Ahorro energético

El reto de los 27 grados en una Barcelona que tiene el aire acondicionado a 22

Los planes europeos y la petición de Pedro Sánchez para reducir el consumo energético calan de distinto modo en la capital catalana

El reto de los 27 grados en una Barcelona que tiene el aire acondicionado a 22

JOAN CORTADELLAS

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Núria Morchón Martínez

Ante la crisis climática y las reiteradas olas de calor de este verano, Barcelona mantiene los termostatos de sus aires acondicionados en torno a los 22 grados, muy por debajo de los 26 que recomiendan los expertos y de los 27 que este viernes propuso el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Una periodista del diario ha recorrido distintos establecimientos, públicos y privados, de Barcelona para comprobarlo con un termómetro de aire. Los resultados distan mucho de lo deseado, pero lo que parece claro es que los mensajes del Gobierno y de la Unión Europea, que ha pedido reducir el consumo de gas de cara al otoño, calan mejor en los ciudadanos que en las administraciones y las empresas.

Uno de estos días en los que el sol apretaba agresivamente, el barcelonés Francisco paseaba por la Diagonal, cerca del centro comercial L’Illa. Muchos de los transeúntes, sofocados, se paraban frente las puertas abiertas del comercio multimarca Sfera que, a pie de calle, arrojaba oleadas de frío hacia el exterior. La temperatura del establecimiento oscilaba, según el termómetro, por los 21,5ºC. Francisco, informado sobre las medidas establecidas por la Comisión Europea, explicaba que él sí sigue las medidas "desde hace años". Aunque le parece una regulación necesaria, considera que es "del todo insuficiente", ya que según este ciudadano, las instituciones deberían poner en cuestión los verdaderos detonantes de "una crisis que se agrava y que está poniendo en peligro la supervivencia" como, por ejemplo, “el modelo de producción, de organización social y de estilo de vida”.

"Yo lo hago por una cuestión de ética desde hace mucho tiempo", decía Francisco. No solo él opinaba así. Carlos, vecino del barrio de Sarrià, afirmaba que él y su familia en casa ponen el aire acondicionado a 24º, rozando las recomendaciones que han lanzado desde Europa. "La temperatura confort siempre se dice que está entre los 24º y 25º", insistía. Y añadía: "La gente, a veces, pone el aire a toda pastilla pensando que la sala se enfriará antes y no es así". Mientras tanto, Òscar, que caminaba apresurado por salir de la gran avenida de Portal de l’Àngel, confirmaba que él siempre pone el aire acondicionado entre 25º y 26ºC, y que las medidas de Sánchez le parecen del todo “razonables, dadas las circunstancias”.

Test de temperatura en el interior de una tienda de Nike.

/ JOAN CORTADELLAS

En una de las puertas de El Corte Inglés de plaza Catalunya, Luis esperaba a su hija rodeado de turistas y compradores con ganas de rebajas. Un centro que, tal y como se vio en L’Illa, también arrojaba a la vía el aire gélido desde su interior y que fue calificado por el hombre como "la catedral del capitalismo". Según explicaba Luis, además, se trataría de un buen ejemplo que demuestra "la falta de conciencia ecológica y medioambiental por parte de estas empresas". La temperatura ambiente dentro de El Corte Inglés de plaza de Catalunya, tal y como predijo Luis, se situaba alrededor de los 22ºC. Y en su centro comercial de Portal de l’Àngel a 21,7ºC, lejos de las recomendaciones.

Ola de turistas

En una Barcelona invadida por el calor y en plena ola de turistas, contrariamente a los ciudadanos son diversas las empresas e instituciones que no siguen las indicaciones europeas. Barcelona es, según Statista, uno de los “destinos turísticos más importantes del mundo”. Teniendo en cuenta que la pandemia impidió en 2020 la normal movilización de los viajeros, la ciudad condal alcanzó los 11.977.277 turistas en 2019, de los cuales cada uno se gastó cerca de 195 euros diarios. Así pues, con la llegada del oleaje de visitas propio de esta época, son varios los comercios que seducen a clientes con su aire acondicionado. La tienda de moda Mango situada en Portal de l’Àngel, por ejemplo, presentaba esa tarde una temperatura ambiente por debajo de los 22ºC. En cambio, en su tienda de La Rambla, se mantenía en los 21,3ºC.

En Hotel Catalonia Portal de l’Àngel, vestido de traje y corbata, uno de los empleados de recepción asegura que la temperatura del aire acondicionado es de 25ºC porque “no tira más”. En caso de que se pudiera, el trabajador bajaría la temperatura porque “la sensación térmica es superior a la indicada”. En Ikonik Anglí de Sarriá, ese mismo viernes, la temperatura del aire acondicionado estaba a 21ºC. La chica encargada de la recepción del hotel asegura que, “considerando que la puerta se abre y se cierra cada vez que alguien entra al hotel, lo mantenemos bajito”. Mandarin Oriental de Passeig de Gràcia, a su vez, conservaba en su interior una temperatura ambiente ligeramente por debajo de los 23ºC.

En la calle de Fontanella, cruce con la plaza de Urquinaona, la panadería El Fornet mantenía climatizado el local con un aire acondicionado que según sus empleadas estaba “programado a 22ºC”. Enfrente, la empresa Media Markt sostenía una temperatura que rozaba los 23ºC. En el caso de El Decathlon de la plaza de la Vila de Madrid, situado cerca de La Rambla, el espacio contenía una temperatura ambiente de 23,2ºC en su interior. Hay empresas más dispuestas que otras a seguir con los recortes energéticos pero, ¿cómo llevan las entidades que forman parte de la administración pública barcelonesa la acogida de las regulaciones?

Trenes y buses, más templados

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En referencia al transporte, uno de los ferrocarriles de FGC que circulaba en dirección Avinguda Tibidabo (L7), alrededor de las 20 horas, presentaba la temperatura ambiente de 22,5ºC. Otro que se dirigía de Sarrià a Plaça Catalunya (L6), alrededor de las 16.00h, presentaba una temperatura cercana a 23ºC. En cuanto al bus, tras diversas tomas en distintos vehículos que circulaban por la ciudad, este mantiene una temperatura que se ajusta a las medidas recomendadas por los expertos. En el metro, en cambio, tanto la L1 como la L3 presentaban una temperatura próxima a los 25ºC, y eso teniendo en cuenta el movimiento constante de sus puertas automáticas.

A través del termómetro se ha podido llegar a una conclusión. Y es que quizás resida, en la conciencia del ciudadano, el civismo y la responsabilidad necesarios para poder superar esta emergencia energética a la que Comisión Europea y Gobierno han lanzado el dardo.