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entrevista

Balmón: "El problema no es la burbuja, es que no hay políticas de vivienda"

El alcalde de Cornellà encara el año final de mandato con un ayuntamiento volcado en curas intensivas contra los efectos de la crisis

Carles Cols

El alcalde Antonio Balmón, en el Citilab de Cornellà. 

El alcalde Antonio Balmón, en el Citilab de Cornellà.  / RICARD CUGAT

No es por ninguna apuesta inconfesable ni por ‘épater’, pero tal vez sea posible entrevistar a alcalde metropolitano a un año de las elecciones y no hablar del ‘procés’. Por intentarlo, que no quede. Hablar de aquello que de verdad le quita el sueño a los ciudadanos y que en ocasiones tapan las banderas.

Hace medio mes Ada Colau fue al Congreso de los Diputados a pronunciarse contra los alquileres de tres años y el PSOE ni siquiera quiso recibirla. ¿No fue algo extraño?

No sé realmente lo que pasó, pero ciertamente fue algo descortés. Pero eso no quiere decir que el grupo socialista no tenga una política de vivienda. El problema es que España nunca lo ha afrontado con rigor y que ha dejado que sea el mercado privado el que marque las líneas de actuación de un bien que es necesario para las personas.

Hasta los grandes propietarios de pisos reconocen fuera de micrófono que los contratos de alquiler de tres años son un disparate. ¿Ni siquiera eso se puede corregir?

Evidentemente, el PSOE está por la labor de modificar la ley de arrendamientos urbanos, pero además tiene que haber una política activa de alquiler por parte de la administración, pero creo que tiene que ser compartida con el sector privado, de modo que los contratos de alquiler ofrezcan garantías para el propietario, por supuesto, pero también para la persona que alquila un piso.

El problema no es la burbuja, es la ausencia de políticas de vivienda. Y aquí el gran ausente en las política de vivienda es quien más musculatura económica tendría que demostrar, que es la Administración central. La política de alquiler quiere decir inversión y recuperación al cabo de muchos años, pero siempre sin que las administraciones dejen de lado a quienes no pueden acceder ni siquiera a un alquiler. El alquiler entendido solo como un intercambio de mercado para obtener beneficios rápidos es un error. Si el alquiler está al mismo precio que una hipoteca, lo normal es que la gente prefiera un piso en propiedad.

En el área metropolitana, la tendencia ahora es que los ayuntamiento apuesten por la vivienda social del alquiler, incluso por tener un parque propio de viviendas con arrendatarios. Pero creo que Cornellà, vamos, usted, discrepa de esa estrategia. 

Sí, soy partidario de la protección oficial de venta, porque la única forma en que una administración local puede construir vivienda es si construye, se recupera la inversión y se vuelve de nuevo a construir. Es así como se compite con el mercado privado, así se logra que los precios bajen. Pero es cierto que tiene que haber, además, una política de alquiler. Tiene que se a escala metropolitana. Si Cornellà impulsara, por ejemplo, 90 pisos de protección oficial en régimen de alquiler, ya no podría hacer más. No tenemos musculatura económica para hacer pisos de alquiler si no es en colaboración con una administración superior.

Cornellà reservó recientemente una partida de un millón de euros para ayudar a los llamados pobres con trabajo. ¿Es así como hemos salido de la crisis? ¿Quiénes tienen trabajo tienen que llamar además a las puertas de los servicios sociales? 

De momento, lo que que hemos hechos es dar un paso, disponer de ese fondo y, a través de la respuesta que encontremos, detectar dónde y cómo estamos exactamente y cómo podemos ayudar. Es evidente que es un fracaso que una administración pública tenga que dedicar recursos incluso a gente que trabaja. Es un fracaso social. Pero hemos decidido meternos en este jardín sin saber muy bien qué nos vamos a encontrar.

