02 dic 2020

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Ingrid Silvestre,  a  la entrada de la residencia L’Olivaret. 

JORDI COTRINA

ENTREVISTA CON LA DIRECTORA DE LA RESIDENCIA L'OLIVARET

Ingrid Silvestre: "Estamos matando en vida a los mayores"

L'Olivaret ha convertido su modelo de residencia en referente. ¿Su filosofía? Respetar la libertad de las personas. La directora urge a hacer un debate del sector

Gemma Tramullas

En diciembre del 2003, la enfermera Fina Vernet juntó su larga experiencia en la uci, en curas paliativas y en una residencia, y abrió una casa para mayores en Barcelona con una filosofía diferente, centrada en respetar la libertad de la persona independientemente de su estado físico y cognitivo. Su sobrina Ingrid Silvestre cogió el testigo y ha convertido su modelo en un referente, aunque a veces sus convicciones choquen con las normativas y las expectativas de las familias. En L’Olivaret viven 24 personas, trabajan 21 empleados y ha habido 3 defunciones por covid-19. Es una entidad privada y la mitad de las plazas están concertadas con la Generalitat. Hay casi tres años de lista de espera para las plazas públicas.

¿Se podría trabajar con la misma filosofía en un centro más grande?

Realmente la magia está en el centro pequeño porque es cuando puedes tener esta proximidad con las personas y las familias.

"La sociedad es muy paternalista con la gente mayor. 'No salgas sola a la calle que te puedes caer', 'siéntate que ya lo hago yo'…"

Su método se basa en la confianza en las personas y esto a veces la lleva al límite de la normativa.

Hace muchos años alguien me dijo en un congreso que yo era un peligro para la salud pública… [ríe] Una de las cosas que hemos hecho siempre en L’Olivaret es evidenciar esta contradicción. A veces hacemos cosas para no tener problemas con la administración o con las familias, sabiendo que aquello va en contra del bienestar de la persona.

¿Por ejemplo?

Llega un momento en que la dentadura, el audífono o las gafas dejan de mejorar la vida de las personas y les supone una molestia, pero la familia te exige que lo lleven. ¿Qué hacemos entonces?¿Les obligamos? Ver cómo tu madre o tu abuelo van degenerando es un proceso duro y tenemos que dedicar tiempo a escuchar a las familias y explicarles bien por qué hacemos las cosas.

En L’Olivaret conviven personas con diferentes niveles de dificultad cognitiva.

Las personas más perjudicadas por la manera que tenemos de entender los cuidados a los mayores son aquellas que no pueden decir lo que quieren ni lo que piensan. Nosotros no aceptamos que se diga que una persona “no se entera”. A lo mejor no puede hablar, pero si a una persona se le impone una dieta sin sal y rechaza la comida está tomando una decisión.

"El problema es   anteponer los riesgos de salud a los derechos de la persona. Nosotros creemos que hay otras alternativas"

Una decisión que va más allá de apartar el plato.

Está diciendo que no quiere vivir a cualquier precio y los demás tendríamos que asumir su decisión. El problema es anteponer los riesgos de salud a los derechos de la persona. Nosotros creemos que hay otras alternativas. Tenemos un 'Pla de vida', aprobado por la Generalitat, en el que en lugar de reflejar los problemas sanitarios y sociales de la persona exponemos sus necesidades, por ejemplo si le gusta desayunar en camisón.

Más observar y escuchar y menos imponer.

La sociedad es muy paternalista con la gente mayor. “No salgas sola a la calle que te puedes caer”, “siéntate que ya lo hago yo”, “no cojas esto que te puedes hacer daño”… ¡Les estamos matando en vida! Ellos tienen que poder decidir cómo quieren vivir. En L’Olivaret deciden incluso los muebles. Si hay que cambiar las sillas hago que vengan los proveedores y ellos las prueban y las eligen. ¡Es su casa!

A menudo nos dejamos deslumbrar por las instalaciones.

No se trata de poner cortinas de colores y que de vez en cuando venga un perro. Nosotros no tenemos ni gimnasio. ¿De qué sirve hace media hora de gimnasia si luego te pasas el día sentado? Aquí la gente se mueve a su manera: algunos bajan a comprar a la calle, otros barren o entran y salen de la cocina...

Como en la vida.

Sí. En L’Olivaret las pocas personas que tienen sus capacidades cognitivas preservadas tienen relaciones fantásticas con personas que tienen graves dificultades y se retroalimentan de manera brutal. No creo en clasificar a la gente por sus capacidades físicas y cognitivas. ¿Es que por la calle los ciegos van por una acera y los cojos por otra? Una planta de demencia puede ser más práctica para los profesionales, pero no aporta nada positivo a las personas.

"Hay que hacer un debate profundo que trascienda el sector, porque se trata de nosotros como sociedad"

Todo esto está muy bien sobre el papel, pero necesita de grandes profesionales.

Este es el tema y el problema es que la administración no asume ese coste, lo están asumiendo las familias de forma privada, incluso a través de donaciones. Yo tengo una plantilla sobredimensionada con turnos de 8 horas. No puedo exigirles turnos de 12 horas para hacer una tarea que exige plena consciencia, estar muy atentos a lo que pasa y mirar a la persona con la intensidad de la que estamos hablando.

¿Cree que tras el covid cambiarán las cosas?

Solo por el covid, no. Hay que hacer un debate profundo que trascienda el sector, porque se trata de nosotros como sociedad, de cómo vemos el mundo y a los demás.