Patrimonio

Barcelona ultima la apertura al público de dos nuevos refugios antiaéreos

Los espacios de la plaza de la Revolució y de la Torre de la Sagrera se sumarán en 2023 a los ya accesibles de la plaza del Diamant y del Poble Sec, el conocido como Refugi 307

En 2023 se abrirá al público el refugio antiaéreo que esconde la Torre de la Sagrera.

En 2023 se abrirá al público el refugio antiaéreo que esconde la Torre de la Sagrera. / El Periódico

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Natàlia Farré
Natàlia Farré

Periodista

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El subsuelo de Barcelona es como un queso gruyere: está lleno de agujeros. La ciudad se ha excavado por muchos motivos, las redes de movilidad, tren y metro, quizá sean los más evidentes, pero bajo el asfalto también se esconde el alcantarillado, el cableado de luz y gas, los depósitos pluviales... y, cómo poco, 2.000 refugios antiaéreos. La cifra es difícil de concretar porque ni todos los espacios construidos para proteger a la ciudadanía durante la Guerra Civil están localizados ni todos fueron edificados bajo la dirección de Junta Local de Defensa Passiva de Barcelona (JLDPB), el organismo dependiente del ayuntamiento que se encargaba de su construcción y censo. Hasta la fecha se han documentado 80, ello significa que, además de salir a la luz, los ha visitado el Servei d’Arqueologia de Barcelona para estudiarlos. 

Que se hayan conservado o no es otra cuestión ya que no están protegidos patrimonialmente y “proteger no comporta necesariamente conservar, a veces es suficiente con documentar”, afirma Josep Pujades, responsable del organismo arqueológico. Así, algunos se han destruido como el que había en la calle de Ausiàs March con Marina levantado por y para tres familias; otros se conservan cerrados y los menos se pueden visitar. De los documentados hasta la fecha, solo dos están abiertos al público: el de la plaza del Diamant y el Refugi 307 (en el Poble Sec); y otros dos lo estarán en 2023: el ayuntamiento está trabajando para hacer accesibles de forma permanente el de la plaza de la Revolució y el de la Torre de la Sagrera. Este último es de los inesperados ya que no aparece en el listado de refugios antiaéreos del 16 de julio de 1938 realizado por la JLDPB. 

En el censo aparecen 1.322 perfectamente ubicados y muchos con planos incluidos pero ello no significa que todos se construyeran: muchos se quedaron a medias o ni siquiera se empezaron porque la contienda acabó antes. Y el listado no recoge los particulares, aquellos refugios que proyectaron los vecinos a nivel privado en sus fincas como es el caso del de la Torre de la Sagrera y el de la calle de Ausiàs March. Hay muchos más (sobre todo en Sarrià y Sant Andreu), pero es imposible saber el número y emplazamiento. Algunos permanecen cerrados por sus propietarios que no informan de su existencia y otros afloran cuando se hacen obras, como los dos ahora citados. El de la Sagrera se descubrió con los trabajos de adecuación de lo que fue casa de indianos de estilo neoclásico en equipamiento para el barrio, en 2015. 

 El espacio está muy bien conservado, igual que lo está el de la plaza de la Revolució (este en el censo de 1938), pero el de Gràcia se mantiene muy fraccionado, apenas dos habitaciones relacionadas con la enfermería, el resto se destruyó en 1994 a raíz de la construcción de un párking subterráneo. Lo salvado debe la existencia a la presión vecinal. Y la presión de los vecinos por recuperar este patrimonio es uno de los problemas a los que se enfrenta el Servei d’Arqueologia, que no decide qué hacer con estos espacios pero sí dictamina la peligrosidad (o no) de su acceso y los estudia: “No abrimos ni cerramos refugios, los documentamos y hacemos informes”, apunta Pujades. 

Uno de los tramos del refugio antiaéreo de la plaza del Diamant.

/ Ferran Nadeu

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Estos van acompañados muchas veces de la recomendación de no permitir el acceso, pues muchos son peligrosos porque están en muy mal estado (el de la calle de Sant Frederic y el de la calle de la Florida, por ejemplo, tienen los techos caídos y la circulación por dentro es imposible) o porque tienen un acceso difícil (en el de la calle del Ripollès la entrada está en medio de la vía pública y en el de la plaza de Bonet i Muixí discurre por debajo de la iglesia de Santa Maria de sants). De hecho, las entradas de los arqueólogos a los refugios descubiertos se realizan siempre en compañía de la Unitat de Subsòl dels Mossos d’Esquadra, pues a las posibilidades de derrumbes se le suma el riesgo de la falta de oxígeno, de la existencia de materiales contaminantes o la subida de agua del nivel freático. 

Pero lo dicho, no poder entrar o incluso su desaparición no indica falta de protección. El listado de todos los refugios que aparecen en el censo de 1938 más los descubiertos pero no censados, están localizados en la página ‘La ciutat dels refugis’ que cuenta también con toda la información textual y gráfica de cada espacio recuperado. Y en breve, nueve de los 80 refugios documentados más otros 114 no estudiados, pero de los que existen planos, se podrán visitar virtualmente desde la web a partir de reconstrucciones en tres dimensiones. En el Servei d’Arqueologia prevén tenerlas listas para marzo, cuando Barcelona acogerá un encuentro europeo sobre refugios antiaéreos en ciudades europeas.