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LA RONDA ITALIANA

Elia Viviani gana en el Giro entre las autovías de Israel

El velocista del Quick Step se impone al esprint en Tel Aviv tras una etapa aburridísima

Sergi López-Egea

Elia Viviani se impone en la segunda etapa del Giro, en Tel Aviv.

Elia Viviani se impone en la segunda etapa del Giro, en Tel Aviv. / LUK BENIES (AFP)

Hace ya muchos años, cuando la organización de la Vuelta era otra, la ronda española llegó a Málaga a través de la maravillosa autovía que comunica Granada con la capital de la Costa del Sol. Para mayor gloria era domingo, en el mes de septiembre, y la cola de vehículos que se formó a la estela de un pelotón que rodaba a 40 kilómetros por hora fue impresionante. Los automovilistas llamaban a las emisoras de radio y se quejaban del caos de tráfico que había organizado el pelotón. Sin duda, diseñar aquel tipo de etapa fue todo lo contrario a lo que necesita el ciclismo, que no es otra cosa que alimentar el cariño a la bici, fomentar el deporte y mostrar los maravillosos paisajes de quienes pagan la etapa.

Este sábado, en Israel, entre las ciudades de Haifa y Tel Aviv, ha pasado algo similar. Quienes no conocen Israel, quienes a lo mejor solo ponían la televisión para ver, al margen de los corredores, los encantos del país, para determinar, por motivos de turismo si un día lo visitaban, se encontraron viendo las sensacionales autovías israelís, por donde circuló durante prácticamente todo el día el pelotón del Giro que afrontó, superó y aburrió en una etapa que ni fue intensa, que ni fue bonita, que ni fue emocionante y que solo sirvió para fomentar la siesta. Y dicho con todo el cariño y amor hacia el ciclismo y sin despreciar el tremendo esfuerzo de un país que se ha querido volcar hacia ese deporte.

Los errores del pasado

Pero, realmente, ¿hay posibilidad de ver ciclismo de altura sobre una autovía? Jamás. La Vuelta cometió ese error durante unos cuantos años. Hasta en una ocasión hicieron una contrarreloj para mostrar al mundo que de Zaragoza a Teruel, que también existe, ya había una buenísima autovía; sin público. Vacía. Y por eso enfermó la carrera, hasta que para reanimarla se buscaron puertos, alicientes, espectadores y emoción.

El pelotón transita por una autovía de Israel, en una zona de público. / Jack guez (AFP)

Cuando el Giro en esta segunda etapa -ganada al esprint por el velocista Elia Viviani, cómo no del Quick Step, el equipo que vence en todas partes y en todo tipo de carreras- entró en una ciudad, el publicó israelí se volcó, miles de personas, centenares y centenares de aficionados disfrutando con unos ciclistas que pasaban a su lado y que casi podían tocar.

Es verdad que Israel, por razones de seguridad, tiene y aprovecha sus autovías para unir y comunicarse entre ciudades. Y por allí pasó el Giro, los corredores, la caravana, todo, todo, absolutamente todo. Y así horas y horas, sin nada que celebrar, sin nada que aplaudir. En el esprint intermedio Rohan Dennis robó la bonificación y le birló la 'maglia rosa' a Tom Dumoulin. De Chris Froome no se vieron ni imágenes suyas, protegido en la clandestinidad del pelotón para recuperarse de unas heridas que, sin duda, le perjudicaron en la contrarreloj de la primera jornada inaugural. Y poco dio la etapa, porque poco más hubo que contar. De hecho, habría bastado con ver tan solo los últimos mil metros. Así de triste. 

Todas las clasificaciones en la página oficial del Giro.