Medio ambiente

Cotorras de ciudad: ¿víctimas o invasoras?

Verdes y de pecho gris, estas vistosas y escandalosas aves se han hecho fuertes en las grandes metrópolis. En Barcelona podrían ser más de 10.000 y el debate se centra en cómo controlar su crecimiento sin recurrir al método madrileño de aniquilarlas a perdigonazos

Una cotorra residente en el parque de la Ciutadella devora un pedazo de pan, este domingo

Una cotorra residente en el parque de la Ciutadella devora un pedazo de pan, este domingo / Zowy Voeten

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Carlos Márquez Daniel
Carlos Márquez Daniel

Periodista

Especialista en Movilidad, infraestructuras, política municipal, educación, medio ambiente, área metropolitana

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La película de Hollywood sería algo similar a esto: un científico se trae a su ciudad un par de huevos de un animal exótico, insólito en su continente, sin darse cuenta de que está a punto desatar una invasión. El cine le pondría sal y pimienta con muertos, terremotos, una historia de amor, olas gigantes, batallas y explosiones. Acabaría bien, por supuesto, con un puñetazo de la especie humana sobre la mesa, un recordatorio sobre quién manda en este planeta. Trasladado a una realidad algo más anodina, tenemos el peculiar fenómeno de las cotorras, un ave que forma parte del paisaje de nuestras ciudades desde hace décadas. Para algunos, un conquistador, un 'okupa' del espacio público que ha contribuido al declive de pequeños pájaros autóctonas. Para otros, como los centenares de personas que se han manifestado este domingo en una docena de ciudades españolas, un pájaro con derechos al que hay que controlar de manera ética.

Manifestación en Barcleona para reclamar un control ético de las cotorras en las grandes ciudades / ZOWY VOETEN

Ambos banquillos coinciden en que el libre albedrío no es un opción viable. Porque dejar hacer, permitir que el animal se adapte y se reproduzca a su antojo sería una mala noticia para el ecosistema, del mismo modo que no sería prudente dejar que el jabalí de Collserola, ahora mezclado con su primo de origen vietnamita, un campeón de la reproducción, se extienda sin limites por la estepa barcelonesa. Cómo se reduce el censo de cotorras es la base del conflicto. Madrid decidió echar mano del guión de cine y puso en marcha un plan de casi tres millones de euros que incluía, como señala David Romero, portavoz de la asociación Birds Friends, "matarlas a cañonazos". El objetivo no era poca cosa: aniquilar cerca de 11.000 ejemplares de los cerca de 13.000 censados en la gran ciudad.

Bienestar animal

Lo de los cañonazos es una manera de hablar, pero bastante cercana a la realidad, pues los cazadores contratados por el ayuntamiento usaron escopetas de perdigones. Cuando el consistorio anunció el plan, a principios de 2020, fuentes municipales señalaban que el eutenasiado ético de los animales se llevaría a cabo "por métodos que no contravengan la normativa sobre bienestar animal". Muy amplia debía ser la idea del 'bienestar animal' para incluir el uso de armas. El destino de los animales iba a ser sí o sí el sacrificio al tratarse de una especie invasora, tal y como dicta el real decreto 630/2013. El PACMA defiende la esterilización química o el pienso anticonceptivo, que según señala Beatriz Arévalo, responsable territorial del partido animalista, ya se aplicó con éxito en localidades como Molins de Rei o Cardona, donde la población de cotorras, asegura, se redujo al 50%. El uso de este método, sin embargo, según señala Romero, genera "ciertas discrepancias sobre sus efectos".

