ESTUDIO DE LA UAB Y EL CRESA

Probada con éxito una vacuna contra el coronavirus MERS

Los dromedarios, principal reservorio de la enfermedad, pierden la capacidad de contagio

En los últimos tres años han muerto 584 personas, la mayoría en Oriente Próximo

 Los dromedarios del experimento, en las instalaciones del IRTA-CReSA

 Los dromedarios del experimento, en las instalaciones del IRTA-CReSA / IRTA-CRESA

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ANTONIO MADRIDEJOS / BARCELONA

A finales del año de pasado, unos inesperados huéspedes accedieron a las cámaras de biocontención del Centre de Recerca en Sanitat Animal (IRTA-CReSA), en el campus de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). Eran ocho dromedarios canarios participantes en un estudio internacional encaminado a lograr una vacuna contra el MERS, siglas en inglés de síndrome respiratorio por coronavirus de Oriente Medio, una grave enfermedad infecciosa que afecta a más de 20 países y que en los últimos tres años se ha cobrado más de medio millar de víctimas humanas.

El resultado ha sido exitoso: "Hemos logrado reducir al máximo la carga del coronavirus, al nivel de impedir la infección", resume Joaquim Segalés, profesor de la UAB e investigador del IRTA-CReSA. Los dromedarios no sufren la enfermedad -en ellos se manifiesta como un simple resfriado-, pero sí son el principal reservorio del peligroso virus y el vector fundamental de transmisión a humanos. "Y en muchos países de Oriente Medio -prosigue Segalés-, los camélidos son animales domésticos con un papel clave en la economía". 

Los resultados de la investigación, publicados en la revista 'Science', muestran que la vacuna "reduce el contagio entre animales y de animales a humanos", comentan los autores del trabajo. En la investigación, coordinada por el Centro Médico Erasmo, de Rotterdam (Países Bajos), han colaborado también diversos institutos de Alemania y Holanda. Además de Segalés, por parte del IRTA-CReSA han participado asimismo Albert Bensaid y el responsable de la Unidad de Biocontención del centro, David Solanes, así como personal técnico de la misma unidad.

Mortalidad en humanos del 35%

El virus del MERS se aisló por primera vez en el 2012 en Arabia Saudí en un varón de 60 años. La enfermedad, que se manifiesta normalmente en forma de fiebres, tos y dificultades respiratorias, aunque también puede causar neumonía, tiene una tasa de mortalidad del 35%. Desde el 2012, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se han registrado 1.621 casos confirmados de 26 países, con al menos 584 muertos, la mayoría en Oriente Próximo. Frenar la transmisión desde los animales es clave, pero los investigadores trabajan ya en la puesta a punto de una vacuna para humanos basada en el mismo principio.

El contagio a humanos parece producirse a través de las secreciones nasales de los animales, por contacto o vía aérea. No obstante, la mayoría de casos humanos de MERS se han atribuido al contagio entre personas. La enfermedad es grave, pero el contagio "no es fácil", en palabras de Segalés. En la especie humana, el virus infecta las partes más profundas del pulmón, y se produce por un contacto muy directo sin la protección adecuada o por la dispersión mediante ventilación mecánica. "Por este motivo -prosigue-, uno de los ámbitos donde se produce más contagio entre personas es el hospitalario".

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El virus MERS-CoV es un coronavirus de la misma familia que el SARS -muy conocido por los estragos causados en Asia oriental- que se aloja generalmente en las vías respiratorias superiores -nariz, laringe, faringe y tráquea- de los camélidos (camellos y dromedarios). Los animales suelen desarrollar una afectación leve, con mucosidad abundante, pero son portadores.

La estrategia de la vacuna es "antigua", como dice Segalés: "Un virus atenuado que se hace servir como vector". Los investigadores han probado en ocho dromedarios (cuatro vacunados y cuatro no vacunados) la eficacia protectora de la vacuna MVA-S, basada en un 'orthopoxvirus' que expresa la proteína de la espícula (una proteína) del MERS-CoV.