Veredicto

El Nobel de Química 2021 premia el arte de crear moléculas orgánicas

  • La Real Academia de las Ciencias de Suecia ha anunciado que el prestigioso galardón de este año recae en los investigadores David MacMillan y Benjamin List

  • En sus 120 años de historia, y tras más de 180 galardonados, solo siete mujeres científicas han sido destacadas con este premio

Medallas de Alfred Nobel.

Medallas de Alfred Nobel. / AFP / Jonathan NACKSTRAND

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Valentina Raffio
Valentina Raffio

Periodista.

Especialista en ciencia, salud y medio ambiente.

Escribe desde Barcelona.

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El arte de crear moléculas orgánicas (o la catálisis orgánica asimétrica, para los amigos) gana el Premio Nobel de Química 2021. Según ha anunciado este miércoles la Real Academia de las Ciencias de Suecia, el prestigioso galardón de este año recae en el investigador alemán Benjamin List (1997, Frankfurt, Alemania) y en el británico David MacMillan (1968, Bellshill, Reino Unido). Los descubrimientos de estos investigadores ponen sobre la mesa herramientas mucho más precisas y ecológicas para, por ejemplo, diseñar moléculas que puedan utilizarse como medicamentos. O para crear los materiales del futuro. O cualquier otro proceso industrial que requiera de una catálisis.

La entrega del galardón de Química concluye la parte más científica de esta edición de los Nobel. Después de que el lunes se dieran a conocer los merecedores del Premio Nobel de Medicina y el martes se hablara de los de Física, los tres reconocimientos científicos más importantes del año ya han sido entregados. Todos los premiados de este año en estas categorías son hombres, lo que ha despertado cierto malestar en una comunidad científica que intenta superar el lastre de las desigualdades de género. En la categoría de Química, de hecho, en sus 120 años de historia, y tras más de 180 galardonados, solo siete mujeres científicas han sido destacadas con este reconocimiento. Se estima que menos del 10% de las nominaciones para los Nobel científicos recaen en mujeres investigadoras.

La hemeroteca de estos galardones muestra que, en más de un siglo de historia, los Nobel han olvidado reconocer la labor de las científicas (y todos los avances que han construido (casi) desde la sombra). Las medallas entregadas en los últimos dos años abrieron una brecha de esperanza porque, por fin, parecía que las instituciones valoraban la contribución de las científicas pioneras de este campo. El año pasado, en la edición del 2020, el Nobel de Química reconoció la labor de las investigadoras Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna "por el desarrollo de un método para edición genética". Un año antes, en 2019, la Academia premió el trabajo de la estadounidense Frances Arnold, por el desarrollo de una técnica para diseñar enzimas. Cinco mujeres más, incluida Marie Curie (1911), integran esta escueta lista de mujeres galardonadas con el Nobel de Química.

Diseño eficiente de fármacos

La entrega del Nobel de Química a MacMillan y List es un premio a los hallazgos que, tras décadas de investigación, han conseguido forjar el arte de crear moléculas. Un ejemplo clave para ilustrar la importancia del trabajo de estos investigadores es el caso de la estricnina, una sustancia tóxica utilizada como pesticida y que en las noveles de Agatha Christie. La primera vez que se sintetizó este compuesto, alrededor del 1952, hizo falta generar 29 reacciones químicas para dar con esta fórmula. Se estima que solo el 0,0009 por ciento del material inicial formó estricnina. El resto se desperdició. Décadas más tarde, gracias a los hallazgos de MacMillan y List, los laboratorios pudieron crear una "reacción en cascada" para construir estricnina en solo 12 pasos. Esto implica que, en la práctica, la organocatálisis había logrado que el proceso de producción fuera hasta 7.000 veces más eficiente.

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Una de las grandes promesas que plantean estas herramientas es el diseño de medicamentos. Tradicionalmente, la síntesis de productos farmacéuticos acababa produciendo dos tipos de moléculas; el principio activo que se requería y, por otro lado, una molécula adjunta que en el mejor de los casos resultaba inocua y en el peor podía desencadenar efectos adversos. Este fue el catastrófico error que en la década de los sesenta desató el escándalo de la talidomida, un fármaco para embarazadas que causó graves deformidades a sus descendientes.

Gracias a la organocatálisis, explican desde el Comité del Nobel, ahora somos capaces de diseñar una molécula de manera más precisa y esquivar así los compuestos potencialmente nocivos. Estas herramientas, de hecho, ya se utilizan para fabricar medicamentos como la paroxetina, que se usa para tratar la ansiedad y la depresión, o el antiviral oseltamivir, usado para tratar infecciones respiratorias.