07 jul 2020

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Maria Dolors Calvet (izquierda) y Rut Ribas, en el hemiciclo del Parlament de Catalunya.

NUEVO PLAN DE IGUALDAD EN EL PARLAMENT

Del exotismo a la brecha salarial: la (otra) lucha de las diputadas

Núria Marrón

Cuando Maria Dolors Calvet –la primera mujer que tomó la palabra en el Parlament restituido– bajó al atril, el presidente de la Cámara, Heribert Barrera, la llamó 'senyoreta'. «Cuando a los solteros de la sala les llame 'senyorets', volvemos a hablar, pero si no –le pidió– llámeme 'senyora'». Barrera le dio enseguida la razón, pero lo cierto, recuerda la exdiputada, es que aquellas siete mujeres (5% del total) que recogieron el acta en 1980 eran tratadas como «algo exótico». Cuarenta años más tarde, las parlamentarias (58) ya no son ninguna rareza, pero aún siguen siendo una suerte de 'anomalía' en los cargos de responsabilidad, como ha diagnosticado el plan que llega el próximo martes a la mesa y que pretende garantizar la igualdad efectiva dentro y fuera del hemiciclo.

Así que eran ustedes un exotismo.
Maria Dolors Calvet: Sí, los hombres se sentían incómodos con nosotras, que hacíamos nuestro papel, puede que sin ser muy conscientes de las carencias que aguantábamos. Recuerdo que cuando me quedé embarazada, muchos no sabían cómo enfocarlo,  notabas cómo se incomodaban a medida que crecía la barriga. Tras el parto, vinieron a verme conserjes y personal del Parlament, pero algunos diputados lo obviaron, supongo que les descolocaba ver a una embarazada allá. En mi grupo parlamentario nunca tuvimos problemas, aunque es cierto que a veces algún compañero ejercía un autoritarismo fuera de lugar. Las mujeres siempre debemos defender nuestro territorio, nunca nos regalan nada, ¿verdad?

Maria Dolors Calvet

Militante del PSUC, formó parte de la lucha antifranquista, y fue diputada en el Congreso y luego en el Parlament durante la primera legislatura. Estuvo en la organización de Les Jornades de la Dona de 1976  y fue la única mujer en la Comissió dels 20 que redactó el borrador del Estatut. 

Periodista y profesora de Urbanismo, nació en Sabadell en 1950. Ahora dedica esfuerzos a tejer la memoria del tardofranquismo y la transición.

Rut Ribas: Sí, 40 años después pasa un poco igual... Yo di el salto a la política y acepté representar al Jovent Republicà cuando se convocaron precipitadamente las elecciones del 21-D. Siempre había sido más de retaguardia y al principio me resistí: es cierto que los hombres no le dan tantas vueltas, que ya vienen con la ambición y la seguridad de casa, pero yo quería reflexionar sobre cómo afectaría la decisión en mi vida y mi entorno. Di el paso y debo decir que ha sido una etapa difícil, con los compañeros en la cárcel y todo yendo tan rápido. Te lleva un tiempo tomar confianza y tejer complicidades. No entras aquí de golpe y te dejas ir ante el atril. Y así como en la Cámara todo ha sido siempre correcto, en la calle a veces sí me topo con ese perfil de hombre mayor con cierta trayectoria política que te cuestiona con frases del tipo «tú acabas de llegar, ya aprenderás».

Rut Ribas

Nació en Sant Sadurní d’Anoia en 1990, es educadora social y está estudiando un grado de Psicología. En el 2013  empezó a militar en Jovent Republicà, y en el 2015, en ERC.  

Desde las últimas elecciones es diputada por Barcelona, la más joven de la Cámara. Desde noviembre es secretaria cuarta de la mesa y forma parte de distintas comisiones, entre ellas Igualtat, Infància, Joventut, y Treball, Afers Socialsy Famílies.

M.D.C.: Es que cuando eres mujer y joven tienes todas las desgracias [se ríe]... Luego vas dando más golpes sobre la mesa. Recuerdo que una vez, de diputada en Madrid, se decidió que Pilar Brabo, responsable de educación, fuera a 'La Clave' a un debate sobre enseñanza. Al poco, llamaron del programa diciendo que Gregorio Peces-Barba (PSOE) no quería debatir con una mujer porque no la «podría atacar», y el grupo parlamentario empezó a discutir sobre a quién enviarían entonces. «¿Qué hacéis? –les dije–. Si no quieren pelear, ¡pues habremos ganado el debate antes de empezar!». Y todos dijeron: «¡Es verdad!». «¡Diles que qué se han creído, que enviamos a Pilar!». No lo hacían ni de mala fe. Pero esto ahora ya no pasa.

"Los derechos no son eternos y que se deben defender cada día a nivel personal y político", afirma
Maria Dolors Calvet

La politóloga Sílvia Claveria afirma que «las reglas no escritas de los partidos son trampolines para los hombres y trampas para las mujeres». ¿Es ajustado el diagnóstico?
R. R.: La ley estipula que haya paridad en las listas, pero es cierto que en el Parlament –uno de los más paritarios de nuestro entorno– hay brecha salarial entre los diputados y las diputadas. Los hombres siguen copando los puestos de responsabilidad, asociados a mayor salario: las presidencias de los grupos y las comisiones, la mesa... El diagnóstico que hemos hecho también ha revelado que en las comisiones de temas considerados «sociales» hay más mujeres y que a las «sesudas», en cambio, acuden más hombres.

