Exposición en el espacio Kbr de la Fundación Mapfre

Adolf Mas, una mirada de 360º sobre Barcelona

La primera monográfica dedicada al fotógrafo ahonda en las imágenes que captó de las transformaciones sociales y urbanísticas de la ciudad, y de los círculos de intelectuales y artistas del momento

El doctor Macaya, asistiendo a una paciente en la Casa de la Lactancia, en 1903.

El doctor Macaya, asistiendo a una paciente en la Casa de la Lactancia, en 1903. / Adolf Mas. Fundació Instut Atmatller d'Art Hispànic

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Natàlia Farré
Natàlia Farré

Periodista

Especialista en arte, patrimonio, arquitectura, urbanismo y Barcelona en toda su complejidad

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 A los legos en fotografía patrimonial poco les dice el nombre de Adolf Mas (1860-1936), su desconocimiento del personaje es proporcional al reconocimiento que tiene entre los historiadores del arte, aquí y allende de los mares. Mentar su nombre es reverenciar su trabajo: fotografió iglesias, retablos, pinturas… de toda la Península -algunos ya desaparecidos-, y puso sus imágenes a disposición de los investigadores. Una tarea que empezó como fotógrafo de la famosa 'Missió arqueològico-jurídica a la ratlla d’Aragó' de 1907 -con la que el Institut d’Estudis Catalans y Josep Puig i Cadafalch impulsaron el estudio del patrimonio románico del Pirineo- y que culminó con el encargo de 1915 de conformar un repertorio iconográfico de España para la Exposición Internacional de 1929. 

Pero la documentación patrimonial, grueso del celebérrimo Arxiu Mas (hoy en la Fundació Institut Amatller d’Art Hispànic), es solo una parte de su producción que también pasó por los retratos y el fotoperiodismo ejercido en la primera década de 1900 en Barcelona, entonces una ciudad en transformación, tanto urbana, con la creación del Eixample, como social, con el ascenso de la burguesía y el nacimiento de la conciencia obrera. Sin olvidar la revolución cultural e intelectual que se estaba pergeñando en la ciudad: de 1897 data la apertura de Els Quatre Gats a imagen y semejanza de ‘Le Chat Noir’ de París, y de poco antes son el Ateneu Català (1860) y el Cercle Artístic de Sant Lluc (1893), por poner dos ejemplos.

Fue uno de los grandes de principios del XX, tan reconocido por su trabajo sobre patrimonio, suyo es el celebérrimo Arxiu Mas, como desconocido en su faceta de fotoperiodista

Y en estos dos aspectos, fotoperiodismo y retratos, son en los que incide la exposición que desde el viernes y hasta el 8 de mayo despliega el espacio Kbr de la Fundación Mapfre. Una suerte de reparo para un artista al que nunca hasta ahora se le había dedicado una monografía pero que su trabajo ha proveído, a veces desde el anonimato, infinidad de muestras. No hay exposición sobre la Barcelona de principios del XX que no cuente con alguna de sus imágenes. No en vano “fue uno de los grandes, y un fotógrafo que a través de su mirada acabó dibujando el imaginario colectivo de la Barcelona de la época. Se convirtió en los ojos de la ciudad porque estaba presente en todo lo que acontecía. De ahí el título de la exposición [‘Adolf Más. Los ojos de Barcelona’]”, en palabras de Carmen Perrotta, su comisaria. 

Juegos. Gran Vía de las Cortes Catalanas. 1906. / ADOLF MAS

Estampas desaparecidas

Así las temáticas que tocó Mas como fotoperiodista abarcan un amplio espectro temático y aunque sus reportajes urbanos más celebrados pasan por las celebraciones de la Lliga Regionalista de 1904, el I Congrés Internacional de la Llengua Catalana de 1906, el homenaje a Àngel Guimerà de 1909 y, sobre todo, la Setmana Tràgica (1909), su primer proyecto publicado en prensa tuvo al deporte y a la segunda asamblea de la Federación de Gimnástica Española como protagonistas, un evento que reunió a 16.000 personas, según las crónicas de la época, en la Ciutadella en 1900. Pero pasear la mirada por el trabajo de Mas es ver, también, la calle de Ferran decorada por Josep Maria Jujol para las fiestas de La Mercè de 1902, a Antonio Maura y Alfonso XIII circulando en un coche de caballos alrededor de la Sagrada Família en 1904 o la Gran Via sin adoquinar y con niños jugando en medio de la arteria en 1906. Amén de la estación de la calle de Aragón aún sin cubrir (1904) o el desaparecido Bar Torino, templo modernista y en su día considerado el local más lujoso de la ciudad.

Documentó la trama urbana desaparecida bajo la Via Laietana y la construcción de las modernas infraestructuras asistenciales impulsadas por la Administración, como la la Maternidad

La transformación urbana de Barcelona se percibe también en otros dos grandes proyectos de Mas: su participación en el concurso municipal para documentar las calles que la piqueta se iba a llevar por delante para abrir la Via Laietana y el seguimiento fotográfico que hizo de las modernas infraestructuras asistenciales impulsadas por la Administración: léase, sobre todo, la Casa Provincial de la Maternidad y Expósitos de la Diputación de Barcelona, un complejo hospitalario para madres solteras y niños desamparados levantado en Les Corts con los métodos pedagógicos más vanguardistas. Y ahí está, también, la serie fotográfica vinculada a las instalaciones y el funcionamiento del Laboratorio Municipal de Microbiología, creado en 1886 para el control de la rabia.

Asiduo a Els Quatre Gats

Pero la vida artística y social también tuvo mucho que ver con la producción temprana de Mas, que se codeó con todos los intelectuales y artistas de la Barcelona de principios de siglo. A ellos debe sus retratos, una serie casi desconocida que remite a un fotógrafo casi pictorialista con personajes con la mirada perdida y recreando escenografías marianas. No sé sabe cómo Mas entró en contacto con el círculo de Els Quatre Gats como también es un misterio cómo y cuándo decidió cambiar su profesión de procurador por la cámara, pero ahí estaba, en el establecimiento de Pere Romeu con Santiago Rusiñol y Ramon Casas, con el que le acabó uniendo una gran amistad. Del pintor modernista es uno de los logotipos que usó Mas para identificar sus fotografías, aunque el autor de ‘La carga’ no fue el único creador que colaboró con el fotógrafo: Eusebi Arnau y Alexandre de Riquer hicieron lo propio.  

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Poco conocidos son sus retratos pero casi inéditos son los trabajos que realizó para dos de las grandes divas de la época: Tórtola Valencia y María Barrientos, que, además, tienen la peculiaridad de estar iluminados con pintura por el propio Mas. 

En total, la exposición reúne 200 fotografías de época que muestran una Barcelona casi irreconocible vista por un fotógrafo que fue mucho más que el gran documentalista del patrimonio español, etiqueta que le dio la fama.