De la barca a la carta

Menorca apura sus últimas reservas de langosta roja

  • El chef Joan Canals ofrece en el hotel Villa Le Blanc Gran Meliá bocados en crudo de sabores marinos que combina con cócteles inspirados en la flora de la Isla

Caldereta de Menorca.

Caldereta de Menorca.

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Natalia Vaquero
Natalia Vaquero

Periodista

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Prohibido pescar langosta roja hasta el próximo 1 de abril. El manjar por excelencia de Menorca se agota en los restaurantes que apuran las reservas de sus viveros para elaborar las tradicionales recetas de esta calmada isla en la que poco más de 50 kilómetros separan la punta oriental de Mahón de la occidental de Ciudadela. A partir de octubre solo habrá langosta blanca, pescada por barcas de arrastre y menos sabrosa.

“Ha sido un verano intenso en ventas de langosta roja”, asegura el chef Joan Canals, artífice de una de las cartas del hotel Villa Le Blanc, un ‘Gran Lujo’ de Meliá, donde prepara bocados en crudo de sabores marinos que combina con cócteles inspirados en la flora de la Isla.

Joan Canals con una de sus elaboraciones en crudo de los pescados de Menorca.

/ Epc

Canals llena sus cámaras de pescados y mariscos que captura su padre en la rocosa zona norte menorquina, paraíso salino de la langosta roja que los isleños cocinan vivas en diferentes y sabrosas versiones, además de la tradicional caldereta en cazuela de barro, con un buen sofrito y una picada con las huevas de la langosta, ajo y perejil, galleta y almendras.

Entre los turistas causa furor la langosta frita con patatas y huevos. “Las servimos también encebolladas, con arroz, frita con pimientos o en ensalada”, añade Canals en Cru, su apuesta gastronómica en el hotel de lujo de la playa de Santo Tomás, a medio camino entre Mahón y Ciudadela.

Elaboraciones en crudo de jureles, chicharros, gambas blancas o pargos maridan con todo tipo de cócteles aderezados con hierbas aromáticas de la isla como el millo, la camomila, el laurel, la hierbabuena o la albahaca. De postre, los premiados quesos de esta isla azotada por fuertes vientos de Tramontana que arrastran la sal del Mediterráneo al campo donde pasta plácidamente el ganado.

Canals se desenvuelve magistralmente al integrar la tradición en los fogones con ejecuciones contemporáneas. Muy recomendable, el jurel marinado con leche de coco y sobrasada de ‘porc negre’ o el salmonete de roca soasado, caramelo de sus espinas, salmorejo picante y alioli de lima.

El nuevo hotel de Gran Meliá rinde homenaje al producto balear, con una cocina centrada en la excelencia de la materia prima de la Isla en sus distintos restaurantes. 

El restaurante S’Amarador ha trasladado su esencia a la planta baja del Villa Le Blanc.

/ Epc

El restaurante menorquín S’Amarador, uno de los más visitados de Ciudadela, ha trasladado su esencia a la planta baja del Villa Le Blanc para ensalzar la cocina balear y rendir tributo a aquellas fondas de pescadores que animaban la zona portuaria del norte isleño. Conocido por su bodega con más de cien referencias, S’Amarador defiende el mejor producto local para dar forma a sus arroces, calderetas y los pescados más frescos de la lonja.

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Y para rizar más el rizo, Joan Canals triunfa en su restaurante Ulisses de Ciudadela con un rape o una lubina con sobrasada y alioli de miel y romero.

Lubina sobrasada y alioli de miel y romero.

/ Epc

“Ha sido el plato del verano”, celebra mientras diseña una carta para el otoño en la que no faltará una panadera de pescado de temporada, una especie de marmitako con un sofrito, fumé y patata rota de su huerto para demostrar que Menorca es más que la intensa y sabrosa langosta roja que volverá a los platos a partir de abril del próximo año.