Protesta en defensa del control ético de las cotorras, este domingo, en la plaza de Sant Jaume

/ Zowy Voeten

Una de las pocas cosas buenas de ser una de las ciudades con menos verde por habitante de toda Europa (nos referimos a Barcelona, Madrid tiene más del doble) es que la cotorra tiene muy limitado su marco de acción. Básicamente, el puerto y, sobre todo, la Ciutadella, amén de ramblas como la del Poblenou, donde el concierto diario, y en coro, de la cotorra argentina de pecho gris, puede resultar sumamente irritante. El último recuento en la capital catalana se hizo en 2015. Unas 5.000 según la Sociedad Española de Ornitología. Teniendo en cuenta su capacidad reproductiva, y que según las entidades animalistas no se ha hecho prácticamente nada para controlar su crecimiento, a día de hoy podrían ser cerca de 10.000. La ciudad sí ha hecho algo para intentar acomodar a la especie y evitar que genere problemas. Parcs i Jardins tiene contratada a una empresa para retirar huevos y polluelos cuando un nido amenaza con caerse. Solo en 2021 se retiraron más de 400 'casas' de cotorras al borde del colapso. Es un trabajo, sin embargo, más de contención que de control global o de reducción.

"Apenas hay noticias de nidos caídos de los árboles. Las cotorras son grandes arquitectas"

Se han adaptado estupendamente al clima mediterráneo, y les ha ido muy bien la isla de calor que genera la contaminación atmosférica. Sobre el ruido que emiten, el portavoz de Birds Friends se sorprende de que otros problemas acústicos de ciudad no llamen tanto la atención. Los coches... "También se dice que sus nidos son peligrosos, pero lo cierto es que hay muy pocas noticias de que haya caído alguno al suelo. Son grandes arquitectas, y además proporcionan sitio de nidificación a otras especies", añade. Empezaron en la comodidad de las palmeras, pero ya hace tiempo que se atreven con lugares más endebles, como plátanos o farolas.

En el menú del halcón

También, prosigue este experto, aportan alimento a especies autóctonas en decadencia, como el halcón peregrino, y además ayudan en la batalla contra el picudo rojo, el escarabajo matapalmeras. Por todo ello, redefine Romero, y aunque se acusa a las cotorras de ser causantes del declive de especies autóctonas, como el gorrión, "no se puede hablar de especie invasora, sino de especie introducida". Un modo de defender el derecho a la vida de estos animales, que, tal y como se ha repetido en la protesta de este domingo en Sant Jaume, organizada por particulares sin el paraguas de ninguna entidad o partido político, ya "forman parte de nuestro ecosistema".

Cotorras y palomas comparten un alcorque de la Via Augusta

/ Elisenda Pons

Cómo llegaron a nuestra ciudad merecería una pieza a parte en la que hablaríamos de especies invasoras que también terminan, por ejemplo, en el pantano de Vallvidrera, donde mucha gente suele depositar mascotas acuáticas de las que se han hartado. Con casos extremos, como la familia que se encontró un cocodrilo de un metro en el pantano de can Borrell (Sant Cugat). Era un caimán yacaré y de haber alcanzado la madurez en libertad, habría alcanzado los dos metros y medio. En el caso de las cotorras, su desembarco en Catalunya se puede explicar a través de la historia de la ciudad, de la crónica de la Rambla, otrora zoo urbano, bazar de los animales de estar (un rato) por casa.

Ventana abierta y a volar

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El capricho, el exotismo de exhibir en una jaula un animal de colores llegado de Suramérica, fue el origen de todo lo sucedido en décadas posteriores. Romero dice que las primeras llegaron hace unos 70 años, pero no empezaron a alcanzar cierta fama hasta finales de los 80, aportando algo más de color a la etapa preolímpica. Entonces se vendían por unas 3.000 pesetas. Pero son agresivas, no se dejan tocar, y hacen mucho ruido, así que en muchos hogares debió repetirse la misma secuencia: ventana abierta, a volar y aquí paz y después gloria.

Nido de cotorras, en una palmera de Barcelona

/ Jordi Cotrina

Así las cosas, y tal y como defienden los animalistas, tenemos ante nuestros ojos un problema, o un reto, que nos hemos ganado a pulso. De ahí la dicotomía entre especie invasora o especie introducida. Y de ahí la necesidad, y casi la justicia histórica, de evitar su descontrolado crecimiento de la manera más humana posible. O mejor dicho, de la mejor manera posible.

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