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CONTROVERSIA CIENTÍFICO-FILOSÓFICA

Genealogía del homicidio

Un estudio estima la incidencia de la violencia a lo largo del árbol evolutivo humano

El trabajo reaviva el debate sobre el origen innato o ambiental de la agresividad

Michele Catanzaro

Dos lobos peleando en el zoo de Zúrich.

Dos lobos peleando en el zoo de Zúrich. / periodico

Un estudio español que estima la incidencia de la violencia letal a lo largo de la evolución de los mamíferos ha desatado una controversia sobre la naturaleza de la agresividad. El trabajo tasa el nivel de violencia mortífera que los primeros 'Homo sapiens' ejercieron sobre otros miembros de su especie: aproximadamente un 2% (dos de cada 100 muertes eran homicidios). A lo largo de la historia, la humanidad se habría alejado de esta cota, por arriba en la edad media y por debajo en la edad contemporánea.

El estudio, publicado en la revista 'Nature por investigadores de Almería, Granada, Valencia y Madrid, ha entrado de lleno en el antiguo debate sobre el origen heredado o ambiental de la violencia.

“Es un trabajo muy profundo, una manera del todo nueva para averiguar si la tendencia hacia la violencia es innata”, comenta Mark Pagel, biólogo evolutivo de la Universidad de Reading (Reino Unido). “Tiene falacias lógicas -rebate Agustín Fuentes, antropólogo de la Universidad de Notre Dame (EEUU)-. Nada vende tanto como las explicaciones naturalistas de violencias terribles”. “Yo no tengo una opinión formada sobre la violencia: hemos aportado una manera para poner a la prueba ciertas afirmaciones”, responde José María Gómez, investigador de la estación Experimental de Zonas Áridas de la Universidad de Granada y coautor del artículo. 

Las estructuras sociopolíticas complejas tendrían menos agresiones mortales

Las estructuras sociopolíticas complejas tendrían menor tasa de agresiones mortales

La tasa de violencia letal que caracterizaría a los humanos primordiales (2%) es muy inferior a estimaciones anteriores (entre el 15% y el 25%) que empujaron a investigadores como Stephen Pinker a decir que, no obstante las guerras y la represión, cualquier Estado es "menos violento que las bandas y tribus tradicionales". La visión de José María Gómez es más compleja. "A mayor complejidad político-social, menos violencia, independientemente de la forma política y del momento histórico", explica. Sin embargo, según Alan Fiske estos cambios invalidarían el hallazgo principal del trabajo. "Los niveles de violencia varían a lo largo de la historia y entre poblaciones. Dependen tanto de la cultura que no tiene sentido calcular un nivel natural resultante de la evolución", afirma. "Aunque hubiéramos descubierto que la violencia está determinada genéticamente, que no es lo que descubrimos -puntualiza Gómez-, en todo caso somos animales culturales y podemos cambiarlo: lo que es y lo que debe ser son dos cosas distintas".

El trabajo se basa en datos sobre 4 millones de muertes en un millar de especies de mamíferos, sacados de estudios biológicos, excavaciones arqueológicas, registros y estadísticas. La novedad es que se les aplican métodos filogenéticos, los empleados para reconstruir árboles evolutivos. “Son los mismos que se usan para inferir el tamaño de las alas de ancestros de especies actuales”, explica Gómez. Lo que se infiere en este caso es la violencia letal: la tasa de muertes causadas por un miembro de la misma especie de la víctima (homicidios, infanticidios, canibalismo, guerras, etcétera).

MAYOR EN ESPECIES SOCIALES

El trabajo atribuye al ancestro común de los mamíferos un nivel de 0.3%. Este nivel tiende a subir en las ramas evolutivas que llegan al humano: 1,1% en el ancestro común de primates y roedores y 1,8% en el de los grandes simios. El 'Homo sapiens' se habría estrenado con un 2%. Especies en ramas cercanas (por ejemplo, los grandes simios) exhiben niveles comparables. La violencia es mayor en las especies sociales y territoriales: la causaría la cercanía y la competición por los recursos.

La calidad de los datos es el primer punto de debate. “Son parciales, porque son difíciles de obtener”, apunta Ignacio Morgado, psicobiólogo de la Universitat Autònoma de Barcelona, que sin embargo alaba el trabajo. “La violencia letal es el resultado de muchos tipos de agresión -desde la de una loba que defiende sus lobeznos hasta la de un soldado-, y no es correcto juntarlos”, observa Fuentes. Gómez está trabajando en aportar más datos y en diferenciar entre tipos de violencia.

Sin embargo, la mayor controversia rodea a la idea de que los humanos habrían heredado la violencia desde sus ancestros evolutivos. Así interpreta Pagel el trabajo. “Hemos emergido de un linaje que tiende a usar más violencia que los otros mamíferos: lo más probable es que hayamos heredado una tendencia innata”, explica. Alan Fiske, antropólogo de la Universidad de California, no comparte este punto de vista. “La evolución no funciona de manera lineal. Especies cercanas tienen adaptaciones contrastadas. Por ejemplo la violencia es muy distinta en bonobos y chimpancés so [0,68% y 4,5% respectivamente]”, afirma. “¡Nuestro trabajo no aporta nada sobre la determinación genética de la violencia!”, rebate Gómez. “El nivel de violencia que encontramos es una mezcla de factores genéticos, ecológicos, conductuales y sociales”, concluye.

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