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El retratista de Instagram: si te para por la calle, te hace viral

Ahora hay que salir bien vestido por Barcelona, advierten en redes. “Nunca se sabe cuándo te encontrarás con Fabio”. Es el retratista de Instagram. Ha hecho retratos callejeros con 8 millones de visualizaciones  

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Fabio fotografía a un músico en el paseo del Born.

Fabio fotografía a un músico en el paseo del Born. / Jordi Otix

Ana Sánchez

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Los paseantes callejeros se quedan mirándolo más sorprendidos que si acabaran de ver a Shakira en un mostrador de Hacienda. “Perdona que te moleste”, se presenta Fabio por la calle con una cámara en la mano y otra de esas de acción, a lo GoPro, atada al pecho. “Me fijé en ti porque tienes un rollazo”, rompe el hielo en 3 segundos. “¿Te importaría que te sacara un retrato?”. Pocos le dicen que no. Estas fotos callejeras han llegado a tener 8 millones de visualizaciones en redes. “Hay que salir bien vestido –advierten ahora por internet-, porque nunca se sabe cuándo te encontrarás con Fabio”. 

No pasa inadvertido, no. 1,85 de aire ‘influencer’: moño, gafas redondas, brazos tatuados, ‘outfit’ instagrameable. Ha hecho de modelo, sí. “Dos tonterías”, se quita hierro él. Es medio alemán, medio siciliano. 31 años. Fabio es @fatographyi, en redes. Tiene más de 220.000 seguidores en Instagram y 130.000 en TikTok. Ya hasta lo paran por la calle para hacerse selfies. Y eso que apenas enseña la cara en redes. “Sus reels te inspiran”, promete desenfundando el móvil una mexicana que acaba de reconocerlo por el Born.  

Una seguidora mexicana se hace un selfie con Fabio en el Born.

Una seguidora mexicana se hace un selfie con Fabio en el Born. / Jordi Otix

“Toda esta gente –Fabio va haciendo 'scroll' por su cuenta de Instagram- es gente que he encontrado por la calle”. Es un puzle humano de Barcelona. Lo mismo te encuentras retratos con bolsas de Gucci que con pala y mono de faena. Estilazos de pasarela y delantales de mostrador. Sonrisas inocentes, ojos penetrantes, arrugas vividas. Todos cuentan una historia con la mirada. Ahí está Tomas, con su matojo de pinceles anidados en el pelo afro en su pequeña galería de arte del Gòtic. Su sesión con Fabio ya va por las 2,3 millones de visualizaciones en Instagram. La del señor Pedro de las Ramblas y su silueta de cómic -negro impoluto de sombrero a zapatos- lleva 3,9 millones en TikTok.  

“Tienes un don para conectar con la gente”, le aplauden por Instagram. “Visibilizas a personas que nadie ve”. “Ojalá te viese por Barcelona –es uno de los comentarios más repetidos-, te pararía yo a ti”. 

¿Qué tienen en común todos los retratos? “Que son espontáneos –responde Fabio-. Lo que tienen en común es que son muy diferentes: puede ser una persona de EEUU que está en paseo de Gràcia o un abuelo que vive en la Barceloneta y tiene una cara que cuenta toda su vida. Es la diversidad de Barcelona”. 

Hace 7 años que Fabio vino a Barcelona, en principio solo para hacer unas prácticas de “business”, recuerda. Era lo que estudiaba. Hasta que hizo una sesión con un amigo fotógrafo. “Vi cómo trabajaba con la cámara y dije: ‘Buah, quiero probar más”. Y empezó a salir a la calle con una Sony al cuello. “Siempre me ha gustado la vida de la calle”, se encoge él de hombros. “Me fijo en lo que pasa –dice-. Y pasan muchas cosas”.  

Fabio posa con sus cámaras entre posibles modelos callejeros.

Fabio posa con sus cámaras entre potenciales modelos callejeros. / Jordi Otix

A estas alturas virales, habrá hecho más de 200 retratos callejeros. Comenzó en diciembre. Los seguidores se dispararon en abril. En los últimos 2 meses, calcula, sus vídeos los habrán visto 5 millones de personas. Aún está asimilándolo. “Todavía estoy en el ‘qué está pasando’”, asiente él. No le ha dado tiempo a pararse a pensar qué hacer con el proyecto a largo plazo. Lo que sí tiene claro es que quiere viajar con la cámara. “Quiero enseñar otras partes del mundo a través de la gente”. 

Sale de foto-caza casi a diario. Se le puede encontrar por Arc de Triomf, el Eixample, el casco antiguo. “Porque me viene más cerca”. No hay trampa, tiene que insistir a sus potenciales modelos callejeros mientras vigilan de reojo sus carteras. No, no tienen que pagar nada. “Es un proyecto”. Fabio puede tardar una hora en abordar a una presa fotogénica. Ha llegado a caminar dos y volver a casa sin fotos. “Si supieran lo mal que lo paso”, se ríe. “No es fácil –confiesa con timidez- Hay muchos días que salgo y no hablo con nadie”. Otros días se ha llevado a casa hasta su propio retrato. El foto-cazador cazado. 

Recibe muy, muy pocos noes. “El 20% quizá”. Y ni siquiera les tiene que enseñar el número de seguidores. “Viendo que hay una cuenta llena de fotos les convences”, asegura. Aunque hay de todo. Hay quien le rehúye enfadado: “¿Pero qué dices? –le dijo uno indignado-, mi imagen es sagrada”.  

¿Qué es lo que busca? “Por un lado, la estética –detalla-, pero por otro, cómo la irradias también. Más que tener estilo es que te expreses a tu manera. Hay gente que ves que tiene una paz andando por la calle…”. Pim pam. La sesión dura apenas 3 minutos; 15, si le siguen el rollo. “Cuando les enseño las fotos, dicen: ‘¿Qué?, ¿este soy yo?’. “La gente no sabe que mola -asegura Fabio-. No son conscientes de que tienen algo”.   

¿La moraleja callejera? “Tenemos muchos prejuicios –responde el fotógrafo-. Nos hacemos una imagen de una persona antes de conocerla. Y muchas veces te sorprendes”. Hay quien parece mejor persona que Ned Flanders, el buenazo de 'Los Simpson', y responde con un bufido. Y gente que directamente se indigna por la proposición: “No, no, no. No me gusta nada llamar la atención”. ¡“Un señor que tenía unas gafas fucsia!”. Fabio se encoge de hombros. “Es como un estudio sociológico”.