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Luto en el deporte

Ciclismo de alto riesgo

La muerte de Lambrecht abre el debate de la seguridad tras suspender el Tour una etapa

La Vuelta, próxima gran cita de este deporte, incrementará todas las medidas al máximo

Sergi López-Egea

Los compañeros de equipo de Lambrecht, sin olvidar su dorsal en el pecho, rinden homenaje al ciclista fallecido, junto al resto de corredores en la Vuelta a Polonia.

Los compañeros de equipo de Lambrecht, sin olvidar su dorsal en el pecho, rinden homenaje al ciclista fallecido, junto al resto de corredores en la Vuelta a Polonia. / EFE/ EPA/ ANDRZEJ GRYGIEL (EPA/PAP)

La muerte de Bjor Lambrecht, ocurrida el lunes durante la disputa de la tercera etapa de la Vuelta a Polonia, ha abierto el debate sobre la seguridad en el ciclismo y dónde están los límites en un deporte que siempre ha vivido rodeado de la épica que hace más grandes las victorias si se consiguen bajo condiciones adversas. A la vez, el fatal accidente de la joven promesa belga, de solo 22 años, un magnífico escalador, ha reafirmado el acierto del Tour al suspender la parte final de la decisiva etapa alpina, que transitó por el Iseran, debido a una granizada que dejó la carretera intransitable, y de no haberse cancelado, hubiese puesto a los corredores y al resto de la caravana en una situación de enorme riesgo vital.

El fallecimiento de Lambrecht vuelve a escenificar que el ciclismo es un deporte de riesgo ya que una caída, como por desgracia ocurrió el lunes, puede tener un resultado de muerte. En los últimos 50 años, 17 ciclistas han perdido la vida en percances ocurridos en competición. Sin embargo, esta lista se amplía con las muertes sucedidas en la carretera -la 'oficina' de trabajo como la denominan los corredores profesionales- por culpa de los los atropellos de los coches y multiples incidentes que se producen cada año, que van desde lesiones graves a simples rasguños, y no solo entre los ciclistas que se ganan la vida practicando este deporte, sino sobre todo con cicloturistas.

Por culpa de una alcantarilla

El accidente de Lambrecht se produjo en el kilómetro 49 de la tercera etapa de la ronda polaca, en un momento en el que llovía con fuerza pero que tampoco se circulaba con la tensión propia de los instantes en los que se decide la competición. Al parecer, el corredor belga se fue al suelo por culpa de una alcantarilla. Aunque fue evacuado de inmediato al hospital, los médicos no pudieron hacer nada para salvarle la vida y falleció en la mesa de operaciones.

Es difícil poner límites en un deporte que hace más grandes las gestas si llegan en duras condiciones

Pero ni antes, ni ahora, ni después, se suspenderá una carrera por culpa de la lluvia, mientras no se confirme que la carretera es impractible. "La carretera era intransitable. No se podía circular y además, como ocurrió, había  el riesgo de desprendimientos", ha repetido varias veces Christian Prudhomme, director del Tour, desde que el viernes 26 de julio canceló la antepenúltima etapa de la ronda francesa después de que la cabeza de la prueba, con Egan Bernal al frente, coronase la cima del Iseran. "La etapa se paró porque, aparte de no poder circular ni en bici, ni en moto, ni en coche, implicaba un peligro para los deportistas y la caravana de la prueba", indicó este martes Javier Guillén, director de la Vuelta, cuya carrera pertenece a ASO, a su vez propietarios del Tour.

Precisamente, la ronda española es la próxima gran cita de este deporte, carrera a la que pensaba acudir Lambrecht por segunda vez. Empieza el 24 de agosto en Torrevieja (Alicante). La organización ha incrementado al máximo las medidas de seguridad al señalizar todas las curvas peligrosas con las que se pueden encontrar los corredores a lo largo del recorrido de una etapa y más vallas en las zonas en las que se espera una mayor afluencia de aficionados, así como indicaciones en tramos en los que se estrecha la calzada o se entra en rotondas; en este caso, como ha ocurrido estos últimos años. "Los niveles de seguridad en las grandes carreras están más altos que nunca y, además, existe lo que se denomina como protocolo climático, para aplicarse de forma inmediata tras una rápida reunión entre los comisarios de la prueba, la organización, los equipos y los representantes de los corredores", añade Guillén.

