LOS LUGARES COMUNES DE LA SECUELA DE 'OCHO APELLIDOS VASCOS'

Ocho tópicos catalanes

La película 'Ocho apellidos catalanes' busca la carcajada, igual que la precuela vasca, subrayando los tópicos de los autóctonos.

Los guionistas, Borja Cobeaga y Diego San José, eligen ocho estereotipos y explican cómo los han abordado.

Ocho tópicos catalanes
Tráiler de ’Ocho apellidos catalanes’.

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BEATRIZ MARTÍNEZ

Tacaños, el prejuicio más extendido

«No, si es por no gastar», dice el andaluz Rafa, personaje que encarna el actor Dani Rovira, en uno de los momentos de la película cuando intenta integrarse como uno más entre los catalanes de la ficción.

La tacañería es, según los guionistas de la película, Diego San José y Borja Cobeaga, uno de los tópicos más repetidos del carácter catalán por antonomasia, así como el recurso estrella para articular la mayoría de chistes de toda la vida en torno a  ellos. «En la película no es algo que quisiéramos explotar mucho», confiesan. «En realidad nos daba pereza, nos parecía súper antiguo y desfasado. Pero,  por otro lado, sí que tenía que haber una mínima referencia por ser la bandera de los tópicos catalanes. Nosotros hemos tirado, en ese aspecto, de la típica filosofía de cuñao, de lo que se cuenta en los bares y lo que se supone que se da por cierto».

De hecho, en ningún momento aparece de forma explícita en la película que los personajes catalanes muestren ningún síntoma de ser «agarraos» (casi al contrario, lo cierto es que resultan bastante desprendidos), pero sí que se transmite esa idiosincrasia de tacañería a través de la percepción que tienen de ellos los demás personajes de 'Ocho apellidos catalanes'. «En realidad están vistos desde los ojos de un vasco y de un andaluz, de Koldo y de Rafa», continúa Borja Cobeaga, «por lo que su perspectiva se inserta dentro de los típicos prejuicios populares». 

'Mossos' violentos, una 'kale borroka' legal

Casi justo a la mitad de la película hacen su aparición estelar los Mossos d'Esquadra: una pareja de agentes que detiene a Rafa (Dani Rovira) al intentar colarse en la fiesta de compromiso de su exnovia. Cuando lo meten en el coche patrulla, solloza: «Por favor, pero no me peguen».

«Desde luego no es un tema que dé mucho para comedia», dice Borja Cobeaga. «En una de una nuestras primeras conversaciones, Diego [San José, el otro guionista] y yo estuvimos hablando de las trasposiciones que podría haber entre la primera parte y la segunda. En Catalunya no existe algo similar a la kale borroka, a los radicales vascos. Pero tuvimos una idea: con la cantidad de leches que pegan los mossos… ¿no sería como una kale borroka legal? A partir de ahí tiramos del hilo y nos imaginamos a un andaluz que si va a Euskadi le tiene miedo a la kale borroka, y si va a Catalunya le entra pavor por si le muelen a palos los mossos».

En realidad los 'mossos 'de la película terminan resultando de lo más pacíficos. Incluso uno de ellos ayudará a Rafa en sus penurias sentimentales mientras está en el calabozo, y, al final, ambos se posicionarán a su lado para llevarlo en el coche de policía de regreso a la masía donde se celebra la ceremonia nupcial.

En otro momento coinciden en escena dos guardias civiles -a los que han avisado los sevillanos amigos de Rafa porque piensan que el pueblo se ha independizado de España por su cuenta- y la pobre pareja de 'mossos'. Un choque en el que, al menos en actitud airada, ganan los guardias civiles. Al final, los 'mossos' de la película, terminan siendo los más mansos.