Recuerdo una de las últimas intervenciones públicas de Oriol Bohigas. Todavía abogaba por fusionar todos los ayuntamientos en uno solo, una gran Barcelona, por supuesto. Suele ser un hombre que acierta, pero visto que cada municipio ha respondido de formas distintas ante la crisis, a lo mejor el modelo clásico es mejor, el modelo de Manuel Luque, de comparar… 

Ya lo dije un día. La izquierda aristocrática de Barcelona siempre ha tenido esa pretensión. No creo que al alcalde de El Prat, por ejemplo, le apetezca ser solo el concejal del barrio del aeropuerto. Como siempre, la tendencia del espacio central es quedarse con la titularidad de la mayor propiedad de las prioridades. Si uno compara cuál ha sido en los últimos años el desarrrollo urbanístico y social de los municipios metropolitanos y la propia evolución de las rentas en comparación con otros territorios similares, no hay discusión posible.

¿Cómo van andan las relaciones de Cornellà con la Barcelona de Ada Colau? 

Bien. Siempre tienen que ser relaciones de diálogo y también controversias. Compartimos propuestas que son relevantes para todos los territorios, por ejemplo en conexiones de transporte público, ya sea el tranvía o la bicicleta. El área metropolitana es un buen espacio para gestionar este diálogo.

¿Pero Colau lidera como sus antecesores el discurso metropolitano? 

Hay que entender que estamos en un periodo de transición y de definición de nuevos espacios. Por lo tanto, es comprensible que ella, o cualquier otro que entra por primera vez en este mundo institucional que comporta gobernar Barcelona y el área metropolitana, no lo tenga es fácil. No es fácil identificar qué es lo más relevante y qué no lo es. Todo esto, además, sucede en un contexto de grandes incertidumbres por parte de las administraciones autonómica y central.

Menciona usted el transporte público. Podría preguntarle por la infrafinanciación crónica de este servicio, pero es una pregunta recurrente. Mejor otro enfoque. ¿No ha habido jamás autocrítica por los errores propios? Lo digo por la L-9, que es como las pirámides de Egipto. Dicen que los faraones las construían para no dejar nada en las arcas a sus sucesores.

No hace mucho le recomendé a un ‘conseller’ que con la L-9, aunque suene raro decirlo, tenía que pensar a un siglo vista. Es decir, es una infraestructura que ya está ahí. En el momento actual pesa mucho y te coloca en una posición de dificultad  financiera, tanto por la construcción como por el mantenimiento, pero ya está ahí y no ha impedido que en paralelo, por ejemplo, se mejore la red de autobuses. El problema de fondo es que las leyes vinculadas a la movilidad no están dotadas económicamente como deberían estarlo. La movilidad debería estar en el mismo plano de importancia que la salud y la educación. La movilidad es un derecho público.

Ahora que los alcaldes se divien entre los partidarios de remunicipalizar el servicio de agua y los que no, usted despunta en el primer grupo. ¿Por qué? 

No estoy ni a favor ni en contra. De lo que soy partidario es de no destruir lo que se tiene. No hay ninguna encuesta de servicios que diga que este servicio se presta de una forma incompleta. Se presta bien. Se pueden discutir otras cosas, pero desde el punto de vista de un servicio que llega al 100% de los ciudadanos no hay ninguna encuesta que diga que es un servicio que se presta de forma deficiente. Es más, hay ayuntamientos que han hecho estudios que les demuestran que no es rentable que asuman el servicio del agua u otros servicios. A la hora de la verdad, por eso hemos visto pocas decisiones para lo mucho que se ha hablado de ello.

Dentro de un año se celebrarán las elecciones municipales. ¿Se debatirá sobre todo esto de lo que hemos hablado, vivienda, transporte público, programas sociales…, o de lo que usted y yo sabemos y no vamos a decir? 

De aquí a un año nadie sabe en qué momento político viviremos. Sí que sé, eso sí, que estos son los problemas de los que hay que hablar. Es a lo que nos estamos dedicando en Cornellà, a transformar el espacio público, a hacer una ciudad más humana, a la educación, a la cultura…

Demoscópicamente, que acepto que es como una realidad paralela, su principal rival se supone que será Ciudadanos. ¿Sabe cuál es la opinión de ese partido en todas esas cuestiones? Lo digo por si llega el momento de debatir con ellos. 

Mire, tener un proyecto de ciudad que no sea superficial cuesta mucho. También le digo que si los resultados de las elecciones autonómicas y generales se tradujeran automáticamente después en idénticos resultados en las municipales, Lluís Tejedor haría mucho tiempo que habría dejado de ser alcalde El Prat, y no ha sucedido así.