29 oct 2020

Ir a contenido

YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO

El Abric Romaní reconstruye 70.000 años de vida neandertal

Los trabajos, iniciados en 1983, están llegando a estratos con ocupación humana cada vez más antiguos

Antonio Madridejos

Excavaciones durante la campaña de este año en el yacimiento del Abric Romaní, en Capellades (Anoia).

Excavaciones durante la campaña de este año en el yacimiento del Abric Romaní, en Capellades (Anoia). / ANTONIO MADRIDEJOS

Durante un periodo muy prolongado, entre hace 39.000 y posiblemente 110.000 años, clanes neandertales ocuparon lo que hoy en día se conoce como Abric Romaní, un saliente de una montaña en el actual municipio de Capellades (Anoia) al que acudían para guarecerse de la lluvia y del sol y que además les permitía descansar a recaudo de las fieras. En definitiva, un buen lugar para pasar una temporada. "No era un campamento fijo porque los neandertales eran nómadas, pero sí venían muchas veces y lo utilizaban como casa", resume Palmira Saladié, investigadora del IPHES (Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social, en Tarragona) y codirectora de las excavaciones en el Abric Romaní.

Todo aquel trasiego de personas que conversaban al lado de una hoguera, cuidaban de sus pequeños, comían juntas y fabricaban utensilios para cazar, entre otras muchas actividades, dejó una herencia en forma de piedra talladas, huesos de animales y restos de leña quemada. El Abric Romaní ofrece por tanto una visión completa de la vida neandertal en un prolongado periodo del Pleistoceno superior, una época caracterizada por un clima más frío que el actual, con bosques de pino albar en los que vivían ciervos, caballos y uros. "Todo lo que encontramos es importante", destaca Gema Chacón, también codirectora y arqueóloga del IPHES. "Una sola piedra quizá no te dice nada, pero todas juntas te dicen mucho".

Una sorpresa en cada nivel

 "El yacimiento nos da una sorpresa en cada nivel de excavación", prosigue Saladié. Los niveles son las capas de tierra -sedimentos arrastrados por la lluvia- que se acumularon con posterioridad a una ocupación y que ayudaron a la preservación de los restos. Cuanto más profundo se excava, más antiguos son. Desde 1983, cuando el equipo de Eudald Carbonell inició los trabajos en el Abric Romaní, se han retirado unos nueve metros de tierra. El estrato analizado en la campaña del 2017, que concluyó el jueves pasado, tiene una edad estimada de 60.000 años, pero diversos sondeos confirman que hay señales de ocupación humana hasta una profundidad equivalente a 110.000 años, según explica Chacón. Habrá que seguir bajando. 

Los grupos nómadas ocupaban la zona para guarecerse y aprovechar los recursos alimentarios. Pasaban una temporada, se iban y regresaban al cabo de un tiempo

"Este año hemos recuperado unas 5.000 piezas y en todo el nivel -llamado Q, de 250 metros cuadrados de superficie- hay unos 12.000 restos", relata Saladié. Son tantas las piezas que en la última campaña apenas se ha podido bajar cinco centímetros. "Somos muy meticulosos con el pincelito debido a la riqueza del nivel", bromea la codirectora.

Chacón muestra entonces la 'cosecha' de este año: infinidad de pequeñas piezas talladas, cada una con un registro que indica el lugar y la profundidad de su localización. "Son todo objetos intencionales -comenta-.  Hay una serie de características que solo pueden haberse obtenido mediante talla". Además, prosigue la arqueóloga, cada piedra afilada tenía su utilidad: unas se empleaban para despellejar, otras para cazar, otras para cortar...  Los neandertales utilizan las piedras duras que encuentran en el entorno, especialmente de cuarzo y sílex. También hay numerosos restos de huesos de animales, muchos con muestras de haber sido quemados-cocinados.

Una de las zonas de excavación del Abric Romaní, en Capellades. En la última campaña se ha trabajado en un nivel con 60.000 años de antigüedad /A. MADRIDEJOS

La herencia más visible son, no obstante, los restos de leña carbonizada procedentes de los numerosas hogares que se encendieron para dar calor, protegerse por la noche o cocinar. "Tenían un gran dominio del fuego -dice Saladié-. Posiblemente hasta los niños eran capaces de encenderlo". Fue un factor clave en lo que los científicos llaman "socialización". Los clanes familiares, formados por una docena de individuos, se reunían para intercambiar conocimiento. A veces, en momentos de abundancia de recursos naturales, se agregaban grupos y se acaba produciendo intercambio genético. "Los neandertales tenían grandes capacidades cognitivas. Por ejemplo, a la hora de cazar planificaban los métodos para dar con las presas", dice Saladié. En busca de recursos alimentarios, hacían desplazamientos por diversos abrigos y cuevas de la comarca -se han encontrado piedras de sílex recogidas a unos 30 kilómetros de distancia- y volvían al cabo de un tiempo.

Sin restos humanos

Lo que no se ha encontrado nunca en el Abric Romaní, uno de los yacimientos neandertales más ricos de Europa, son restos óseos humanos. Saladié, en cualquier caso, comenta que nadie deja a sus muertos, los cadáveres, junto al lugar donde se come y se duerme. Tampoco hay constancia de que se practicara canibalismo. Y luego, por supuesto, ha habido un poco de "mala suerte". "No hemos encontrado ni un diente de leche", se lamenta Saladié.

Un recorrido divulgativo de 1,1 kilómetros, el próximo junio

Raül Bartrolí, técnico de Patrimonio del Ayuntamiento de Capellades, explica que la próxima primavera, a más tardar en junio, se inaugurará un recorrido cultural y divulgativo que tendrá como eje el Abric Romaní. Se tratará de una ruta de 1,1 kilómetros que visitará diversos abrigos próximos y que contará con carteles explicativos sobre la geología de la zona, la vida de los neandertales y los trabajos arqueológicos. El recorrido, que se podrá realizar individualmente o mediante grupos guiados, ya tiene la financiación necesaria, aportada por el ayuntamiento, la Diputación de Barcelona y la Generalitat de Catalunya.  Incluirá también un bar y tienda de recuerdos. Todo ello es, además, el germen del esperado museo del yacimiento, "que se retrasa por falta de presupuesto", lamenta Bartrolí. "Al menos ya tenemos la reserva del espacio para cuando llegue el dinero", concluye Bartrolí.

Temas Arqueología