25 oct 2020

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BULOS VIRALES A DEBATE

El miedo al covid-19 dispara las teorías de la conspiración

Las falsas historias sobre el virus se viralizan con cada vez más frecuencia, como los hilos de Miguel Bosé

La falta de conocimiento sobre esta materia logra que los bulos corran más rápido que la información fiable

Valentina Raffio

Equipo de sanitarios en la uci del Hospital del Mar de Barcelona, el pasado abril.

Equipo de sanitarios en la uci del Hospital del Mar de Barcelona, el pasado abril. / FERRAN NADEU

"El conocimiento científico necesita años de investigaciones, una gran cantidad de pruebas y muchas revisiones antes de darse por aceptado. Las teorías de la conspiración, en cambio, solo necesitan una historia atractiva para prender la llama", reflexiona Joaquim Segalés, investigador dedicado en estos días al estudio del coronavirus y a la búsqueda de una vacuna que, en un futuro, sirva de escudo contra este patógeno. En estos inciertos tiempos de pandemia, las sosegadas explicaciones de los científicos chocan frontalmente con las tajantes y fraudulentas teorías que, sin entrar ni en pruebas ni en matices, afirman conocer "toda la verdad" sobre el virus. Su origen. Su cura. Su porqué. Las incendiarias declaraciones de Miguel Bosé de estos días son solo un ejemplo.

El cantante, autor de éxitos como 'Amante bandido', abandera en redes sociales la lucha contra una vacuna (que todavía no existe) supuestamente creada para lograr el "dominio global" de la población mediante el uso de microchips, nanorobots, metales tóxicos y una conexión a la red de telefonía 5G. Estos son los ingredientes de un "complot mundial" en el que participarían desde GAVI (la Alianza Internacional para la Vacunación, entidad creada para garantizar el acceso equitativo a estos medicamentos) hasta gobiernos, farmacéuticas y oenegés como la de Bill Gates. Este inverosímil relato ha sido desmentido punto por punto, criticado por múltiples expertos e incluso eliminado de plataformas como Facebook. Y, aun así, se ha convertido en un éxito viral. Algo que, según argumenta el propio Bosé en Twitter, demuestra que tiene razón.

Y eso que científicamente la teoría no se aguanta por ningún lado. Joaquim Segalés, investigador del IRTA-CReSA y profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), recuerda que si ahora mismo hay cientos de investigaciones en curso es porque todavía no se ha dado con una fórmula para la vacuna. Así que no tiene sentido hablar de contraindicaciones de algo que todavía no existe. Asimismo, el supuesto uso de nanorobots con microchips conectados a la red 5G "resulta impensable" ya que, hoy por hoy, "solo se ha logrado desarrollar prototipos en entornos de laboratorio, como nanotubos de carbono que se propulsan mediante una reacción química, siendo capaces de moverse y poco más, descartando absolutamente que puedan enviar estímulos", explica Jordi Díaz-Marcos, experto en nanotecnología de la Universitat de Barcelona (UB). De ahí que, por ahora, sería imposible introducirles un microchip (algo demasiado grande) y lograr que se conecten a una señal (algo demasiado complejo).

Pero, para los seguidores de estas teorías de la conspiración, incluso estas explicaciones forman parte del complot, por lo que la batalla dialéctica solo sirve para reafirmar su postura. ¿Entonces cuál es el camino para luchar contra la desinformación? La respuesta es más compleja de lo que parece.

El miedo, la incertidumbre y el boom de estas teorías 

Las teorías sobre un supuesto complot global contra la salud pública llevan décadas gestándose en los submundos de internet e, indirectamente, en el imaginario colectivo. La pandemia de covid-19 no ha hecho más que convertir las chispas hasta ahora aisladas en un gran incendio de desinformación. "En estos días la gente ha estado en casa con mucho tiempo libre pero también por mucho miedo a lo que podía pasar. Científicos y autoridades sanitarias se han ido contradiciendo, como es normal en una situación así, pero han acabado creando un gran desconcierto. El miedo y la incertidumbre son un campo abonado para charlatanes, bulos y estafas", explica Vicente Prieto, biólogo y presidente de Círculo Escéptico.

La trama de "la verdad que no quieren que sepas" ha acabado convenciendo a muchos por su retórica, no por sus argumentos. "Estas historias resultan muy persuasivas porque llegan por lo emocional", explica Emilio Molina, vicepresidente de la Asociación para Proteger al Enfermo de Terapias Pseudocientíficas (APEPT).  "Para muchos resulta más tranquilizador creer que hay un enemigo definido (por ejemplo un complot) que entender que vivimos en un mundo hipercomplejo, del que desconocemos muchísimas cosas y en el que fenómenos así pueden ocurrir sin control alguno. El problema es que una vez entrados en esta lógica corremos el riesgo de alejarnos totalmente de la realidad", argumenta. En estos casos, la fe en una paranoia puede convertirse en una fuente de malestar.