 

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Culés, calle de Pep Guardiola

Cuando los personajes llegan al pueblo en el que se desarrolla la acción, sus vecinos están trabajando en reformar la plaza para que dé la sensación de que Catalunya se ha independizado. ¿Lo primero que hacen además de colgar 'estelades 'en el Ayuntamiento? Pues bautizar una calle como la de Pep Guardiola. «Para nosotros Guardiola es la imagen perfecta de lo que significa ser un superhombre», comenta Cobega. «Capaz de combinar tradición y modernidad, de ser un tío honesto, inteligente… ¡guapo! Y ultraelegante… Era algo que teníamos que parodiar de alguna manera».

Guardiola será, además, uno de los apellidos catalanes que use el personaje de Rafa para hacerse pasar por autóctono. Y hay más referencias: la pareja de sevillanos que llega al pueblo usa para camuflarse y pasar desapercibida una camiseta del Barça. Dicen los guionistas que con ella se sienten seguros y protegidos.

«Es normal que los catalanes quieran independizarse después de haber vivido estos años con el Barça. No solo era el mejor equipo, sino que también hacía el mejor fútbol, el más estético, el más elegante… Era la maquinaria perfecta, y de eso a querer la independencia hay solo un paso», bromea Diego San José.

 

Modernos. Pau, el más hípster

El personaje de Berto Romero, Pau, se convierte en el paradigma de lo hípster en la cinta. Es artista plástico, 'cool', habla idiomas, lleva barba, viste 'trendy' y adopta una filosofía de vida místico-zen.

«Jugar con estos elementos era muy divertido», cuentan los guionistas. «Los catalanes tienen esa particularidad de que parecen estar más cerca de Europa que de Extremadura y, además, se encuentran a la cabeza en todo lo que se refiere a la innovación estética».

En realidad, todas las alusiones a la modernidad catalana aparecen concentradas en el personaje de Berto Romero. «Es un estrafalario, un personaje totalmente fuera de tono, superficial y absurdo, pero también en el fondo muy naíf e infantil, no tiene ninguna maldad», dice Berto Romero de su personaje.

Al parecer, una de las secuencias eliminadas sucedía en un restaurante estilo Can Roca. En ella, el personaje vasco que interpreta Karra Elejalde se tenía que enfrentar a las raciones minimalistas de la cocina de autor. «Había más secuencias en Barcelona capital relacionadas con el moderneo, pero decidimos no hacerlas y concentrar la acción en la masía», revelan los guionistas.

Floclóricos, 'calçots', castells, sardanas

Las tradiciones populares eran una de las bases sobre las que se asentaba 'Ocho apellidos vascos'. En ella se veía jugar al frontón y a la pelota, y los personajes se comían buenos chuletones. Aquí los protagonistas degustan como pueden unos 'calçots', aunque no entienden muy bien eso de que unas cebollas churrascadas tengan tanto predicamento. «El folclore nos ha servido para trazar un puente de unión entre ambas películas. Al fin y al cabo, el País Vasco y Catalunya son dos de las regiones que cuentan con un mayor número de tradiciones, y había que explotarlas al máximo, esas costumbres ancestrales que a veces son tan extrañas vistas desde fuera pero que terminan marcando la idiosincrasia de un pueblo», dice Diego San José.

«Por ejemplo, los castells», continúa. «Para un vasco sería inconcebible, porque nunca compartiría un alarde de fuerza. Él levantaría solo 200 kilos, pero no con amigos. Un vasco se pondría debajo y sostendría a los demás, como si fuera una pirámide invertida», bromea. «En la primera, ¿una manifestación se podría considerar folclore del pueblo vasco?», pregunta Cobeaga. Y los dos guionistas coinciden en que sí.

Las sardanas forman parte de la banda sonora de la película, y hay continuas referencias a los productos de la tierra, como el cava -y el boicot que sufrió-. «Bueno, un poco de vino de Rioja también podremos beber, ¿no?», dice un personaje. 

Chovinistas, el pueblo elegido

Al personaje de Rosa Maria Sardà, la abuela Roser, no le hace ninguna gracia que su nieto se haya comprometido con una vasca. Tampoco trata con demasiada condescendencia al resto de la 'troupe', a la que mira por encima del hombro.