Un protocolo climático permite anular o recortar carreras con temperaturas muy altas o muy bajas

El protocolo climático permite modificar o anular una carrera o etapa si las temperaturas son muy elevadas o bajas. Aunque no hay una medición exacta, muy por encima de los 40 grados o bajo cero, se hace al instante. Actualmente, sería imposible celebrar etapas, que han pasado a la historia por las gestas de sus protagonistas, como la que le sirvió al estadounidense Andy Hampsten para ganar el Giro de 1988 después de superar una nevada apoteósica en el Gavia, y que dejó en las videotecas las imágenes de ciclistas que llegaban casi congelados a meta como Pedro Delgado. "Sin embargo -añade Guillén- la norma dicta que mientras la carretera no sea infranqueable no se anulará una etapa. El ciclista profesional, en caso de calor, sabe hidratarse perfectamente. Es más peligroso, en cambio, competir a temperaturas muy bajas".

Lambrecht sumió de luto a toda Bélgica, donde los ciclistas gozan de igual o más popularidad que los futbolistas. El país se entristeció al perder a uno de sus valores, un ciclista al que llamaban 'Matchbox' (el apodo se lo puso André Greipel), por su pequeño tamaño y por ser hijo de un mecánico en Flandes Oriental.

La muerte de Kivilev obligó a instaurar el casco

La escena de Vinokurov subido al podio final de la París-Niza 2003, que ganó, con un cuadro con una foto de su amigo Andrei Kivilev, hizo llorar a miles de aficionados al ciclismo. Kivilev murió en Saint Chamond, antes de afrontar la Croix de Chaubouret, cerca de Saint Étienne. En la cima, y con una pancarta, lo esperaba la familia, ya que vivía en Sorbiers, a pocos kilómetros de donde falleció. Era el líder del equipo Cofidis. En el 2001 luchó por la victoria, en el Tour, con Lance Armstrong. Léonard Kivilev, que nunca llegó a conocer a su padre, le envió en el 2012 una carta a Prudhomme, el director de la ronda francesa, reclamando la victoria a su progenitor, que llegó cuarto a París. "Siempre pedaleó sin hacer trampas. Estaría muy feliz si mi padre pudiera ser declarado como vencedor". Los años de Armstrong fueron los turbios del dopaje.

El casco le habría salvado la vida a Kivilev. Su muerte obligó a instaurar la protección en el ciclismo profesional. Muchos corredores eran reacios, pero desde entonces se han salvado muchas vidas; la última la de Luis Ángel Maté, que también se cayó en Polonia. Con casco y todo necesitó 50 puntos de sutura en la cabeza.
Agostinho y un perro

Es el mismo casco que habría salvado seguramente a Joaquim Agostinho, el más grande corredor portugués de todos los tiempos, cuando un perro se cruzó en su camino en 1984. Caso parecido al de Fabio Casartelli, que murió en el Portet d'Aspet, al golpearse la cabeza contra un murete de piedra. Sucedió en el Tour de 1995, en la gran etapa pirenaica.

Manuel Galera, muerto en el ascenso al puerto de Cabra en la Ruta del Sol de 1972, al salirle la cadena y golpearse la cabeza contra el asfalto, y Juan Manuel Santisteban, fallecido en el Giro de 1976, iban desprotegidos.

Wouter Weyland perdió la vida en un descenso, en el Giro del 2011. En el velódromo de Gante se murió Isaac Gálvez, el 26 de noviembre del 2006, el ciclista de Vilanova i la Geltrú, el amigo de Joan Llaneras. Hasta 17 profesionales en los últimos 50 años han fallecido compitiendo. A Vicente Mata se lo llevó por delante un coche que se coló en sentido contrario durante el trofeo Luis Puig de 1987 y Manuel Sanroma se estampó mortalmente, con casco y todo -se golpeó en la barbilla- en el esprint de una etapa de la Volta de 1999, en Vilanova. Al día siguiente el pelotón llegó sin competir y sumido en lágrimas al puerto de Barcelona.