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La conservación de la biodiversidad, clave para un futuro sostenible
El pantano de Santa Fe, en el Parc Natural i Reserva de la Biosfera del Montseny.

La conservación de la biodiversidad, clave para un futuro sostenible

Eduard Palomares | 05 noviembre 2019

El Centro Internacional Unesco para las Reservas de la Biosfera Mediterráneas trabaja desde Catalunya con el fin de proteger cerca de 70 espacios naturales situados en 15 países de ambas orillas

El cambio climático provoca una pérdida de la biodiversidad y, a su vez, la pérdida de biodiversidad genera un mayor calentamiento global. Y todo ello a causa de la contaminación, la destrucción de hábitats, la sobreexplotación de los océanos, la expansión urbana, la deforestación… Ante este círculo vicioso, las Reservas de la Biosfera –zonas terrestres, costeras y marinas donde se conjugan la conservación del ecosistema con la actividad humana– se erigen como uno de los principales laboratorios para prever tanto los efectos que puede generar el aumento de temperatura global como para configurar las bases de la solución: un desarrollo realmente sostenible.

En Catalunya se encuentra desde el 2015 el Centro Internacional Unesco para las Reservas de la Biosfera Mediterráneas (RRBBMed), con sede en el Castillo de Castellet (Barcelona), desde donde trabaja para la protección de unas 70 reservas situadas en 15 países de ambas orillas del Mediterráneo. Un fruto de la colaboración público-privada en el que intervienen el Ministerio de Transición Ecológica, el apoyo económico de la Fundación Abertis y el conocimiento científico del Institut de Ciència i Tecnologia Ambientals de la Universitat Autònoma de Barcelona (ICTA-UAB). Su objetivo es doble: comprometerse con el desarrollo sostenible y la protección de la biodiversidad, al tiempo que refuerza las relaciones entre los países de la región mediterránea. ¿Cómo? Intercambiando conocimiento, elaborando estudios compartidos, promoviendo la formación, proporcionando apoyo técnico, compartiendo experiencias y creando una base de datos de los aspectos ambientales y sociales de la cuenca mediterránea.

CREACIÓN DE SINERGIAS

Roser Maneja es doctora en Ciencias Ambientales, investigadora en el ICTA-UAB  y, además, coordinadora técnica del Centro Unesco para las Reservas de la Biosfera Mediterráneas. Explica que, aunque cada reserva tiene peculiaridades únicas, todas ellas comparten una misma estructura: "Un núcleo, en el que está estrictamente prohibida cualquier actividad más allá de la conservación de la biodiversidad; una segunda zona donde se desarrollan actividades socioeconómicas sostenibles; y una zona de transición con su entorno". En el siguiente vídeo profundiza en las caracteristícas de estos espacios protegidos y las principales acciones que se llevan a cabo desde la RRBBMed en la búsqueda constante de sinergias.

Con el fin de reforzar el esfuerzo que se está llevando a cabo desde las reservas mediterráneas, a finales de septiembre se firmó la Declaración de Castellet para la Protección de la Biodiversidad, un manifiesto impulsado por la Fundación Abertis y el Ministerio de Transición Ecológica para alertar de las graves consecuencias que puede sufrir el planeta si se continúa con el ritmo actual de pérdida de biodiversidad. Y es que las zonas de alto valor ecológico –especialmente bosques y selvas– absorben dióxido de carbono (CO2de la atmósfera, por lo que su papel en la mitigación de gases de efecto invernadero es fundamental. España es actualmente uno de los países que cuenta con más reservas y en todo el planeta hay unas 700. 

Declaración de Castellet: Queremos favorecer un cambio de modelo de la sociedad no solo para el beneficio de la biodiversidad y del planeta, sino también para el de la propia humanidad

Además, las reservas de la biosfera, fomentan la integración de la población humana y el desarrollo económico en estos espacios naturales, por lo que son un ejemplo de políticas de conservación y convivencia del ser humano con la flora y fauna de cada localidad, así como una inspiración para construir un futuro sostenible. Por todo eso, la declaración constata que la Red de Reservas de la Biosfera del Mediterráneo, mediante la colaboración, quiere “aportar soluciones aplicables y favorecer un cambio de modelo de la sociedad no solo para el beneficio de la biodiversidad y del planeta, sino para el nuestro propio”. Este es el mapa de las reservas que actualmente forman parte de la RRBBMEd:

RRBBMed

LAS RESERVAS CATALANAS

En Catalunya se pueden encontrar dos Reservas de la Biosfera muy distintas entre sí, pero que representan un ejemplo perfecto de que se puede combinar la actividad humana con la conservación del entorno natural y la biodiversidad, simplemente entendiendo que el beneficio económico nunca debe situarse por encima de los valores medioambientales.

Por un lado, El Montseny, que fue aceptado como reserva por la Unesco en 1978 y que abarca hasta 50.166 hectáreas y una población de 51.760 habitantes, desde que en el 2014 se amplió el radio de acción. Debido a sus diferentes alturas, combina una flora propia del Mediterráneo en sus cotas más bajas, mientras que a partir de los 1.000 metros aparecen ambientes centroeuropeos e incluso subalpinos. Igual sucede con su fauna, entre la que destaca el único vertebrado endémico de Catalunya, que hasta el 2005 no fue catalogado como una nueva especie: el tritón del Montseny.

Un paisaje muy diferente espera en las Terres de l'Ebre, designadas como Reserva de la Biosfera en el 2013. La Unesco tuvo en cuenta dos ecosistemas puramente mediterráneos que combinan varios paisajes que cambian según la estación del año, de las playas salvajes del Delte de l’Ebre (foto) a los parajes montañosos del Massís dels Ports. También se destacó su modelo de conservación de la biodiversidad y el enorme respeto de la comunidad hacia sus recursos naturales, fuente de subsistencia, cultura e inspiración.

