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Investigación polémica

Científicos y el Gobierno chino dan la espalda al biólogo que ha modificado los genes de dos bebés

He Jiankui estaba preparado para las críticas, aclaró, pero es dudoso que intuyera la lapidación global a la que ha sido sometido

Adrián Foncillas

El doctor He Jiankui, reflejado en un panel mientras trabaja con el ordenador.

El doctor He Jiankui, reflejado en un panel mientras trabaja con el ordenador. / MARK SCHIEFELBEIN (AP)

He Jiankui está solo. Abandonado por su universidad, sus colegas y su país desde que ayer anunció el nacimiento de los primeros bebés con ADN modificado. Estaba preparado para las críticas, aclaró, pero es dudoso que intuyera la lapidación global. No es raro que los avances médicos generen anticuerpos. Cuarenta años atrás, cuando nació la primera niña probeta, muchos defendían que la ciencia no debía dar hijos a quienes la naturaleza se los negaba, la Iglesia católica no demoró su condena y el informe Warlock, redactado por médicos, recomendaba reservarla sólo a parejas estables. El tiempo dirá si He fue un pionero o un Frankestein tronado e inmoral. El biólogo chino, quien vaticinó que su hallazgo empequeñecería a la fecundación in vitro, quizá confíe en el juicio de la Historia para soportar su desolador presente.

Los indicios no abocan al optimismo. El Gobierno chino, que aliña con pompa los avances científicos patrios, se ha desmarcado. La Comisión Nacional de Salud ha ordenado una “profunda investigación y verificación” de su estudio. La máxima autoridad médica tiene la potestad de detener cualquier experimento si atenta contra la ética o la seguridad sanitaria. Sus responsables sostienen que  desconocían el trabajo de He y que su publicación en internet les dejó tan atónitos como al resto, según la prensa nacional.

Violaciones del código ético

También la Universidad de Ciencia y Tecnología del Sur de Shenzhen ha alegado ignorancia. El centro acusó ayer a He de serias violaciones del código ético y de conducta y afirmó que desarrolló su trabajo durante una baja no remunerada. “La universidad solo autorizó experimentos con animales. Si nos lo hubiera planteado, lo habríamos discutido”, ha revelado Chen Yonglong, subdirector del comité ético de la universidad, al diario hongkonés South China Morning Post. También la Comisión de Planificación Familiar y Salud de Shenzhen, la ciudad sureña donde se ubica el centro, examinará si violó los parámetros éticos.

La manipulación genética de embriones está prohibida en Estados Unidos y Europa. China ha aprobado directrices éticas que impiden su implantación en animales y humanos con fines reproductivos pero los expertos subrayan las lagunas legales que permiten el desarrollo del sector. China fue pionera en el 2016 en inyectar células genéticamente modificadas a un paciente con cáncer de pulmón avanzado y está elaborando el mayor registro de ADN del mundo.

Tampoco hallará consuelo He en sus colegas. Una carta firmada por 120 científicos chinos califica el trabajo de He de “locura” y pide leyes más estrictas. “La Caja de Pandora ha sido destapada pero aún tenemos una oportunidad para cerrarla antes de que suceda lo irreparable”, piden. También juzgan injusto que He arrastre al lodo a los científicos chinos “diligentes, innovadores y que aplican los principios éticos básicos”. Otro carta firmada por 40 abogados exige que se investigue las posibles violaciones de la ley y piden a las autoridades sanitarias que protejan a las gemelas.

He reveló su trabajo en la víspera de la segunda edición de la Conferencia Internacional de Manipulación del Genoma Humano. Empieza hoy en Hong Kong y terminará el jueves con un manifiesto conjunto sobre sus límites éticos y cómo regular su práctica. Es previsible que la intervención de mañana de He empuje a un cónclave científico de abstrusa terminología a las portadas globales. También era previsible a estas alturas que David Baltimore, presidente de la conferencia, no supiera del trabajo de He. “No tengo ni idea de lo que hablará ni qué temas tratará”, ha reconocido.

El científico chino desveló ayer que había ayudado a que nacieran los primeros niños con el ADN alterado del mundo para evitar la infección del virus del sida. He experimentó con un grupo de parejas en las que el hombre es seropositivo. Separó los espermatozoides del esperma, donde acecha el HIV, antes de fecundar un embrión. Cuando estos tenían entre tres y cinco días, extrajo unas cuantas células para ser editadas mediante la técnica CRISPR, una herramienta que permite el corta-pega de la secuencia de ADN con extrema precisión. Las gemelas, nacidas semanas atrás,“se encuentran tan sanas y seguras como el resto de bebés”, aclaró el biólogo.

Manipulaciones genéticas

También anticipó el debate ético. “Entiendo que mi trabajo será controvertido pero creo que las familias necesitan esta tecnología y estoy dispuesto a soportar las críticas por ellos”.

La comunidad científica global le afeó la forma y el fondo. Su presentación en vídeos colgados en Youtube impide la fiscalización del gremio. Algunas voces dudan incluso de que haya logrado lo que clama. Pero las recriminaciones éticas eclipsaron pronto cualquier violación de la liturgia procedimental. La manipulación de un embrión podría ser heredada por futuras generaciones y afectar a toda la cadena genética, recordaron. Los embriones, además, estaban sanos, por lo que su trabajo se acerca más a la mejora genética que alumbró la eugenesia que a la curación de una enfermedad.

El escándalo ha recuperado aquella distopía que vislumbraba Stephen Hawking en un mundo de manipulaciones genéticas sin bridas: la creación de superhumanos causará problemas políticos sobre la gestión del resto de los hombres, que no podrán competir y probablemente se extinguirán o se convertirán en irrelevantes. “Se formará una raza de seres autodiseñados que irán mejorando a un ritmo cada vez más alto”, vaticinó.

Temas: China