Nuevo 'hot spot' en la Diagonal

Bosco de Lobos: 'comfort food' a la italiana

Este restaurante propone una cocina transalpina tradicional muy sabrosa que se puede comer en su amplia y luminosa sala y en su apacible terraza

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Espaguetis con mejillones y tomate del restaurante Bosco de Lobos

Espaguetis con mejillones y tomate del restaurante Bosco de Lobos / Lekuona Studio

Ferran Imedio

Ferran Imedio

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Uno de los restaurantes que, nada más abrir, lo está petando en la zona alta es Bosco de Lobos (Diagonal, 605, interior), y con razón. Su carta de platos italianos tradicionales, resultona y sabrosa, ha encontrado el acomodo ideal en un espacio amplio, moderno, luminoso, cálido y agradable como pocos hay en la ciudad, y que cuenta con una terraza con vegetación y sofás que ocupa lo que hasta hace nada era un aparcamiento.

Bosco de Lobos

Diagonal, 605, interior. Barcelona

Teléfono: 93.629.67.20

Precio medio (sin vino): 35 €

Su propuesta no engaña: 'antipasti', ensaladas, pasta y pizzas romanas (finas y crujientes), todo ello elaborado con productos transalpinos. Y bajo la máxima de divertir al comensal con platos con algún toque sorprendente, enriquecedor, y sin excesivas complicaciones, formen parte de la carta o sean sugerencias del día, como la flor de calabacín en tempura rellena de ricota, anchoa, limón y queso parmesano. 'Comfort food', la llaman los modernos.

De manera que escoger qué vas a pedir se convierte en el peor momento de la visita (da igual cuándo porque abre de lunes a domingo); todo resulta tentador. Y eso que la carta no es excesivamente larga. Puedes pedir alguno de sus vinos italianos para acompañar tus dudas hasta que te aclares.

Y puedes hacerlo más fácil tirando de 'hits' como las bolitas que parecen croquetas y que en su interior mezclan mozzarella, aceituna y salsa 'marinara' picante; el carpacho de pulpo aderezado con piparras, vinagreta de hinojo y guindillas dulces encurtidas; el 'vitello tonnato', con espuma en vez de salsa para ser más ligero, y los 'tagliolini' con anchoas, limón y 'peperoncino', una pasta que se come en Calabria el 24 de diciembre y que tú zamparías los 365 días del año. Para acabar, no hay duda: ese tiramisú es una auténtica locura.