"El miedo y la incertidumbre son un campo abonado para charlatanes, bulos y estafas"

Vicente Prieto

Presidente de Círculo Escéptico

El debate sobre la veracidad de los 'caballos de Troya'

La clave del éxito de bulos, falacias y teorías de la conspiración es su premisa engañosa. "Muchos de estos discursos tienen una parte de verdad que se utiliza como un caballo de Troya para colar toda una serie de especulaciones y mentiras", argumenta Carlos Mateos, coordinador de la iniciativa 'Salud sin bulos'. Asimismo, "en muchos casos se difunden por WhatsApp donde, a diferencia de lo que puede ocurrir en otras redes sociales, el mensaje te llega directamente a ti y de alguien de confianza, y no siempre con mala intención. Ahí es todavía más complicado entablar un debate sobre la veracidad del contenido", comenta Mateos. De ahí que, en este confuso contexto, toda prueba que se aporte para refutar una conspiración es vista como parte de la misma.

Las teorías sobre el 'misterioso origen' del SARS-CoV-2, por ejemplo, parten de la premisa de que los científicos todavía no saben con total exactitud de qué animal(es) ha saltado este patógeno. Esta incertidumbre se ha utilizado para especular sobre el supuesto 'origen humano (e intencionado) del virus' que, según argumentan algunos, habría sido creado por un laboratorio de Wuhan. O por Bill Gates. O por Estados Unidos contra China. O por los gobiernos para controlar a la humanidad, como sostiene Bosé. Y eso que, hoy por hoy, el genoma del virus ha sido secuenciado miles de veces en todo el mundo y, tal y como explican los expertos, no se ha encontrado ningún indicio de 'fabricación humana'. Todo apunta a que es fruto de mutaciones naturales e impredecibles, aunque todavía no esté clara la cadena de saltos.

"Muchos bulos tienen una parte de verdad que se utiliza como un caballo de Troya para colar otras mentiras"

Carlos Mateos

Coordinador de Salud sin Bulos

La semilla de la desconfianza

El problema de estas falsas teorías no es si se cree en ellas o no. Si no la "semilla de la desconfianza" que plantan y que, con el tiempo, puede hacer que una persona acabe desconfiando de todo lo que digan las fuentes oficiales, sean estas médicos, científicos o autoridades sanitarias. "Los promotores de estas teorías utilizan tácticas típicas de las sectas. Dicen que solo ellos disponen de la verdad. Que son más despiertos que el resto. Que todo lo que viene de fuera es mentira", explica Molina, también vocal de la red de prevención sectaria y de abuso de la debilidad (RedUNE). No es de extrañar, pues, que "muchos grupos conspiranoicos acaban conectándose, como los terraplanistas con algunas ramas de las pseudoterapias que también defienden una verdad más allá de lo oficial. Estos grupos se retroalimentan y, además, expulsan a todas las voces críticas con sus ideas", argumenta Prieto.

Pero si esta semilla de la desconfianza brota es gracias (o por culpa) de dos abonos. En primer lugar, el miedo. Y, en segundo lugar, la falta de cultura científica básica. Cuanto más desconocimiento científico haya sobre una cuestión, más fácil es que se acaben aceptando teorías inverosímiles. "Si no sabes qué son y cómo funcionan las ondas electromagnéticas es más fácil que te cuelen el miedo sobre el 5G, aunque hace años que se utilizan parte de sus frecuencias y no hay nada que demuestre su supuesto efecto adverso", recuerda Molina. "La ciencia pide explicaciones reflexionadas y en profundidad para que algo cobre sentido. La ciencia-ficción, en cambio, solo pretende encajar las piezas de manera superficial. Si hubiera un mínimo de conocimiento básico ya se vería desde lejos que estas teorías no se sostienen científicamente", comenta Segalés.

"Los promotores de estas teorías utilizan tácticas típicas de las sectas. Dicen que solo ellos saben la verdad"

Emilio Molina

Vicepresidente de la APEPT

La batalla dialéctica por el relato

Conspiranoicos y fact-checkers parten, paradójicamente, de la misma premisa: el pensamiento crítico. Es decir, de la duda como actitud. La manera de aplicarlo, sin embargo, acaba llevando a unos extremos irreconciliables. ¿Entonces qué sentido tiene desmentir bulo por bulo si quienes creen en ellos no van a cambiar de opinión? "Hay gente que es inmune a cualquier tipo de razonamiento contrario a su doctrina. Pero también hay mucha gente indecisa que necesita información clara y fiable. Si no hubiera réplica a estas teorías, lo único que encontraría alguien que busca informarse sobre el tema es el relato falso", argumenta Mateos.

"Yo siempre digo que 'no quiero que me creas a mí' sino que pienses críticamente, que te informes, que razones, que busques pruebas. No siempre podemos estar ahí para desmentir todos los bulosNecesitamos que la gente desarrolle herramientas para poder hacerlo por sí misma", reflexiona Prieto. Esta lección cobra todavía más importancia a la luz de la famosa Ley de Brandolini según la cual "la cantidad de energía necesaria para refutar una idea falsa (o de mierda) es un orden de magnitud superior que para producirla". Así que, dado que es más fácil crear un bulo que desmentirlo, toca empezar a desmontarlos desde abajo.