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ESTUDIO EN LA REVISTA 'SCIENCE'

Los bebés razonan antes de aprender a hablar

Un estudio demuestra que entre los 12 y los 19 meses ya son capaces de elaborar deducciones lógicas

La investigación concluye que el origen del razonamiento no depende del lenguaje o de la educación

Valentina Raffio

Luca Bonatti y Ana Martín, investigadores de la Universitat Pompeu Fabra, en el laboratorio donde se desarrollan sus experimentos. 

Luca Bonatti y Ana Martín, investigadores de la Universitat Pompeu Fabra, en el laboratorio donde se desarrollan sus experimentos.  / RICARD FADRIQUE

El funcionamiento de la mente humana sigue siendo, a día de hoy, un misterio. Una de las preguntas más interesantes que se plantean en este ámbito es el origen de nuestra capacidad de pensamiento. Esta cuestión se ha situado al centro de muchos estudios, en los cuales se especulaba sobre aquellos elementos que contribuían a formar nuestra mente. Hasta hoy, una de las principales hipótesis es que el proceso de razonamiento es un producto directo del lenguaje y de la educación. Un estudio publicado en Scienceliderado por la Universitat Pompeu Fabra (UPF), plantea que no solo adquirimos la capacidad de razonar antes de lo que se creía, sino que esto tiene lugar incluso antes de aprender a hablar.

El estudio concluye que las habilidades de razonamiento aparecen en etapas muy tempranas del desarrollo, sugiriendo incluso que algunos procesos lógicos tienen lugar en los bebés que aún no han empezado a hablar. Ana Martín, investigadora de la UPF y autora del estudio, destaca: "Hemos encontrado lo que se denominan en inglés building blocks, es decir, las unidades fundamentales sobre las que se construyen pensamientos más complejos". Tradicionalmente, se había considerado que las habilidades de pensamiento complejas estaban relacionadas directamente con la adquisición del lenguaje y luego con la educación formal.

En este sentido, se creía que la capacidad de razonamiento se adquiría de forma muy paulatina desde el momento mismo en que empezamos a hablar hasta prácticamente la adolescencia. Debido a este enfoque, esta facultad siempre se había estudiado en adultos mediante tareas lingüísticas. Martín añade: "Al no poder separar esta facultad del lenguaje, hasta ahora no sabíamos muy bien de qué manera funcionaba nuestro razonamiento y, sobre todo, de dónde salía. En el estudio nos hemos centrado en niños que aún no han adquirido la capacidad del habla, lo que nos permite estudiar el fenómeno del razonamiento en su estado más puro".

El experimento

La investigación, liderada por el Grupo de Investigación en Razonamiento y Cognición Infantil (RICO) de la UPF y de ICREA, ha tomado como punto de partida niños y niñas de entre 12 y 19 meses. En esta etapa de su desarrollo, los infantes aún no han adquirido la capacidad del habla ni han estado expuestos a entornos educativos, lo que para muchos significaba que eran incapaces de razonar de manera lógica ni intuitiva.

En la prueba, los niños respondían con cara estupefacta si el resultado no era el esperado

Para hallar el origen del razonamiento, los investigadores expusieron a los bebés a un experimento para analizar su reacción ante una serie de estímulos. En una pantalla se mostraban dos elementos diferentes, en su esencia, pero con alguna similitud. Es el caso, por ejemplo, de una pelota y una flor con la parte superior de la misma forma y color. En un determinado momento, ambos objetos quedaban cubiertos por una barrera y, uno a uno, eran mostrados gracias a la acción de una taza. Según la lógica, si primero se muestra la pelota, en segundo lugar deberá aparecer la flor. Sin embargo, cuando esto no ocurría tal y como dicta nuestra razón, los niños y niñas se mostraban estupefactos con la incoherencia del resultado. 

El estudio, liderado por Nicoló Cesana-Arlotti y publicado en la revista Science, no destaca tan solo por la introducción de nuevas técnicas, sino por el cuestionamiento de teorías que parecían estar ya establecidas. Los investigadores, mediante la técnica del eyetrackinganalizaron el recorrido visual de los participantes y la dilatación de sus pupilas, considerada como una muestra de esfuerzo cognitivo.

Indicios de razonamiento

Esta técnica, basada en unos sensores posicionados a un lado de las pantallas, permite saber hacia qué parte de los monitores los niños y niñas dirigen la mirada, además del tamaño y variación de sus pupilas en intervalos de 16 milisegundos. En el planteamiento del experimento, cuando los participantes hallaban un resultado que no era el esperado, se podía observar un patrón específico de dilatación de la pupila y de exploración de la pantalla. Muchos de ellos, mostraban gran sorpresa al encontrarse con un resultado diferente al esperado. En este sentido, Martín añade: "Es la primera vez que hemos podido observar en tiempo real el proceso de razonamiento en bebés".

Para los investigadores, analizar el proceso se planteaba como un reto en sí. La base del desafío era poder encontrar escenas sencillas, breves y que pudieran captar completamente la atención de los niños de entre 12 y 19 meses. De alguna manera, las escenas se planteaban como un problema en sí mismo. Por lo tanto, al observarlas, los participantes debían plantearse unas premisas, generar unas hipótesis, elaborar unas deducciones y validarlas.

En esta misma línea, Justin Halberda, de la Johns Hopkins University (Estados Unidos), comenta: "Algunos psicólogos evolutivos sugieren que, en cierta manera, los infantes pueden ser entendidos incluso como pequeños científicos dibujando hipótesis sobre objetos y causas". En este sentido, Martín añade: "Lo más importante es plantear escenas donde los niños y niñas no sepan que están haciendo tareas de razonamiento lógico, igual que pasa con los estudios centrados en adultos". Por otro lado, la investigadora añade: "Lo que nos interesaba es analizar cómo son estas estrategias de elaboración del razonamiento más allá de las diferencias entre niños y adultos. Hemos concluido que los patrones son muy similares, aunque haya diferencias temporales".

El siguiente paso

Lejos de zanjar el debate sobre el origen del razonamiento, el estudio plantea nuevas preguntas para futuras investigaciones. Ana Martín añade: "Seguimos sin saber de qué manera razonan los bebés, ya que sigue siendo un tema bastante complejo. No sabemos cómo hacen testing de las hipótesis, cómo representan la información en sus mentes o cómo comprenden el fenómeno que están observando". Para los investigadores, el siguiente paso será seguir indagando sobre las capacidades cognitivas humanas.

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