09 ago 2020

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Adiós Meghan, hola Sofía

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Adiós Meghan, hola Sofía

La condesa de Wessex se perfila como la favorita de Isabel II. No tiene el 'punch' de la Markle, pero da menos problemas

Núria Navarro

En estos tiempos en que lo altamente improbable va y sucede, Sofía Ryhs-Jones, la esposa del hijo menor de Isabel II, se ha convertido a los 55 años en el miembro más confiable de la disfuncional familia real británica. Con el 'Megxit' en marcha y la apertura de la fosa séptica de Andrés de Inglaterra –tuvo tratos con el depredador sexual Jeffrey Epstein–, la esforzada condesa de Wessex, que lleva años picando piedra caliza, tiene todos los puntos  –aunque sea por descarte– para ocupar un lugar bajo el sol mediático. 

Lo tenía peliagudo. Para empezar, carecía de pedigrí. Era la hija de un fabricante de neumáticos y su formación se limitaba a un secretariado. Cuentan que, tras la primera invitación a palacio para conocer a la joven que había conquistado al volátil Eduardo –en Windsor preocupaba su espíritu saltimbanqui y su inclinación sexual–, Isabel II la describió a la Reina Madre como una chica "invisible en una multitud". Eso sí, tenía una evidente retirada a Lady Di, su odiada exnuera. Le iba de perlas para una maniobra de distracción.

Sofía Ryhs-Jones, muy Lady Di, el día de su boda con Eduardo. / instagram              

La jugada no pasó inadvertida a la propia Diana. "Es una copia a papel carbón de mí, se nota que la monarquía está buscando quien me reemplace", le dijo la Princesa del Pueblo al biógrafo Andrew Morton. Cuentan que un día que llevó a Guillermo y Enrique con su padre –tenían la custodia compartida– se pasó unos cuantos pueblos con la pobre Sofía. Le soltó  que su "falda de Marks & Spencer" no estaba "nada mal", aunque por el salario que debía cobrar "como secretaria" debía resultarle cara, y cosas por el estilo.

El 'Sofiagate'

Pasado ese trago amargo, un mes antes de su boda, 'The Sun' publicó  unas fotos suyas en toplés en compañía de un colega de trabajo que la dejaron "devastada". Y ya casada, saltó el 'Sofiagate': un reportero del extinto 'News of the World' se hizo pasar por un cliente de la empresa de relaciones públicas que había montado y le hizo rajar de lo lindo sobre la familia real y el entonces primer ministro Tony Blair. Tuvo que bajar la persiana y adiós dinerito extra.

Lady Di la ninguneó y la prensa le tendió trampas, pero ella siguió remando

Pero ella perseveró, contra viento y marea. Mientras tragaba quina, se apuntó a la agenda benéfica e hizo lo posible para quedarse embarazada. Después de algún aborto, la gestación de su primogénita, Luisa, prosperó. Pero la niña nació prematura mediante una cesárea que casi se la lleva al otro barrio. Además, la criatura padecía un grave estrabismo y a los 18 meses fue operada sin mucho éxito, cosa que enterneció a Isabel II.

Ahí empezó el apego entre suegra y nuera, que con el tiempo se ha convertido en una inusual intimidad para los estándares de la Reina, hasta el punto de que permite que la llame "mamá" en público, y, según el 'Daily Mail', "se dirige a ella del mismo modo en que lo hacía con la princesa Margarita (su hermana)".

Isabel II y su balsámica nuera Sofía de Wessex. / instagram

Caballos y trapos

Aparte del gusto por los caballos y por mantener el pico cerrado, resulta que  la chica "invisible en una multitud" se ha transformado en una 'trendsetter' valorada por revistas como 'Vanity Fair'. Hay quien opina que el responsable de sus 'lookazos' es el jefe de cocina de los Wessex –no es un error, no–, David Quick, que en el 2015 pasó de asar sus pulardas a ser su estilista de cabecera.

Es prescriptora de estilo de la Reina y de Catalina de Cambridge

Otros, como la experta en 'outfits' de celebridades Lalla Bronstein aseguran que Sophie tiene una formidable capacidad de fagocitar ideas y que ha copiado, al menos, tres básicos del ropero de Meghan Markle: la falda de seda, la chaqueta larga y el vestido de un solo hombro.

El atrevimiento indumentario de la esposa de Eduardo. / instagram

Copiona o no, la condesa no solo luce los trapos con seguridad, sino que arriesga –ha sido la primera dama en llevar pantalones en Ascot, evento ecuestre en el que el 'dress code' es más estricto que el de una boda saudí–, y hasta Isabel II se ha avenido a aceptar sus consejos (pocos, que a ella le cuesta salir del 'british' rancio, los bolsos Launer, los abrigos vitaminados y los pañuelos de seda en la cabeza).

Si a eso se añade su abnegación, su aparente empatía con el que le plantan delante y su soltura a la hora de subir a un atril –el analista de comunicación James Bryce asegura que "sabe expresar sus puntos de vista de manera eficiente y con confianza natural"–, la Wessex es la vacuna ideal contra los días 'horribilis' que tanto mortifican a la Reina. Adiós Meghan. Hola Sofía.


La condesa multitarea. / instagram

La reina de la motivación

No llegará jamás a ser monarca (como podía aspirar Diana, de no "ser tres" en su matrimonio), pero es la indiscutible reina de la motivación. Repasemos algunas de sus adornos:


Entregada. Si existieran los superpoderes, el suyo sería el don de la ubicuidad. Tiene 250 citas agendadas al año que harían bostezar a cualquiera y los tabloides no son capaces de pillarle una queja.


Internacional. Su alcance no se limita a territorio británico. Con la marcha de Meghan Markle, apecha con viajes como embajadora. Incluso en tiempos en que ya corría el coronavirus. El 8-M estuvo en Sudán del Sur.


Empática. Es capaz de aguantar chapas inhumanas con una sonrisa. Ya sea la de un piloto, una jugadora de curling o un envasador de avena para el porridge.


Deportista. Tampoco se arruga en las pruebas físicas. Pedaleó 700 kilómetros entre Edimburgo y Londres en una carrera en honor a su suegro, Felipe; y es la única que monta a caballo con la reina.


Fan del caqui. Aunque su esposo Eduardo no acabó la preceptiva formación militar, a ella le va el rollo armado. Comparte son su suegra el gusto por la historia de los asuntos bélicos.


Familiar. A su imbatible capacidad multitarea, se añade la de ser madre de dos niños: Lady Luisa, de 16 años, y Jacobo, que aunque tiene 13 ya es vizconde de Severn. Trata de mantenerlos lejos de los focos y de meterles en la mollera que deben agradar a los yayos. La primogénita, de momento, es la favorita de Felipe de Edimburgo. Como hizo él tras dejar el polo, participa en carreras de carruajes.