¿Por qué a estas alturas seguimos sin cumplir los propósitos de Año Nuevo?

¿Por qué a estas alturas seguimos sin cumplir los propósitos de Año Nuevo?
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Perder peso, hacer más deporte, pasar más tiempo con la familia, aprender a tocar un instrumento, dejar de fumar, comer más sano… todos estos buenos propósitos pueden resultarnos muy familiares. Es posible que alguna vez nos los hayamos marcado para empezar con buen pie el Año Nuevo. Casi todo el mundo lo ha hecho.

Si es así y hemos logrado cumplirlos, podemos sentirnos orgullosos porque formamos parte de una minoría diligente que lleva a cabo todo lo que se propone.

Si, en cambio, somos de los que nos cuesta más poner en práctica los buenos propósitos, no debemos martirizarnos en exceso. Según una reciente investigación psicológica, la mayoría se acaba rindiendo en menos de un mes.

Es lo que dice el estudio realizado por investigadores en psicología de la universidad australiana Edith Cowan. Y que se centra en los factores que entran en juego a la hora de perseverar o abandonar los propósitos que nos marcamos cada año, analizando las razones más profundas que motivan dichas decisiones.

Para desarrollar la investigación, los autores realizaron encuestas online a cientos de participantes durante dos meses. Los encuestados tenían entre 18 y 77 años, y eran australianos y británicos, mayoritariamente.

Unas estadísticas que nos resultarán familiares

Los resultados finales de la encuesta fueron de lo más reveladores. Un 66% de los encuestados renunciaron a sus propósitos de Año Nuevo antes de que finalizara el mes de enero.

Además, más de la mitad de los participantes se marcó el mismo objetivo anual que el año anterior.

A nivel cualitativo, deseos como el de «hacer dieta» o «practicar más ejercicio» representaron el 29 y el 24% de la muestra, respectivamente. Es decir, más de la mitad de la población encuestada se propuso mejorar su forma física para empezar bien el año, aunque no muchos lo consiguieron.

Un dato que llamó mucho la atención a los investigadores es que un 64% de las resoluciones de Año Nuevo eran «generales», es decir, demasiado abstractas o poco definidas.

Esta es la razón principal por la que, según los autores, abandonamos nuestros propósitos. En su opinión, marcarse metas demasiado generales es contraproducente, ya que carecen de un plan de acción y son más fáciles de evitar. Por eso abogan por resoluciones mucho más concretas, que queden mucho mejor delimitadas y que resulten más realistas.

“Establecer metas específicas que incluyan una hora, un lugar y un acompañante facilita mucho el proceso mental para que logremos cumplir nuestras metas», afirma la psicóloga Joanne Dickson, profesora asociada de la Universidad Edith Cowan y autora principal del estudio. “Un ejemplo de una resolución específica podría ser dar una caminata de 40 minutos alrededor del lago con mi amigo Sam los lunes, miércoles y viernes por la mañana».

El valor trascendental, la clave para cumplir nuestros objetivos

Por otro lado, los autores del estudio psicológico sostienen que renunciamos más fácilmente a estas intenciones si no están lo suficientemente asociadas a valores más profundos y significativos para nosotros.

Si le otorgamos un sentido más trascendental a nuestras metas, adquirirán mayor robustez y eso hará que seamos más perseverantes y consecuentes, y nos empeñemos más en alcanzarlas.

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«El propósito de perder cinco kilos probablemente perdurará más frente a los diferentes obstáculos que puedan surgir, si está vinculado a valores personales más elevados, relacionados con nuestra salud o nuestra apariencia física”, concluyen los investigadores.

Si nos proponemos adelgazar, no lo hacemos solamente por restar kilos a nuestra masa corporal, sino porque entendemos que perder ese peso sobrante nos convertirá en personas más sanas y atractivas, y eso puede ser importante para nosotros.