LA ENTREVISTA

Carolina del Olmo: "Los hombres también pueden tener instinto maternal"

Este domingo es el Día de la Madre. 24 horas para celebrar un papel primordial (y ambivalente). Porque los hijos son una vía de realización y, al mismo tiempo, un obstáculo para el desarrollo personal. ¿Cómo salir de esa noria? La 'socióloga de la maternidad' da algunas pistas.

La filósofa Carolina del Olmo,en las cercanías del Círculo de Bellas Artes, el pasado jueves.

La filósofa Carolina del Olmo,en las cercanías del Círculo de Bellas Artes, el pasado jueves. / JOSÉ LUIS ROCA

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Núria Navarro
Núria Navarro

Periodista

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En la sociedad preindustrial, la mujer era madre y punto. Vivía en arresto domiciliario. Luego la emancipación pasó por el trabajo y los hijos resultaron ser un peso adicional en la carrera hacia la autorrealización. Más tarde, llegó el pulso entre la que pretendía ser una 10 en todo (a costa de chalarse) y la practicante de la crianza con apego, el colecho y la escolarización tardía. Hoy, según la filósofa Carolina del Olmo, autora del libro '¿Dónde está mi tribu?' y madre de tres hijos, todo está en cuestión. Sospecha que, tras haber explorado casi todas las vías, quizá toque "mujerizar" el mundo de los hombres.

¿Una radiografía de la maternidad, para empezar? A la maternidad posmoderna le pasa un poco como a cierto feminismo, se ha convertido en una especie de histérica reivindicación de las opciones por las opciones. "¡Elijamos! ¡Elijamos! ¡Queremos elegir!".

Elegir siempre resulta agradable. Lo es. Pero, ¿para qué? Podemos elegir, sí; pero la realidad que se va imponiendo es la no-maternidad. Mientras antes la trampa era "si no tienes hijos, no existes", ahora todo se subordina al empleo y el hijo, si puedes, lo encajas por ahí y si no, no lo tengas. Antes había un patriarcado muy evidente. Ahora no está claro cuándo es patriarcado y cuándo capitalismo consumista.

Ante este panorama, ¿qué? La clave está en el compromiso. Es una palabra que da miedo a los de mi generación, la de los 30-40, que ha crecido en el hiperconsumismo. Defienden la libertad y la movilidad del comprador, lo fluido, el "aquí y ahora, y mañana ya". Y el compromiso es lo contrario de esa defensa de no cerrarse puertas, de que las cosas sean livianas. Pero es una enseñanza muy valiosa.

¿Cómo de valiosa? Cuando asumes el compromiso de cuidar a una criatura te das cuenta de hasta qué punto esa relación de dependencia es básica para tener un amigo a lo largo de la vida, o una pareja o para cuidar de los ancianos. En definitiva, para tener unas relaciones que no estén tan erosionadas por lo mercantil.

Compromiso suena a renuncia. El asunto es cómo se puede hacer una afirmación del yo que no se convierta en el egoísmo del náufrago y en cómo comprometerse sin que se convierta en esclavitud. Necesitamos un nuevo léxico que permita hablar de "dependencia" sin que signifique "opresión".

Difícil equilibrio. La filósofa Carol Gilligan habla de cómo las mujeres hemos desarrollado un pensamiento moral que se nos ha quedado corto. Cuando ese pensamiento moral se combina con la afirmación del yo -más desarrollada en los hombres- consigues incluirte a ti misma y ya no ves el cuidado como un sacrificio, sino que entiendes que la colectividad tiene sus necesidades y que, unas veces, el yo es el que tiene que salir ganando porque es el más débil y otras, son los otros. No puede ser que siempre acabe perdiendo el yo. El reto de la modernidad es conseguir unas relaciones comunitarias valiosas sin acarrear la dominación del pasado.

Las claves de la noticia

  • Es la pequeña de siete hermanos,  se licenció en Filosofía por la Complutense de Madrid, formó parte del Observatorio Metropolitano y del colectivo Ladinamo.
  • Es directora de cultura del Círculo de Bellas Artes  de Madrid y directora de la revista ‘Minerva’. Su libro ‘¿Dónde está mi tribu?’ (Clave Intelectual) va por la sexta edición (unas 5.000 copias vendidas.
  • Tiene tres hijos con el también filósofo César Rendueles:  un niño de 6 años, una de 3 y uno de 1 año. Ninguno la ha dejado dormir seguido por las noches.

Ya dirá cómo. Hay gente que ha intentado construir redes para la crianza -algunas muy útiles- con los vecinos, los padres de los niños del colegio o del barrio, pero de repente se preguntan: "¿Por qué tengo que estar todo el día con gente de mi edad y con hijos de la edad del mío?". Es una red artificial. Tendríamos que aspirar a que los cuidados estén en el trabajo, en el sindicato, en las asambleas 15-M.

