Visita diferente

La 'puput' de Gaudí toma vida en La Pedrera

La Pedrera estrena visitas inmersivas a partir de la realidad mixta.

La Pedrera estrena visitas inmersivas a partir de la realidad mixta. / La Pedrera

  • El emblemático edificio estrena realidad inmersiva con una experiencia que mezcla arquitectura real y hologramas de las figuras creadas por el genio modernista

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Natàlia Farré
Natàlia Farré

Periodista

Especialista en arte, patrimonio, arquitectura, urbanismo y Barcelona en toda su complejidad

Escribe desde Barcelona

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Construir un arco parabólico, el que resulta de suspender una cadena agarrada por dos puntos situados a la misma altura, y levantar un arco catenario de ladrillo, parecido al primero pero no igual, es posible en La Pedrera. Lo es sin ensuciarse lo más mínimo ni realizar un ápice de fuerza. Lo es gracias a la realidad mixta, que no es lo mismo que la realidad virtual ni la aumentada, sino una solución tecnológica menos agresiva y más sutil, a la par que inmersiva. Y lo es porque la que pasa por ser la última obra civil de Antoni Gaudí y la más singular por lo que supuso de ruptura en lo que a innovaciones constructivas y soluciones ornamentales se refiere estrena visita, aunque sus responsables hablan de experiencia ya que es sensorial e interactiva. Lo dicho, un recorrido a base de realidad mixta que es lo mismo que decir que el visitante sigue viendo el mundo físico tal como es, en este caso la genial obra arquitectónica del modernista, al tiempo que una serie de hologramas surgidos de las formas naturales que creó Gaudí toman cuerpo y explican el qué, el cómo y el porqué del edificio. 

Zepelines volando

La visita empieza, cómo no, con el usuario poniéndose unas gafas y dejándose escanear las manos para poder durante el trayecto interactuar con los hologramas ya sea para construir un arco parabólico o catenario al tiempo que se aprende que la azotea de La Pedrera descansa sobre 270 de los segundos o bien para ir tocando zepelines que sobrevuelan el espacio y cuyo contacto supone obtener información sobre lo mal recibida que fue la obra en su momento. De ahí el nombre de Pedrera y la huida de la ciudad del primer ministro francés Georges Clemenceau alegando que los catalanes construían casas para dragones. Decir que los zepelines virtuales aluden a otra de las bromas despectivas que se hacían sobre el edificio a principios del siglo XX al compararlo con un aparcamiento para dichos artefactos voladores. 

Maestro de ceremonias

El maestro de ceremonias de la visita con realidad mixta es el holograma de una 'puput' (o abubilla), el mismo que aparece en el forjado de uno de los balcones de la fachada principal y que durante el recorrido guía al visitante por las seis estancias que forman la visita. Seis habitaciones del entresuelo, hasta la fecha cerradas al público, que lucen vacías de ornamentos pero llenas de la arquitectura gaudiniana con sus techos, columnas de piedras, molduras y puertas, y que narran tanto la inspiración de Gaudí en la naturaleza para su creación como la historia del edificio a lo largo del siglo XX: desde el encargo que en 1905 el matrimonio Pere Milà y Rosario Segimon hicieron al arquitecto para levantar una vivienda en el entonces incipiente paseo de Gràcia hasta la actualidad pasando por la confiscación que sufrió en 1936 por parte del PSUC y su conversión en Conselleria d'Economia i Agricultura y residencia particular del ‘conseller’ Joan Comorera. 

Inversión secreta

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La iniciativa afirman desde La Pedrera es la primera de este tipo en España y ha contado con la colaboración de Laie (que ha iniciado una nueva línea dedicada a este tipo de experiencias), Glassworks (estudio centrado en los efectos visuales y animación digital) y Microsoft, y tiene como objetivo acercar la cultura a nuevos públicos a través de la tecnología. La inversión afirman desde la Fundació Catalunya La Pedrera ha sido importante pero se mantiene en secreto. No así el precio Magical vision -título de esta nueva visita- que se sitúa en los 18 euros. 

1,3 millones de visitas

La propuesta es una más de las que ofrece la Casa Milà (nombre real del edificio) para pasearse por ella. Además de la visita al uso, es posible conocerla de noche con espectáculo visual y copa de cava en la azotea incluida, a solas antes de su apertura o realizar un ‘tour’ por los espacios ocultos, los que no están abiertos al público. En tiempos prepandémicos, en 2019, 1,3 millones de visitantes optaron por una de las experiencias, en 2020 y 2021, en plena pandemia, fueron 181.354 y 206.725 personas, respectivamente. Este año aún no tiene cifras, pero ya se ha recuperado el 70% de los visitantes de 2019 y la previsión es que el porcentaje vaya creciendo a medida que el verano avance.