LA CARA B DE UN BARRIO ESTIGMATIZADO

Marien Gil: "En los 80, había un nivel alto de analfabetismo"

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«A los adultos les daba vergüenza volver a la escuela, por lo que hicimos una campaña puerta a puerta», evoca. El mecanismo de aprendizaje era en cadena, cuando una vecina aprendía a leer y escribir, enseñaba a otra. Una de aquellas mujeres es Curra Reyes (84 años), quien creció en una barraca del Camp de la Bota y pagó cerca de 90.000 pesetas por su piso en La Mina, hace ya 44 años. «Yo no me quejaba en la Bota, le contaba a mi jefa que vivía en primera línea de playa», cuenta risueña. 

Pepi Lombardo (67 años) hace poco que traspasó su peluquería en esta misma calle. 40 años haciendo permanentes y asegura que con sus clientas, tanto gitanas como payas, nunca ha tenido ningún problema. También denuncia que solo se conozca La Mina más conflictiva: «Tenemos un barrio con servicios y gente que organiza actividades y, en cambio, solo se ve el narcotráfico». «Lo auténtico de este barrio es la gente, porque nos conocemos todos», afirma Pepi Lombardo, «así que, que no hablen mal de mi Mina, que me los como», sentencia, mientras da las últimas puntadas a su pantalón.