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Barcelona registra un aumento de ataques racistas y reduce la LGTBIfobia

  • La Oficina de No Discriminación del Ayuntamiento de Barcelona aborda 110 casos, sobre todo por racismo, durante la primera mitad de 2022

Manifestación en El Masnou contra el racismo y el fascismo después del ataque a un centro de menores no acompañados, en una foto de archivo.

Manifestación en El Masnou contra el racismo y el fascismo después del ataque a un centro de menores no acompañados, en una foto de archivo. / ANNA MAS (Zeta_intramedia)

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Toni Sust
Toni Sust

Periodista

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Carlos Eslava es colombiano. Nació en Bogotá y llegó a Barcelona hace 13 años. Vive en L’Hospitalet. Tanto tiempo después, dice, ya se siente de aquí. Pero no es algo que alguno compartan. Ya había tenido algún incidente racista: “Uno me invitó a irme a mi país, pero como soy tan terco, no me fui”. Es comunicador social y periodista y dirige un “magacín atípico”, de 7.00 a 11.00 en www.lamovidalatina.com. La pasada Navidad iba en coche con una amiga por la Gran Vía cuando se encontraron en un atasco, a la altura de la Rambla, a raíz de una manifestación en la plaza de Catalunya. Era un sábado. Carlos y su amiga se lo tomaron con filosofía.  

Una señora enfadada

“Un taxi intentaba pasar entre los coches. Nosotros estábamos hablando y nos reíamos. La clienta del taxi no tenía un buen día. Ponía cara de desesperación y quizá interpretó que me reía de ella. Cuando nos dimos cuenta estaba golpeando la ventanilla del acompañante. Mi amiga la bajó y ella se despachó con insultos y nos dijo: “¡Sudacas! ¡Vuélvanse a su país!”.

Carlos, colombiano, y una amiga suya fueron víctimas de la invectiva de una señora molesta por que llegaba tarde, que les invitó a irse del país

Cuenta Carlos que tanto él como su amiga tienen un aspecto “étnico”: “Resulta evidente que no formamos parte de la raza aria. Parezco más paquistaní que otra cosa. Me lo tomo a sorna”. Su amiga alcanzó a responder a la clienta del taxi: “Solo acertó a decirle “vieja racista”.

Multa de 1.125 euros

“Yo le dije que subiera la ventanilla”, prosigue. “Me bajé del coche y me dirigí a decirle que dejara de golpear el coche. Y entonces dos guardias urbanos le pidieron la documentación e Incluso me preguntaron si quería denunciar al taxista, porque no tenía que haber permitido que ella bajara. En cuanto a la mujer, los agentes me advirtieron de que no tenía ni que denunciar, que actuarían de oficio”.

El asunto acabó en manos de la Oficina de No Discriminación del consistorio, fuentes del cual informan de que la mujer, que según Eslava tendría algo más de 40 años, fue sancionada por su comportamiento con una multa de 1.125 euros.

Visita en breve

“Para mí, no era una señora que quisiese insultar a latinos, creo que encontró un desahogo en mí. Lo interesante de todo es que hubo una consecuencia”, argumenta Eslava, que tiene intención de visitar la Oficina de la No Discriminación del Ayuntamiento de Barcelona pronto, para conocerla: “Me llamaron dos veces por lo sucedido”.

El suyo es uno de los casos que ha abordado en los últimos meses la oficina, que durante el primer semestre de 2022 ha tratado 110 expedientes. Según el organismo, la mayoría de motivos de discriminación registrados dentro de estas situaciones, en 40 de las 110, son el racismo y la xenofobia, que sube como causa en el periodo citado si se compara con el del primer semestre de 2021. En cambio, los ataques a personas por LTGBIfobia, 26, se reducen un tanto.

En la mitad de los ataques por racismo o xenofobia se ha apreciado una vulneración de su derecho a la integridad moral. En el caso de los ataques a personas LGTBI, un 30% de las vulneraciones afectaron a su integridad física.

Entre el total de víctimas de alguna discriminación constatada en este medio año por la oficina municipal, un 51% fueron hombres, un 40%, mujeres, y el resto colectivo u otros.

348 demandas

La Oficina de No discriminación dobló de enero a junio las labores de información gestionadas en el mismo periodo de 2021, y formó a más de 500 personas en el ámbito de los derechos de la ciudadanía. La primera labor de la oficina es atender a las víctimas de discriminación y la orientación y las acciones de apoyo para que estas se empoderen.

Durante la primera mitad de este año, el estamento recibió 348 demandas de las que las 110 ya citadas dieron pie a la apertura de un expediente, mientras que 238 fueron peticiones de información y consultas. De los 110 expedientes, un 38% requirió la intervención del servicio socioeducativo; el 34% precisó de orientación jurídica; el 12% acabó en una derivación a otros servicios; un 9% llevó a una intervención psicosocial y un 7% conllevó intermediación.

El concejal de Derechos de ciudadanía, Marc Serra, subraya que los datos indican que ha habido menos situaciones de discriminación denunciadas y destaca que los esfuerzos de asesoramiento jurídico por parte de la oficina “se ha doblado”. Esgrime el incremento en formación como una muestra de su implantación en la sociedad, y asegura que el servicio llega cada día a más ciudadanos.

Los porteros de la discoteca Shôko no dejaron entrar a una chica trans y precisaron a una amiga suya que ese era el motivo

Porteros de discoteca

Otro de los casos que ha tratado la oficina es el de Sofía, nombre supuesto de una chica de imagen, una figura habitual en discotecas y celebraciones. “Te invitan a cenas y bebidas, si alguien pide una botella, llevas bengalas”, cuenta. Sofía, que es trans, no había tenido nunca el problema con el que se topó en marzo en la discoteca Shôko. De repente, los porteros no la dejaban entrar.

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“Llegué un poco tarde y mis amigas ya estaban dentro. Y los porteros me dejaban fuera”. No decían por qué. Al rato subió una de las amigas, mosqueada, y les preguntó qué sucedía. Ellos contestaron que lo habitual es que acudieran chicas de imagen, “ni chicos ni trans”. Sofía no lo escuchó, pero cuando se lo contaron se indignó.

Pidió una hoja de reclamación, que tardaron mucho en darle, y que no logró hasta que llamó a la policía. También le parece sorprendente e indígnate que quienes la trataran así por ser trans fueran porteros negros, miembros de un colectivo habitualmente discriminado. “Es la primera vez que me pasa”, cuenta todavía indignada, y subraya que primero le vetaron la entrada cuando el local estaba en horario de restaurante, cuando es habitual que las discotecas ejerzan el derecho de admisión pero no sucede nunca cuando alguien va a comer a un sitio.