El Tour 2020

Landa se deja más de un minuto a las puertas de los Pirineos

El equipo Ineos provoca un corte por el viento y varios favoritos, entre ellos el ciclista vasco y Pogacar, llegan rezagados a la meta de Lavaur donde gana Van Aert

El belga Van Aert entra triunfador en la séptima etapa del Tour.

El belga Van Aert entra triunfador en la séptima etapa del Tour. / X07241

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Sergi López-Egea
Sergi López-Egea

Periodista

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Abatidos estaban en el equipo Bahréin. Cabizbajo y sin ganas de hablar cruzó Mikel Landa la meta de Lavaur, al noreste de Toulouse, tierras occitanas, tan calurosas como ventosas, tierras de amargo recuerdo, ¡mecachis, maldita sea! Hace un año Warren Barguil lo tiró al suelo, también con el viento en acción, y ya empezó a decir adiós a cualquier opción de pelear por los puestos de honor.

Ha llegado al Tour, por fin, como jefe único, sin tener que compartir galones, y hasta pleitos, con Nairo Quintana, cuando ambos, junto a Alejandro Valverde, presidían la ronda francesa por el Movistar. Y tampoco sin tener que estar sometido a la tiranía de Chris Froome, quien no le dejó siquiera escapar e ir a por la etapa del Izoard, cuando el británico ya tenía sentenciado el Tour del 2017. Y ahora que viene como líder único, la prueba se le empieza a torcer desde el primer día, y más cuesta arriba se le pone a las puertas de los Pirineos, de sus Pirineos, que llegan este sábado, sin llegadas en alto, que lástima, pero con toda la magia que siempre provoca la cordillera en la ronda francesa.

Estaban avisados

Landa sabía como todos que en cuanto dejaran la ciudad de Castres y girasen hacia la derecha comenzaría a soplar el viento de costado, lo que sería una llamada al zafarrancho, a los cortes, a los llamados 'abanicos', de lado a lado de la carretera. Y cuando pierdes el espacio, cuando solo está la opción de irse al prado o tocar el freno, y escoges la segunda, ya sabes lo que va a pasar, lo que le ocurrió al corredor alavés y también al joven Tadej Pogacar, vestido con el jersey blanco, el que distingue al mejor clasificado entre los menores de 25 años. Lo que ocurre es que te quedas cortado y a partir de entonces enlazar con el grupo principal, sobre todo si los ciclistas del Ineos tiran como locos, es tan imposible como que llueva café caído del cielo.

Una pena ceder 1.21 minutos en una etapa llana, de las que, sin viento, solo invitaban a disfrutar de un esprint final. Y los que pelean por la general a rodar serenos, pero con las orejas tiesas por si sucedían imprevistos, en forma de viento o caída. Del esprint disfrutó Wout van Aert, segunda victoria, segunda exhibición de poder. Y de la desesperación Landa y sus compañeros enrolados en la escuadra árabe.

La desesperación de Pello Bilbao

Triste cruzó también la meta Pello Bilbao. Llegó al Bahréin para convertirse en la sombra de Landa en las montañas del Tour. "Pero es que todo se nos ha torcido desde el primer día. De hecho solo somos seis en el equipo porque desgraciadamente Poels no cuenta", explica el corredor de Gernika. "Nos pilló desorganizados". Y con Landa, detrás. Y sin que el empeño que pusieron tanto los gregarios del corredor alavés como los de Pogacar sirviera para otra cosa, al menos algo se salvó, que para evitar que cayese una salvajada de tiempo.

El primer día Landa perdió a Rafa Valls, que debía ser otro de sus grandes ayudantes en la montaña. Se fue al suelo en las montañas lluviosas de Niza y se partió la clavícula. En esa etapa también se accidentó Poels, el que fuera una de las piezas vitales de Froome cuando gobernaba el Tour. No quiere retirarse, corre con una costilla rota, mucho hace con cruzar cada día la meta, y por eso Bilbao afirma que "no cuenta". 

Fe en los Pirineos

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Landa dijo un día antes de comenzar el festival ciclista en Niza que estaba ante la oportunidad de su vida. Cualquier objetivo que se hubiese trazado se ha complicado, porque cada vez cuesta más recuperar tiempo en el Tour, porque Ineos y Jumbo pondrán este sábado y el domingo un ritmo endiablado por los Pirineos. Y porque, ante todo, hay que tener suerte, una estrella que te ilumine, te proteja y no se apague cuando el viento sopla de costado. Llegan los Pirineos. Ojalá que lo hagan, pese a tener que pagar la hipoteca de la falta de al menos un final en alto, con todo el poderío, la tensión y la lucha que la cordillera se merece. 

Todas las clasificaciones en la página oficial del Tour.