La mayor fiesta mayor

'Correfoc', 'La ciutat cremada', pero de buen rollo

Solo tiene 43 años y parece la más remota de las tradiciones de la Mercè, y este año se ha celebrado, además, en el paseo de Gràcia

FERRAN NADEU

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Carles Cols
Carles Cols

Periodista

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Cuando lo cuentan aseguran que no es una leyenda, ni siquiera una realidad aumentada. A Antoni Gaudí le sorprendió la Setmana Tràgica en lo que hoy es el parque Güell, entonces un proyecto en obras. En 1909 estaba por terminarse la celebrada sala hipóstila del recinto, la misma, ya que estamos en ello, que 60 años más tarde sirvió, sin añadirle apenas nada de 'atrezzo', de salón del trono de Fu Manchú en una película protagonizada por Christopher Lee. Pero, a lo que íbamos, en 1909 estaba Gaudí en sus quehaceres cuando el 27 de julio la ciudad comenzó a arder. Vamos, que estaba el de Reus o Riudoms (jamás se pondrán de acuerdo) en el mejor mirador posible del infierno que se acababa de desencadenar. Ardían las iglesias por toda la ciudad. Se le encogió el alma. Lo que cuentan es que la Sagrada Família, templo expiatorio de la maldad barcelonesa, tal vez no habría sido tal excentricidad arquitectónica sin aquel precedente que popularizó el sobrenombre de la Rosa de Fuego para la ciudad. Ha regresado este año al programa de la Mercè el ‘correfoc’, el de verdad, el de bailar entre los 'diables', algo imposible desde 2019, y lo ha hecho, he aquí la cosa, a la más gaudiniana de las calles de Barcelona, el paseo de Gràcia. Bienvenidos a 'La ciutat cremada 2', Rosa de Fuego, pero de buen rollo.

El 'correfoc' es, antecedentes en mano, el más multitudinario espectáculo de La Mercè, solo adelantado en número de asistentes por el piromusical de la clausura. Este año han desfilado entre la Diagonal y la calle d’Aragó 52 'colles de diables', en número las mismas que en 2019, pero parece que muchas de ellas con más parroquia luciferiana, o sea, con más potencia de fuego. El ayuntamiento, a diferencia de lo sucedido en 1909, es el que paga ahora la pólvora. Una tonelada. Esto lo ve Gaudí y le pone 13 torres más a su templo.

Correfoc de la Mercè por el paseo de Gràcia.

El 'correfoc', celebración en la que muchos repiten pero que para otros tantos tiene algo de rito iniciático (lo hay incluso para críos), ha iluminado las fachadas de la Pedrera y, oblicuamente, de la Casa Batlló. También la entrada de algunos de los hoteles más inasequibles de la ciudad lo cual podría haber proporcionado (cabía suponer antes de empezar) esa graciosa escena de los grupos de turistas vestidos para todo menos para un 'correfoc', que no saben de qué va aquello y se esperan a que comience el espectáculo. Qué más oportuno que decir entonces que luego corren como alma que lleva el diablo.

La Pedrera, literal y metafóricamente de piedra, ante lo que sucede a sus pies. 

/ FERRAN NADEU

Pero no hay que hacer juicios prematuros. Puede que este 2022 haya sido el de la internacionalización de esta gran fiesta sin igual en el mundo. Multitudinaria ha sido la presencia de extranjeros, incluso como 'hemingways' del siglo XXI, bajo la lluvia de chispas y, eso sí, caso todos con su teléfono en la mano para acreditar su hazaña. A estas horas, por 'whats', 'insta', 'face', 'tik' y a lo mejor hasta por Tinder deben estar llegando a todo el mundo imágenes del paseo de Gràcia como no lo imaginaban.

Esta saturnal de la pólvora se ha celebrado este año en este lujoso paseo con el argumento de que fue hace 150 años que aquel antiguo sendero de tierra y cabras que unía la Barcelona amurallada con la villa de Gràcia renació, casi que se metamorfoseó, en una calle para ver y ser visto, la más señorial de todo el Eixample. No podía celebrarse en el que durante un tiempo ha sido su averno más común, la Via Laietana, porque esta en obras, y visto con perspectiva no queda muy claro si en 2023 debería volver ahí. Se supone que entonces será una suerte de ‘boulevard très charmant’, y, si es así, tal vez la magia que ofrecía antes (el humo teñido de rojo, el temblor de suelo cada vez que pasa el metro, las chispas de pólvora muriendo sobre el asfalto y toda esa arquitectura más bien feota) se perderá.

Correfoc infantil en el Passeig de Gracia

/ FERRAN NADEU

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No debería ser eso motivo de preocupación. La Via Laietana ni siquiera fue el primer hogar de esta fiesta que, en contra de lo que parece, ni siquiera es cincuentona. La palabra ‘correfoc’ se acuñó felizmente en los despachos municipales de Barcelona en 1979 porque se había tenido la loca ocurrencia de invitar a todas las ‘colles de diables’ de Catalunya que quisieran venir a una especie de sanfermines sin toro, en los que no hubiera más cuernos que los de los demonios y sus bestias. De la palabra ‘correbou’ salió conjugada la de ‘correfoc’ y aquí estamos. En las primeras ediciones, la caterva mefistofélica salía directamente a través de la puerta noble del Ayuntamiento de Barcelona y, tras abrirse paso por la plaza de Sant Jaume no se sabe muy bien cómo (¡qué tiempos!), las ‘colles’ se dirigían hacia la Rambla a través de la calle de Ferran.

Unos 'diables' hacen de las suyas en mitad del paseo de Gràcia.

/ FERRAN NADEU

Desde entonces, salvo por lluvia o pandemia, arde Barcelona cada septiembre. Disfruten la galería de fotos del ‘correfoc’ de este año. Son de Ferran Nadeu. Literalmente se ha jugado la piel por ellas en esta jornada en la que la virgen de la Mercè se asoma al infierno.

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