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UNA HISTORIA DE CIUTAT VELLA

El bar más bohemio

Casa Almirall cumple 157 años en pleno centro del Raval

BEATRIZ PÉREZ

Imágenes del bar Casa Almirall, en la calle de Joaquim Costa, en el Raval.

Imágenes del bar Casa Almirall, en la calle de Joaquim Costa, en el Raval. / ROGER PLA

Es uno de los clásicos imprescindibles y mejor conservados de la ruta de bares de Barcelona. Casa Almirall (Joaquim Costa, 33) tiene a sus espaldas 157 años de historia. Por su ubicación en pleno centro del Raval, con la sede del sindicato CNT Catalunya (también conocido como CNT Joaquim Costa) justo delante, ha visto de todo. Sus actuales propietarios, Ramon Solé y Pere Pina, se hicieron con el negocio en 1977. Las cosas han cambiado mucho desde entonces, pese a que el Amirall sigue evocando el ambiente tranquilo y bohemio de finales del XIX.

"Cuando nosotros llegamos era una bodega que tenía clientela sobre todo del barrio. Había mucha gente mayor que venía a jugar al dominó. Hoy nuestro barrio es Barcelona", cuenta Solé. El bar Casa Almirall, que lleva por nombre el apellido de la familia que lo fundó en 1860, se divide en dos espacios separados por una mampara: el primero (en la parte delantera) corresponde a la decoración original y el segundo, con mesas bajas, butacas y cojines (decoración típica de los 70), es fruto de la adaptación de la trastienda. "Inicialmente esta parte era un almacén con cajas, se arregló para que fuese un bar", añade Solé.

Sindicalistas

Durante la guerra civil, diferentes miembros de la CNT se reunían en el Almirall. "Se cuenta la anécdota de que a una vez a un hombre, sentado en una mesa y que limpiaba la pistola, se le escapó un tiro. Por suerte, no pasó nada", añade Solé. En los años 50 y 60 acudían al bar miembros del PSUC, pero Solé matiza que "no eran reuniones clandestinas". Aun así el Raval siempre ha sido "un barrio muy de la CNT".

La calle de Joaquim Costa (hoy, corazón del Raval) no era en aquella década no era tan conocida, pues pertenecía al antiguo Distrito Quinto. "El barrio chino comenzaba más abajo, a partir de la calle del Carme", recuerda. Actualmente, Casa Almirall es uno de los bares más queridos por los barceloneses. Quizás porque "no tiene nada dirigido a turistas".

La atmósfera modernista del local, propia de la época, se ha ido adaptando a los tiempos actuales. "Vendemos bastante vermut, que se ha puesto de moda. Pero también cerveza, bebidas largas. absenta, ratafía y, a veces, botellas de Calisay", prosigue el propietario.

"Si los sofás hablaran..."

Txiqui Navarro, vecino del barrio, es un cliente histórico del Almirall, al que acude desde los años 80. "Era un bar de gente muy joven. Antes había mucha más juerga. La gente venía a la parte de atrás en plan pareja. Si los sofás hablaran...", bromea. Para él en aquellos años había dos bares de referencia: el Zeleste (en el Born, cerrado a principios del 2000) y el Almirall.

La importancia de este local para Navarro es que permite que la "estética modernista" sobreviva en Barcelona. "Era, como decirlo, un poco Gauche Divine. Venía mucha gente del mundo de la cultura, de la música, del teatro", cuenta.

Con el CCCB, el Macba y el Teatro Goya muy cerca, el Almirall aún mantiene aquel espíritu de una época irrepetible para muchos.

Temas: Bares