Porque la conciliación, ha dicho, le parece un apaño. Nos ha venido bien la legislación de conciliación que permite reducir la jornada, pero a la vez no se actualizan los salarios mínimos, el despido es más fácil, se retrasa la edad de jubilación. Así que los parchecitos conciliatorios me ponen algo nerviosa. Y me fastidia que siempre se orienten a subordinar la vida familiar a la laboral. Incluso desde las perspectivas más progresistas se reclaman guarderías y no el poder elegir usar lo que le cuesta al Estado una plaza para subvencionar a una madre o un padre que decida cuidar en casa.

Usted mantiene la serenidad, pese a tener tres hijos y un cargo. ¿El secreto? En mi serenidad hay un poco de pose, ¿eh? A veces parezco una pirada, se me olvidan las cosas, cambio las palabras. Pero tengo lo que poca gente tiene: un sueldo decente y una combinación de familia tradicional -somos siete hermanos- con una pareja moderna e igualitaria. Eso me permite ver cosas que no se ven.

Cuente, cuente. Hemos sustituido el mito de la maternidad rosa por el de la maternidad sufriente. Hay un montón de testimonios en internet de lo duro que es el posparto y la soledad que sientes, que es realísima pero que no es consustancial a la maternidad. Hay una ambigüedad importante.

A todo esto, ¿qué hay de los padres? Mi distancia con ciertos feminismos es su terrible negatividad. Hay mucho de: "¿Y dónde están ellos?". Queda mucho que hacer para llevar a los hombres adonde deberían llegar, pero cada vez se habla más de la nueva paternidad. A mí no me apetece nada seguir discutiendo sobre si hay más o menos directivas en el Ibex 35, comparado con dónde están los padres conscientes, dónde están los hombres no competitivos, dónde los que defienden que la sociedad del cuidado es la buena. Hay que 'mujerizar' a los hombres y no seguir intentando llegar a lugares donde, en el fondo, malditas las ganas.

Eso no explica el desinterés de ellos. Los hombres tienen una educación centrada en la competición que, para mi gusto, debe de hacerles sufrir bastante. Por otro lado, no sé por qué tenemos tanto miedo a aceptar que haya algo de biología que hace a las mujeres ser más proclives a responder a las necesidades de una criatura. ¿Un ejemplo?

Adelante. Soy incapaz de cargar a mis hijos sobre el brazo derecho. Y el otro día leí que el 100% de las primates llevan a las crías en la izquierda. Yo, que venía de la tradición de constructivismo social apabullante, capaz de racionalizarlo todo, cuantos más hijos tengo, más claro veo que en todo esto hay cosas animales.

Apelar a la naturaleza ¿no es ir atrás? A los progresistas les está costando mucho hablar de que hay algo biológico. Es un campo que habíamos abandonado en manos de una serie de machos de derechas. Pero hay que rescatarlo del enemigo y ser contrarios a que eso genere desigualdades de recompensa o de posición de poder.

Otro malabarismo más. La biología es perfectamente moldeable. Cuando a los machos de especies que no suelen ser cuidadores les presentan por primera vez a un cachorro, lo rechazan. Pero si se lo presentan unas cuantas veces, acaban cuidándolo. La respuesta cuidadora la despierta un ser necesitado de cuidados. A eso le llamaría instinto maternal. Y lo bonito es que lo puede tener cualquiera. También los hombres. Todo esto me ha hecho ser distante de muchos de los consejos de la crianza con apego.

¿Desconfía del 'piel con piel', el porteo, la teta siempre dispuesta...? Esa especie de entrega y de fusión te lo llegas a creer cuando tienes un niño, pero cuando tienes tres o cuatro ves que es un disparate. Todo es más natural y fácil. Sospecho que buena parte del discurso que nos comemos sobre crianza natural es porque el primer niño que vemos es el nuestro.

"A los progresistas les cuesta hablar  "A los progresistas les cuesta hablar de que hay algo biológico en la maternidad y la crianza. Es una idea que dejamos en manos de la derecha y que hay que rescatar"

¿Qué dogma de gurú le ha puesto los pelos de punta? Me parece descabellado que Eduard Estivill diga que si permites que tu hijo se duerma en brazos desarrollará un problema de sueño, pero que si le dejas solito, a oscuras, y llora hasta vomitar no hay problema. Y me fastidian los intimistas psicológicos, tipo Laura Gutman, que te culpabilizan de cualquier conducta un poco extraña de tu hijo.

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Del otro lado, están las madres que exigen que todo sea 'child-friendly'Vivimos en una sociedad que está muy de espaldas a la vulnerabilidad, sin duda. Pero hay padres que hacen aspavientos porque hay aviones y hoteles que no admiten a niños, cuando tu propio núcleo de amigos, militantes incluso, son incapaces de bajar la voz cuando un niño duerme.

Total, ¿qué diantres es una buena madre? Aparte de tener capacidad de compromiso, debe darse cuenta de que no todas las batallas posibles se libran dentro de las cuatro paredes en las que viven madre-hijo. Simone de Beauvoir decía que para ser madre hay que tener un buen concepto de ciudadanía. No es lo mismo criar carne de cañón para un ejército que a un ciudadano. Y eso exige cambiar muchas cosas que no tienen que ver solo con la crianza.