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LA ACTUACIÓN ESPAÑOLA

Fue bonito mientras duró

Valverde atacó a 56 kilómetros, fue líder de la carrera y Nieve se quedó a 600 metros de la gloria alpina

Sergi López-Egea

Alejandro Valverde, en plena fuga.

Alejandro Valverde, en plena fuga. / JEFF PACHOUD

"Había que mover la carrera. Y por eso atacó". Salió de la improvisación y Mikel Landa, con los primeros dolores serios de espalda, comprendió, entendió y apoyó el ataque de Alejandro Valverde. O todo o nada. Para conseguir la gloria hay que intentarlo; una, dos, o las veces que haga falta. Y Valverde, que hasta llegó a ser jersey amarillo, lo probó, para inquietar al Sky y hasta para buscar un enemigo que, de repente, se podía convertir en un aliado.

Fue bonito mientras duro. "Trate de sorprender al pelotón y por eso ataqué desde lejos". Le sirvió, al menos, para subir al podio del Tour al ser recompensado por el jurado francés que cada día otorga el premio al ciclista más combativo de la jornada. Y hasta hubo un instante, con Marc Soler, la perla del Movistar, que se había colado en la gran escapada del día y que fue frenado para esperar a Valverde y acompañarlo en su aventura abriéndole el camino, en que el todavía presente y el futuro del ciclismo español se dieron la mano. Una estampa idílica que se comtempló durante los instantes más bellos y entrañables de la 11ª etapa del Tour.

El aliado Dumoulin

Y hasta encontró al mejor aliado, a Tom Dumoulin, que iba a por el Tour, a demostrar que la lucha por la primera plaza del pasado Giro, llegó segundo a Roma, no le había pasado factura. Cuando, ya en la ascensión final a La Rosière, Valverde no le dio un relevo a Dumoulin, tras ser pillado por el holandés y con Soler ya reventado por el servicio prestado, se podía pensar que no lo hacía para no perjudicar los intereses de sus compañeros Nario Quintana y Landa. Pero, no. Valverde ya no podía más. La valentía tiene a veces estas cosas, desafortunadamente.

Mikel Nieve, en los metros finales de La Rosière / sebastien nogier (EFE)

Otro valiente, más discreto, más silencioso fue un navarro llamado Mikel Nieve. Él es de Leitza y a sus 34 años busca esta temporada gozar en el Mitchelton australiano de la libertad que no obtuvo cuando estuvo tantos y tantos años trabajando al servicio de la corta británica del Sky. Él era imprescindible para Froome, tanto en el Tour como en la Vuelta -ojo al dato-, el británico no descarta correrla si gana en París ya que quiere ser el primer ciclista de la historia que en una misma temporada gana Giro, Tour y la ronda española.

"He hecho lo que he podido"

Pero eso es otra historia, algo que no le importa a Nieve, hombre de pocas palabras. "He hecho todo lo que he podido", lo decía entregado a su suerte, tras cruzar la línea de meta en quinta posición, pero con la convicción de que podía haber sido el vencedor en La Rosière. Se quedó a tan solo 600 metros de la gloria. Allí fue capturado y sobrepasado por un Thomas que venía como una moto y el navarro se entregó a su suerte.

Es muy duro ser capturado cuando ya se huele la meta y se escucha el estruendo del público. Y si no que se lo pregunten a Dani Navarro, otro de los héroes silenciosos de la etapa. Peleó, junto a su compañero del Cofidis Jesús Herrada por conquistar La Rosière. En junio, en el Dauphiné, fue superado en la misma línea de llegada de la última etapa por el británico Adam Yates, el hermano gemelo de Simon, el ciclista que fue apartado del liderato del Giro por Froome en la ya histórica etapa del monte Finestre. Héroes silenciosos. Derrotados, no se puede negar, pero con la cabeza bien alta. Como se debe caer siempre en la batalla del Tour.

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