Las secuelas económicas del covid
Cómo la pandemia arrolló el entorno de la plaza Reial: "Tuvimos que sobrevivir"
Las estrecheces de un camarero del Gòtic personifican el empobrecimiento que los trabajadores de la hostelería en la Barcelona turística sufrieron al irrumpir el virus

Un camarero cuelga un cartel junto a una terraza de la plaza Reial, en Barcelona, en diciembre de 2020. / JORDI COTRINA

Parte de la miseria que el covid alentó en Ciutat Vella se afinca junto a algunos emblemas turísticos de la ciudad. JR vive en la calle Escudellers, con su mujer y su hija de año y medio. Trabaja cerca de casa, en un restaurante de la plaza Reial, que echó la persiana como el resto de la hostelería durante meses a partir de marzo de 2020. Cuando la pandemia brotó y los turistas se esfumaron, las estrecheces que los habitantes de la parte baja del Gòtic suelen lidiar se agravaron.
“Cobraba 1.300 euros y mi mujer, 800 por cuidar de una familia. Nos quedamos de golpe sin nada”, rememora JR. El altibajo que relata es paradigmático de los desvelos que atosigaron a los empleados de la restauración: la prestación del ERTE se demoró -“solo eran 800 euros”- y la familia engrosó las colas del hambre para alimentarse.
“Mientras el restaurante estaba abierto, ganaba algo de propina que gastaba cada semana en comida, mientras que pagábamos el alquiler y los recibos con el sueldo”, prosigue JR. "Pero, cuando el negocio cerró, fuimos a entidades vecinales, a Càritas y a Cruz Roja para comer. No teníamos nada con lo que ganar dinero y pagar el alquiler, así que intentábamos vender una parte de la comida que recogíamos. Tuvimos que sobrevivir”, resuelve.
El declive económico en la trama de calles que envuelve a la plaza Reial fue uno de los más agudos en la urbe durante el primer año de crisis sanitaria: el efectivo medio a disposición de los vecinos -ya reducido de por sí- reculó de casi 11.000 euros netos en 2019 a 9.800 en 2020.
Caridad en la Barcelona histórica
“La mayor parte de las familias a las que entregamos lotes de alimentos era de esa zona. Provenía básicamente de la restauración, hoteles y servicios”, corrobora Mikel Uriondo, miembro de la Xarxa Veïnal Gòtic, una de las organizaciones vecinales que surgieron a raíz de la amenaza sanitaria para aliviar la pobreza. “Hay calles y fincas maravillosas en ese tramo del barrio y, al mismo tiempo, muchas familias que viven ahí proceden de sectores de la economía maltratada. Asistíamos a muchos camareros, gente que trabajaba en almacenes de restaurantes y empleadas de hoteles”, enumera.
JR confiesa que en el edificio del Gòtic donde reside abundan los empleados de la restauración. “Hay vecinos que lo han pasado peor que yo”, compara. “Muchos se fueron buscando una habitación para no pagar tanto. Algunos no cobraron nada porque trabajaban en negro”, destaca JR, que recobró su puesto en el restaurante de la plaza Reial, mientras su esposa ha encontrado un nuevo empleo en un hogar. “Nos hemos recuperado algo, pero aún debemos facturas”, matiza.
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