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ARQUEOLOGÍA

El 'big data' redibuja las redes comerciales del imperio romano

Un estudio dirigido desde la UB demuestra que el aceite y el vino de la Bética llegaban por mar a Germania

Ernest Alós

La ruta del vino y el aceite de la Bética de Gades a Maguncia.

La ruta del vino y el aceite de la Bética de Gades a Maguncia.

El ‘Big data’, el análisis e interpretación de inmensas cantidades de información en bruto, permite analizar tendencias actuales, abre inmensas dudas sobre el futuro… pero también sirve para desentrañar incógnitas del pasado. Como, por ejemplo, cuáles eran las rutas y flujos comerciales del imperio romano. Un trabajo conjunto de historiadores, matemáticos, informáticos y físicos expertos en redes complejas, liderado por el catedrático de la Universitat de Barcelona (UB) José Remesal, ha concluido, por ejemplo, que el camino que seguía el aceite, el vino y las salazones de la Bética hasta el norte de Europa no era el que hasta ahora se creía. O por dónde se distribuía el peleón vinacho layetano que se producía en la antigua Barcino.

La conclusión más destacada presentada en rueda de prensa por los responsables del estudio, publicado en la revista ‘Journal of Archaeological Science’, es desmentir la supuesta ruta de distribución de las ánfora con productos de Hispania hasta Germania, que según los arqueólogos (sobre todo los franceses) se transportaban en barco por el Mediterráneo hasta llegar a las bocas del Ródano, remontaban el río, se descargaban por vía terrestre hasta cargarlas en otros barcos que descendían por el Rhin y/o el Mosela hasta el Mar del Norte.

Según Remesal (y según el ‘big data’), de eso, nada. Los datos acumulados sobre la distribución de las ánforas con sellos y productos de la Bética trazan otra ruta marítima desde Cádiz, doblando desde Galicia  hasta Bretaña (el faro de Hércules de La Coruña no se construiría para los pescadores locales, apunta) o bien costeando, hasta la isla de los bátavos, una gran factoría distribuidora que hoy en día debe estar enterrada en algún lugar de Holanda. Desde allí, los productos remontaban río arriba hasta Maguncia. Las colonias romanas donde se han encontrados más ánforas béticas son, por este orden, Xanten (el gran campamento de Castra Vetera; las redes de suministramiento de las legiones podían tejer rutas de miles de kilómetros), Nimega y Colonia.

La vía tradicional no se sostiene, añade: las grandes ánforas de aceite, de 100 kilos cada una, reclamaban barcos que no podían remontar todo el Ródano, e ir cargando y descargándolas, de barco a barcaza y de barcaza a mula, no es lo más práctico: supondría 200 días de viaje, frente a los 22 de la vía marítima. El Ródano sería utilizado, eso sí, para la distribución, más local, de aceite y vino (allí sí que llegaría el layetano) a Provenza y la Galia Lugdunense. Y, evidentemente, los productos de la Bética y la Tarraconense también llegaban por vía marítima a Roma.

Proyecto ambicioso

La investigación dirigida por Remesal se ha llevado a cabo en el marco del proyecto europeo Producción y Distribución de Alimentos durante el Imperio Romano, subvencionado por el Consejo Europeo de Investigación. La investigación ha acumulado un millón de datos (grabados sobre la procedencia, fabricante, contenido y forma) de 43.000 restos de ánforas, agrupados en la base de datos del Centro para el Estudio de la Interdependencia Provincial en la Antigüedad Clásica (CEIPAC) de la UB.  En el análisis de estos datos ha participado el equipo de física estadística de la UB PhysComp, el Barcelona Supercomputing Center y la consultora SIRIS Academic.

Las investigaciones podrán seguir ampliándose en el futuro a nuevos campos de estudio a medida que hasta una cuarentena de bases de datos se vayan integrando en el proyecto Roman Open Data, que de momento incluye la bases de datos del CEIPAC, la de personajes históricos de la Universidad de Heidelberg y al de formas de ánforas de la Universidad de Southampton.

Temas: Arqueología

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