La resistencia a los antibióticos puede matar más personas que el cáncer en solo 35 años

La resistencia a los antibióticos puede matar más personas que el cáncer en solo 35 años
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La resistencia a los antibióticos se ha convertido en un problema global que afecta no sólo a la salud de los seres humanos, sino también a la salud animal, a la agricultura, la ganadería, el medio ambiente e incluso a la economía mundial.

Según los datos facilitados por el Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos (PRAN), alrededor de 33.000 personas mueren cada año en Europa como consecuencia de las infecciones hospitalarias originadas por bacterias resistentes. En España, cada año pierden la vida por este tipo de infecciones unas 3.000 personas.

Además de vidas humanas, la resistencia bacteriana tiene un importante impacto económico, ya que gasto sanitario adicional que supone la resistencia a los antibióticos alcanza los 1.500 millones de euros.

Y las previsiones sobre cómo va a afectar este asunto a la salud pública no son muy halagüeñas. El Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos estima que, si no se reduce el uso de antibióticos, en 35 años el número de muertes atribuibles a las infecciones multirresistentes alcanzará las 390.000 al año en toda Europa -unas 40.000 muertes anuales en España– y la resistencia desbancará al cáncer como primera causa de muerte.

¿Qué es la resistencia a los antibióticos?

La resistencia a los antibióticos es la capacidad de las bacterias de combatir la acción de uno o varios fármacos de este tipo. Desarrollan esta resistencia como una reacción natural para adaptarse al medio, convirtiéndose en bacterias muy difíciles de tratar.

De hecho, el ritmo de pérdida de eficacia de los antibióticos es tan alto que, de no cambiar las cosas, Europa podría volver a la situación de no poder curar infecciones bacterianas como una neumonía, tal y como ocurría antes de la aparición de los antibióticos.

Una de las principales causas de esta reacción de las bacterias es el uso inadecuado de los antibióticos. Alrededor del 80% de las infecciones más usuales durante los meses de invierno y que afectan a garganta, pulmones, nariz y oídos, son de origen vírico, y los antibióticos no combaten los virus, sino las bacterias.

Sin embargo, todavía es frecuente la automedicación y toma de antibióticos en estos casos, sin prescripción médica. Un hecho que no sólo no beneficiará al paciente, sino que puede llevarle a padecer efectos secundarios como diarrea o erupciones cutáneas.

Afortunadamente, en nuestro país desciende año tras año el consumo de antibióticos. Así, en el primer semestre del año 2019 se registró una bajada del 5%, en el número de estos fármacos recetados en el ámbito hospitalario, y un 20% en las prescripciones por el Sistema Nacional de Salud, mutuas y centros sanitarios privados.

Y aunque el dato parece bueno, España ocupa el quinto puesto de los países de la Unión Europea, es decir, estamos todavía por encima de la media europea en el consumo de estos fármacos.

Los antibióticos más prescritos por los sanitarios, tanto en el sector público como privado, son la amoxicilina/clavulánico, la amoxicilina y azitromicina.

Pero, tal y como hemos aprendido con el coronavirus, como lo que ocurre en la sanidad animal tiene un impacto directo en la salud humana y en el medio ambiente, los datos sobre el uso veterinario de antibióticos también son esenciales.

Aquí los números en España invitan a la esperanza, ya que el en el ámbito de la sanidad animal se han reducido un 13,6% las ventas de antibióticos veterinarios en 2019.

Esto nos sitúa en línea con la media del uso que se hace en Europa de estos fármacos entre el sector agropecuario.

Antibióticos en tiempos de Covid-19

La situación sanitaria ha cambiado radicalmente con la aparición del SARS-COV-2. El análisis preliminar de los datos disponibles de 2020 que realizan desde el Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos, confirma las previsiones con un incremento significativo del uso de antibióticos en el ámbito hospitalario, durante el mes de marzo pasado.

La incertidumbre sobre el tratamiento a seguir ante la Covid-19 al inicio de la pandemia, fue la principal causa de que se incrementase un 40% el uso de antibióticos en hospitales durante el mes de marzo.

Los múltiples trabajos de investigación sobre el SARS-COV2 que, poco a poco, fueron aclarando algunos aspectos relacionados con el nuevo virus hizo que este aumento no se repitiese durante el mes de abril.

Luego hay un dato llamativo en la bajada de la prescripción de estos fármacos por parte de la Atención Primaria, pero se se debe fundamentalmente al cierre de estos centros sanitarios durante el período de confinamiento.

Aunque la COVID-19 es una infección vírica y, por tanto, no se trata ni se previene con antibióticos, el diagnóstico de coinfección o sobreinfección bacteriana en estos pacientes conlleva en muchos casos la prescripción de tratamiento antibiótico.

Reduce la toma de antibióticos

En todo caso, y aunque las autoridades sanitarias de todo el mundo están tomando medidas para reducir el uso de antibióticos, cada uno a nivel particular podemos contribuir a la lucha contra las bacterias resistentes a estos fármacos. ¿Sabiendo qué?

  • La automedicación de antibióticos no es una buena idea. Debe ser el médico el que determine si es necesario este tipo de medicamentos y, por tanto, el que indique el tipo de antibiótico que debemos tomar según la infección que padezcamos, así como la duración del tratamiento y la forma de administrarlo.

  • Los antibióticos no son eficaces ni contra los resfriados ni contra la gripe. Que no son analgésicos y que no alivian el dolor ni la fiebre.

  • No mediques a tu animal con los antibióticos que tienes en casa. Si tienes animales recuerda que es el veterinario de tu mascota es quien decide su tratamiento. Sigue siempre sus consejos y recuerda que la automedicación también es peligrosa para ellos.

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  • Una vez que ya tenemos prescrito el antibiótico es necesario completar el tratamiento. Cuando lo terminemos, hay que desechar el fármaco sobrante. Nunca guardarlo ni, por supuesto, compartirlo con otras personas.

Y cómo la mejor medicina es la prevención, lo mejor será que intentemos evitar la infección. ¿La forma? Ya la conocemos. Lavarse las manos con frecuencia, asegurar una buena higiene de los alimentos, evitar el contacto directo con personas enfermas y cumplir puntualmente con el calendario de vacunas.