Delta de l'Ebre

LAS RESERVAS EN ESPAÑA

En España se encuentran 20 reservas adheridas a la Red de Reservas de la Biosfera del Mediterráneo, entre ellas la de Menorca, que el pasado junio se convirtió en la más grande de la región mediterránea, al ampliar sus límites de las 71.191 a las 514.485 hectáreas. Un aumento que responde a la incorporación de la zona marítima, lo que servirá para aplicar mejores políticas de sostenibilidad en el medio marino en torno a dos zonas núcleo: el de S'Albufera des Grau y la reserva marina del norte de la isla.

Donde más reservas se concentran es en Andalucía, con espacios como Sierra Nevada (Granada), Cabo de Gara (Almería), Sierra de las Nieves (Málaga), Grazalema (Cádiz), Sierra Morena (Córdoba), Las Marismas del Odiel (Huelva) o el Parque Nacional de Doñana. Este último –situada a caballo entre Huelva, Sevilla y Cádiz– conforma un laberinto de tierra y agua que da forma a marismas, lagunas y caños, cotos y pinares, vetas y veras, dunas, playas y acantilados. Destaca, por ejemplo, el sistema de dunas en movimiento que discurre entre Matalascañas y la desembocadura del Guadalquivir, con más de 25 kilómetros de playa virgen y arenas blancas.

LAS RESERVAS EN EUROPA

La red mediterránea agrupa espacios protegidos, además de en España, en Portugal, Francia, Italia, Eslovenia, Bulgaria, Croacia, Montenegro, Macedonia del Norte y Grecia. Es en esta último donde se encuentra, por ejemplo, el Monte Olimpo (foto), una cadena montañosa cuyo pico más alto (el Mytikas), asciende hasta casi los 3.000 metros de altura. Un lugar especialmente significativo para la cultura occidental, ya que es allí donde la mitología griega sitúa el hogar de Zeus, ‘el padre de los dioses y los hombres’, que desde las alturas supervisaba todo. Cada cuatro años, los ciudadanos le reunían para rendirle homenaje, y de allí surgen los Juegos Olímpicos. Reserva de la Biosfera desde 1981, su vegetación va desde la mediterránea en las cotas bajas a la tundra alpina en la alta.

Monte Olimpo

Otros espacios que llaman la atención son los de Karst (Eslovenia), donde se sitúa la cueva de Postojna, la más visitada de Europa con sus 5 kilómetros de galerías, pasos y salas. O la reserva del Gran Po en Italia, un río que serpentea a través de todo un mosaico de ecosistemas entre los que destacan humedales, lagunas de meandro, islas fluviales, bosques ribereños, praderas, valles y terrenos agrícolas. Su superficie es de 286.600 hectáreas y su área abarca una zona marina, islas pequeñas y asentamientos humanos. Y en Francia, las Cevenas ofrecen un paraíso natural que se puede recorrer a pie, en bicicleta o a caballo por sus más de 5.000 kilómetros señalizados, con el fin de promover un turismo sostenible que respete el patrimonio cultural y natural.

LAS RESERVAS EN EL NORTE DE ÁFRICA Y EL PRÓXIMO ORIENTE

En el norte de África, países como Marruecos, Túnez y Argelia cuentan con diversas reservas de la biosfera. Este último es el que alberga un mayor número de ellas, con cinco en total. Entre ellos, el Parque Nacional Chréa, ubicado en la región montañosa de la provincia de Blida y con un área de un área de 260 kilómetros cuadrados. Destaca su diversidad, con una gran variedad de plantas y animales. También se encuentra en una zona montañosa el Parque Nacional Djurdjura, compuesto por bosques, valles, gargantas, montañas y cuevas, en los que habitan animales como el chacal, la mangosta o el zorro colorado. Sin embargo, el más grande de todos ellos es el Parque Nacional El Kala, con una enorme diversidad de ecosistemas, desde regiones montañosas hasta ecosistemas marinos.

Y en el Próximo Oriente sobresale la Reserva de la Biósfera de Wadi Mujib, en Jordania, certificada por la Unesco en el 2011 y que tiene el honor de ser la reserva natural más profunda del mundo, con sus 400 metros bajo el nivel del mar (foto). Cercana al Mar Muerto, alberga cientos de especies de aves y animales, así como un cañón de piedra caliza de colores rosa, rojo y beige, atravesado por un río, piscinas de poca profundidad y cascadas. Y en Líbano se encuentra la reserva de biosfera de Jabal Musa,conocida por el histórico Valle del Adonis, prácticamente intacto, donde se hallan antiguos cultivos en bancales y caminos que datan de tiempos del Imperio Romano.

Wabi Mujid

Y así podrían citarse decenas de ejemplos de espacios de esencia 100% mediterránea, donde el ser humano ha aprendido a vivir en armonía con su entorno. Agupados en la Red de Reservas de la Biosfera Mediterráneas, buscan seguir conservando su biodiversidad, con todos los beneficios que eso conlleva: medioambientales, sociales, de salud y de desarrollo económico sostenible. Algo que, indudablemente, tiene que servir de ejemplo para todo el planeta si se quiere afrontar de manera efectiva no solo la emergencia climática, sino también la paz y la justicia, especialmente en el norte de África y el Próximo Oriente.

Porque, tal y como concluye Roser Maneja, "las reservas son laboratorios idóneos para la investigación medioambiental, sí, pero al mismo tiempo, pueden jugar un papel clave a la hora de establecer diálogos de paz y generar las condiciones necesarias para que sus habitantes no se vean empujados a jugarse la vida para buscar una oportunidad en otro continente".