31 oct 2020

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Los padres de Marco Pantani junto a uno de los monumentos que lo recuerdan en Cesenatico.

Luca Bettini / AFP

El Tourmalet

El segundo viaje al territorio de Pantani

En 1999, dos dìas antes de que Freire se proclamara campeón del mundo por primera vez en Verona, 'El Pirata' abrió su casa de Cesenatico

Sergi López-Egea

Un paseo por las calles, una caminata junto al canal de Cesenatico es algo así como entrar en una puerta del tiempo, del pasado, del que solo se acuerda de las cosas buenas, de los éxitos y de los días de gloria en rosa y amarillo. Un paseo por el bellísimo Cesenatico es volver a ver a Marco Pantani (1970-2004) subido en la bici, con sus ataques a los que nadie podía responder. Se le ve por las curvas de Alpe d'Huez, se le ve en solitario, o junto a Lance Armstrong, el día que el tejano tuvo tanta piedad de él que hasta le hizo cabrear por dejarlo ganar en la cima del Ventoux... una humillación para 'El Pirata'. "Un campeón debe ganarse las victorias". Y en el Tour del retorno de Pantani, en un momento de cierta luz en el túnel sin salida por el que entró, Armstrong le hizo triunfar en lo más alto del 'Gigante de Provenza'.

Cesenatico es Pantani y Pantani es Cesenatico. Es imposible no ver los escaparates con su foto, como en Mónaco donde luce en cualquier comercio un retrato del Príncipe Alberto o en Marruecos donde la imagen del rey Mohamed cuelga en el interior de cualquier tienda en cualquier medina del país. Pantani es Cesenatico y Cesenatico es Pantani. Tiene sus estatuas, sus recuerdos, sus referencias y hasta su museo o 'Spazio Pantani' donde se repasa su vida; su primera bici, demasiado grande para un niño de 12 años, hasta su Harley Davison con la que se divertía antes de que su vida se convirtiera en una pesadilla.

Cesenatico, el lugar

Faltaban dos días para que Óscar Freire se proclamase campeón del mundo de ciclismo por primera vez en su carrera profesional y por primera vez también en Verona. De hecho, la ciudad estaba al lado de Cesenatico, apenas 245 kilómetros de distancia y algo menos de tres horitas en coche por autopista. Pantani se había cerrado al mundo desde que el hematocrito lo traicionó en Madonna de Campiglio. Faltaban dos días para que ganase un Giro, el de 1999, que tenía totalmente controlado con una exhibición que no se recordaba en años. Fue expulsado de carrera y en septiembre de aquel año, el del viaje de Verona a Cesenatico, solo se sabía que había cogido dos veces la bici para recorrer los territorios de las dos etapas del Giro que no pudo hacer después de ser excluido de la carrera.

El recuerdo de 1999

Pantani estaba en su casa, al lado de Kristina, su compañera (todo se fue al traste años después por culpa de la droga). En el jardín tenía aparcado el coche y se disponía a salir cuando aparecieron los periodistas que le hacían gestos desde la verja. La abrió y atendió. Se había cerrado a la prensa de su país, pero explicó que todo era muy complicado para él, que se había quedado sin ganas para pedalear. Empezaba ya casi a no tener ganas siquiera de vivir.

Pero se animó y volvió a competir, pero ya no fue el mismo de antes. Pero estas cosas no se recuerdan en un Cesenatico que vive entregado a su magia. Sus padres, Tonina Paolo, han estado esta mañana en la salida del Giro convencidos de que cuando salen a pasear por Cesenatico ven a su hijo, en el recuerdo de todos los vecinos.