M.D.C.: Antes se decía que no encontraban mujeres para ir en las listas...

R. R.: Ahora a veces pasa que las decisiones se toman fuera de los espacios oficiales... Por la noche... Vas a una reunión y te das cuenta de que hay un sector, mayoritariamente masculino, que ya tiene la opinión hecha porque seguramente ese tema se ha acordado en un lugar extraoficial. Además, yo también defiendo la reforma horaria y que a partir de una hora se respeten los tiempos de la vida, porque si no se excluye a quienes tienen personas a cargo.

"Las listas son paritarias, pero en el Parlament hay brecha salarial entre los diputados y las diputadas", revela Rut Ribas

M.D.C.:  Pero se ha de tener una actitud combativa. Por mucho plan de igualdad que haya, si no luchas cada día no saldrás adelante. Y no se trata solo de ganar espacio público, también de batallar porque los trabajos de cuidados sean compartidos de forma efectiva. En Madrid, en el Congreso, tenían hijos los diputados hombres o las diputadas ricas, a las que nunca se les había ocurrido cuidar de una criatura. Las demás a menudo debían elegir, y eso no es justo.

R. R.: Hay una reflexión muy compartida entre las mujeres en la casa a propósito de que, en general, la política es muy testosterónica. Así que no ganaremos nada si, al ir avanzando, no preservamos la mirada feminista y acabamos adoptando esos roles y ritmos para ser respetadas y tenidas en cuenta. También creo que los partidos debemos revisarnos. Es obvio que se ha avanzado, pero no deja de ser paradójico que tengamos discursos feministas y que luego las candidaturas estén representadas por hombres. Nosotras tenemos más muros en el camino y ellos hacen autocrítica, pero les cuesta dejar paso.    

Abriendo foco: ¿qué batallas creen que se han ganado desde el Parlament en estos 40 años?
M.D.C: Desconozco la situación concreta del día a día, pero creo que la Cámara ha ido un poco por delante de la sociedad y ha impulsado iniciativas que han mejorado nuestras vidas.

"Éramos solo siete mujeres en el Parlament y a menudo nos trataban como algo exótico, se sentían incómodos con nosotras", recuerda Calvet

R. R.: Sí, yo entiendo que hay tres leyes esenciales, la de igualdad efectiva entre hombres y mujeres, la del derecho de las mujeres a erradicar las violencias machistas, y la que garantiza los derechos LGTBI. Sin embargo, es cierto que a día de hoy aún faltan recursos para desplegarlas al 100%, que deben actualizarse y que no nos podemos quedar aquí. El pasado 1 de julio celebramos el pleno de las mujeres, con diputadas y entidades, que fue una carga de energía, y ahora el reto es hacer efectivas las propuestas.

Sin ánimo de ser aguafiestas: nunca había habido tantas mujeres en puestos de responsabilidad y el mundo sigue camino del colapso...
M.D.C.: Es cierto que hay señoras que dan muy mal ejemplo, pero también hay muchas que lideran de forma diferente. Y para mí ese 'diferente' quiere decir, de entrada, no perder el tiempo. Estoy harta de ir a reuniones donde un señor dice una cosa y tienen que repetirla los otros 10. También creo que vamos más relajadas, sin pensar que debemos demostrar todo el rato quién sabe qué. Sin embargo, hay una cosa cierta e importante, y es que la lucha de clases existe. Es un término marxista que igual no queda bien, pero para mí el feminismo va junto con la clase y la ecología. No se puede decir: «Yo solo soy feminista».
R.R.: Sí, estoy de acuerdo. Recuerdo, por ejemplo, el día que la bancada de C’s se enfundó camisetas con el lema «feminismo liberal». Eso ni es feminismo ni es nada. Es tirar hacia arriba sin que te importen quienes se quedan atrás. Para mí feminismo también es impedir los desahucios.

"Hemos avanzado, pero es paradójico que tengamos discursos feministas y que la mayoría de candidatos sean hombres"

Y mientras, la contrarreforma está en marcha, con Trump, Bolsonaro, Johnson... o Vox negando la violencia machista. ¿Les asusta el momento?
 M.D.C: Hemos de tener claro que los derechos no son fijos ni eternos, y que se han de defender cada día a nivel político y personal. Es un debate que tengo con gente que ve imposible un retroceso. ¡Pero si cuando Franco llegó había una república con divorcio y derecho al aborto! Cuando fui de diputada a Madrid había mujeres en la cárcel acusadas de adulterio por haberse ido de casa tras una paliza del marido, y teníamos que ir a ver al ministro para que las excarcelara...

R.R.: Yo también veo el peligro de retroceso, pero creo que estamos en medio de una revolución feminista y que no se aguará. Al contrario, acabamos de abrir un gran postigo y hay mucho campo por recorrer y mucho trabajo que hacer con los niños y los hombres. Creo que la lucha no la haremos solas.