«Creo que nos da la sensación, cuando hablan algunos políticos catalanes, de que son el pueblo elegido, de que lo catalán es lo mejor», afirma Cobeaga, y añade: «En el fondo, el personaje de Rosa Maria Sardà desprecia al de Koldo, porque se cree que Catalunya ha conseguido la independencia antes que Euskadi, que les han adelantado por la derecha».

Si el de Berto Romero es el personaje que representa los tópicos sobre modernos, el de Rosa Maria Sardà simboliza el chovinismo, el orgullo patrio. De hecho, toda la película gira alrededor de la falsa idea de que Catalunya se ha hecho independiente para contentar a la anciana, que por fin verá su sueño soberanista hecho realidad. «He tenido una pesadilla horrible, que éramos de nuevo España y que Montserrat Caballé cantaba Paquito el chocolatero», dice en un momento de la película.

El fuerte y arraigado sentimiento de identidad nacional es uno de los rasgos principales de este personaje, pero también es cierto que uno de los catalanes del pueblo prefiere irse al cuarto donde tienen encerrados a los españoles para comer con ellos jamón ibérico gratis (tópico). 

Sosos, sin sentido del humor

«Soy-un-catalán-y-no-tengo-ni-puta-gracia», suelta Rafa, el personaje de Dani Rovira sin hacer ninguna pausa de respiración mientras continúa intentando disimular su verdadero origen andaluz.

¿Tienen los catalanes sentido del humor? «Supongo que no te imaginas a un catalán contando chistes como sí lo haría un andaluz», dice Diego San José. «Aunque lo cierto es que algunos de los cómicos más importantes del panorama nacional proceden de Catalunya. Sin embargo, seguimos teniendo la percepción, desde fuera, de que les cuesta reírse de sí mismos y de que pueden llegar a tomarse más en serio que los demás», añade el coguionista de 'Ocho apellidos catalanes'.

En ese sentido, los guionistas se enfrentaban a un reto a la hora de configurar los personajes catalanes que interpretan Berto Romero, Pau, y Rosa Maria Sardà, su abuela Roser, ya que tenían que ser un poco estirados, pero al mismo tiempo, despertar la comicidad.

«Intentamos reflejar a través de ellos dos imágenes de Catalunya: la del campo y la ciudad, la del modernillo y la de la yaya tradicional de masía. Los dos son un poco repelentes y se sienten superiores, pero, al final, se les termina queriendo», coinciden Borja Cobeaga y San José .

El resultado es una mayor intelectualización del humor a través de estos personajes, un gag menos expansivo, menos obvio, puede que seguramente más soso, pero más efectivo. 

Universales. Adrià, Caballé, Cobi...

Arguiñano, Igartiburu, Erentxun, Gabilondo, Urdangarín, Otegui, Zubizarreta, Clemente… eran los apellidos utilizados en la primera parte de la película para completar el nombre del protagonista, que simulaba ser vasco para contentar a su 'suegro'. Apellidos todos ellos extraídos de diferentes ámbitos de la política, el deporte, la prensa o la cultura y que, de alguna manera, han trascendido su localismo para convertirse en universales gracias a las personalidades que los han convertido en famosos.

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¿Cuáles son los apellidos catalanes que utiliza en esta ocasión el personaje de Dani Rovira en su ya mítico 'speech'? Pues entre ellos tenemos a Guardiola, Adrià, Codorniu y… Cobi (la mascota de los Juegos Olímpicos de Barcelona).

También hay citas y gags en torno a Montserrat Caballé y a Peret («Que yo soy catalán, que tengo todos los discos de Peret», defiende su catalanidad Rafa (el personaje de Dani Rovira). «Es una visión de Catalunya folclórica y festiva», comentan los guionistas. «Lo curioso es que te pones a pensar en catalanes universales… ¡y te salen a cientos!».