EL TOURMALET

Las dos mil vallas de La Pobla de Segur

La fisonomía de los pueblos cambia cuando sale una carrera ciclista como la Volta

El pelotón, justo en el instante en el que se da la salida a la quinta etapa de la Volta 2021 en La Pobla de Segur.

El pelotón, justo en el instante en el que se da la salida a la quinta etapa de la Volta 2021 en La Pobla de Segur. / VOLTA CATALUNYA

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Sergi López-Egea
Sergi López-Egea

Periodista

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Sentado en la terraza de un bar de La Pobla de Segur, el vecino comentaba en voz alta: "He pasado por aquí a las 8 de la mañana y no había un alma y ahora está todo cambiado". Tanto, que entre las 8 y las 10, los montadores de la salida de la Volta habían colocado nada menos que 2.000 vallas, casi el doble de las que habrían puesto en 2019, antes de que el covid lo enviara todo a hacer puñetas, si hubiesen acogido por aquel entonces una salida de la ronda catalana.

La Pobla de Segur es conocida en lo político por ser la villa natal de Josep Borrell, el dirigente socialista que ahora está al frente de la diplomacia comunitaria, y en lo deportivo porque allí nació el exfutbolista azulgrana Carles Puyol. Son dos de los vecinos más ilustre de una pequeña localidad prepirenaica que este viernes se ha vestido con todas las luces propias de una salida ciclista.

Mismos autocares que en el Tour

De hecho, y en ello no cambia en referencia al Tour, el número de autocares y coches de equipo que acompañan a cada una de las escuadras participantes es el mismo. Hay menor número de vehículos de patrocinadores, de invitados (de hecho y por la pandemia se han eliminado), pero el mismo número de agentes motorizados que en Catalunya corresponde los mossos; en la Vuelta, la Guardia Civil y en el Tour, la Guardia Republicana. Hay que cortar siempre las carreteras, auxiliar al pelotón y procurar, sobre todo, que ningún vehículo despistado ponga en peligro la integridad tanto de corredores como del personal acreditado que sigue la carrera.

Y de hecho también, he aquí lo triste, ahora el público no se puede acercar al podio donde suben ordenadamente y por riguroso orden establecido los equipos participantes. Por megafonía se anuncian los nombres de los ciclistas que levantan los brazos pero, ¿para quién? Desgraciadamente solo para los periodistas que siguen la carrera. El público ha sido distanciado, detrás del doble capítulo de vallas, con sus mascarillas, pero tan alejados como si estuvieran en la parte más alta de la tribuna de un monumental estadio deportivo.

Sin el calor de la gente

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Es la magia que ha roto la pandemia, el calor del público, el que se acercaba y podía tocar, si tocar con las manos, a corredores como Chris Froome o Alejandro Valverde, dos de las estrellas que se han apuntado a esta Volta que finaliza el domingo en Barcelona, en un Montjuïc que, por desgracia, también permanecerá cerrado al público.

Los ciclistas desafortunadamente ya se están acostumbrados a la distancia, a haber perdido el contacto con los aficionados. Y, desgraciadamente y aunque duela decirlo, quizás entre las penalidades deportivas que dejará esta pandemia esté el distanciamiento eterno entre corredores y seguidores.