardia Nacional contra manifestantes pacíficos en Washington DC y a agentes federales en Portland y Seattle para proteger edificios. Ha dicho que podría invocar la ley de insurrección de 1807 y "desplegar fuerzas militares" en "ciudades dirigidas por demócratas" para "proteger vida y propiedad". Y no es descabellado pensar que, aunque la ley se lo impida, podría intentar desplegar personal militar o federal en los comicios para que restauren "la ley y el orden", o tratar de dejarlos desplegados, o hacer que tomen bajo su custodia votos con la excusa de preservar evidencias mientras se libra la guerra legal y política y en las calles por los resultados.

Sube la cifra de ciudadanos, de los dos partidos, que justifican la fuerza en algunos casos, según ‘Politico'

Los expertos que analizaron el respaldo a la violencia para 'Politico' advertían también de que ven "fuertes paralelismos" de estos EEUU con la Europa en las décadas de los 20 y los 30, cuando se vio subir la marea de movilización armada en las calles y choques violentos, que los autócratas lo usaron como excusa para adoptar poderes de emergencia. Frente a ellos el profesor Douglas recuerda que "EEUU tiene más tradición democrática que la república de Weimar o sus instituciones", pero también admite algo: "Hay que reconocer que los sistemas democráticos son vulnerables, y una de las cosas más inquietantes que hemos visto con Trump es esa fragilidad". 



 

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