Historias de Barcelona (II)

Las heridas de guerra de la plaza Catalunya

Los impactos de bala de la Guerra Civil son todavía visibles en las esculturas de la céntrica plaza

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David Martínez Herrada (@historiesdebcn)

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Cuando se habla de cicatrices de la Guerra Civil en los edificios de Barcelona, todo el mundo piensa en las marcas de metralla de Sant Felip Neri. Lo cierto es que existen muchas otras heridas de guerra por toda la ciudad, aunque son menos conocidas.

Es el caso de la plaza Catalunya. Aquí no son impactos de bombas, sino de balas. Decenas de muescas, repartidas por el conjunto monumental, que pasan totalmente desapercibidas a los turistas e incluso a los autóctonos.

Impactos de bala en la plaza Catalunya, junto a una escultura escultura de Josep Llimona

Impactos de bala en la plaza Catalunya, junto a una escultura escultura de Josep Llimona / Ferran Nadeu

Muchos de estos impactos tienen su origen en la batalla del 19 de julio de 1936, cuando la plaza más transitada de Barcelona se convirtió en el escenario de un intenso combate. Por un lado, los militares alzados contra la República y, por el otro, la Guardia de Asalto apoyada por las milicias.

Orificio de un balazo en uno de los grupos escultórico de Jaume Otero, en la plaza Catalunya

Orificio de un balazo en uno de los grupos escultórico de Jaume Otero, en la plaza Catalunya / Ferran Nadeu

Los golpistas tomaron la plaza Catalunya a primera hora de la mañana. Se atrincheraron en edificios estratégicos como el Hotel Colón, en la esquina con el paseo de Gràcia, el Casino Militar -donde hoy se encuentra El Corte Inglés- y la Maison Dorée, junto a la Ronda Universitat.

Impactos de bala junto a la Pomona de Enric Monjo en plaza Catalunya

Impactos de bala junto a la Pomona de Enric Monjo en plaza Catalunya / Ferran Nadeu

También intentaron asaltar la sede de Telefónica en el Portal de l’Àngel, clave para controlar las comunicaciones. Pero tras acceder al primer piso, los sublevados fueron repelidos por las fuerzas republicanas, que disparaban desde las plantas superiores del mismo edificio y desde las calles adyacentes.

Los impactos de los proyectiles son visibles al lado de la estatua de Pablo Gargallo, en plaza Catalunya

Los impactos de los proyectiles son visibles al lado de la estatua de Pablo Gargallo, en plaza Catalunya / Ferran Nadeu

Durante horas, la plaza Catalunya fue un campo de batalla. Estatuas y balaustradas se convirtieron en improvisados parapetos, en medio de una lluvia de balas que dejó numerosos muertos.

A primera hora de la tarde, las fuerzas republicanas, apoyadas por la Guardia Civil, lograron hacerse con el control de la plaza. Los rebeldes fueron sorprendidos por un ataque desde el subsuelo, aprovechando las antiguas salidas del metro, hoy convertidas en oficinas turísticas.

Marcas de bala de la Guerra Civil en la plaça Catalunya de Barcelona

Marcas de bala de la Guerra Civil en la plaça Catalunya de Barcelona / Ferran Nadeu

Más tiros el año siguiente

Los tiroteos en la plaza Catalunya volvieron a repetirse durante los Fets de Maig, entre el 3 y el 7 de mayo de 1937. En esta ocasión, el fuego cruzado fue entre las diferentes facciones de la retaguardia barcelonesa. El conflicto tuvo nuevamente como epicentro el edificio de Telefónica, que estaba en manos de la CNT desde julio de 1936.

Un impacto de bala en la escultura Mujer con ángel, de Vicenç Navarro

Un impacto de bala en la escultura Mujer con ángel, de Vicenç Navarro / Ferran Nadeu

La Guardia de Asalto intentó desalojar a los sindicalistas, acusados por la Generalitat republicana de espiar las llamadas. Los anarquistas, que respondieron con las armas, acabaron siendo expulsados tras varios días de enfrentamientos por toda la ciudad.

Muesca de una bala junto a la escultura 'El Espíritu popular' de Jaume Otero, en plaza Catalunya

Muesca de una bala junto a la escultura 'El Espíritu popular' de Jaume Otero, en plaza Catalunya / Ferran Nadeu

Los efectos de aquellas refriegas son todavía visibles en la plaza Catalunya. Afinando la vista, podemos descubrir los impactos de bala en las balaustradas, así como en los pedestales y hornacinas de piedra que sostienen las estatuas. Sobre todo, las del lado mar y Besòs.

En algunos casos, los proyectiles llegaron a atravesar el bronce de las figuras. En el grupo escultórico Tarragona, de Jaume Otero, puede verse el orificio de un balazo, triste recuerdo de aquel horror.