Homenaje póstumo

Bohigas, alcalde por un día

En ausencia de un funeral, aunque fuera laico, familiares, amigos y admiradores se reúnen en el Saló de Cent para rendirle homenaje en el que habría sido su día de aniversario

Ada Colau conversa con Beth Galí, en presencia de Janet Sanz, en el Saló de Cent.

Ada Colau conversa con Beth Galí, en presencia de Janet Sanz, en el Saló de Cent. / Zowy Voeten

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Carles Cols
Carles Cols

Periodista

Especialista en Barcelona, en sus cuatro dimensiones periodísticas, las tres físicas, a lo largo, ancho y alto, y la cuarta, la temporal. Vamos, una gran macedonia de temas.

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Oriol Bohigas ha visto por fin cumplido el que probablemente jamás fue su sueño y con el que, en un memorable artículo, fantaseó en su día Manuel Vázquez Montalbán. “Si Bohigas hubiera sido alcalde…”. Lo escribió en 1999 y así lo tituló, y, lo que son las cosas, Bohigas, que fue todo cuanto quiso en vida (arquitecto, escritor, editor, profesor universitario, presidente del Ateneu Barcelonès, director de la Fundació Miró, político contracorriente, melómano, gran seductor, nitroglicerínico intelectual…) acaba de ser despedido por sus familiares y amigos con honores de lo que nunca fue, alcalde, en el Saló de Cent del Ayuntamiento de Barcelona, con una misa laica que seguramente le habría gustado por la lista de oficiantes y, también, por el lugar, un hermosísimo salón gótico con raíces arquitectónicas en el siglo XIV que puede presumir de ser uno de los primeros parlamentos de Europa.

Dio la bienvenida a los asistentes la alcaldesa Ada Colau, quien, sin desvelar aún más detalles, prometió que una calle, plaza o lugar de esta ciudad llevará el nombre de Bohigas, al que definió, en una palabra que habría que añadir al compendio del anterior párrafo, como un barcelonés ácrata, un anarquista de espíritu, pero de aquellos que no le hacías ascos a trabajar desde las instituciones para conseguir cambios en la sociedad. No iba desencaminada.

Promete Colau que Bohigas tendrá su calle o plaza, ¡ay!, se podría temer, visto cómo esta ciudad ha tratado a quienes la han esculpido, como Cerdà.

Murió Bohigas el pasado 30 de noviembre, por pocos minutos casi el día 1 de diciembre y cuando ya quedaba tan poco para que cumpliera los 96 años de edad, precisamente este 20 de diciembre en que se ha celebrado la ceremonia de recuerdo, porque no hubo funeral de despedida tras su deceso, no hubo un desfile de autoridades que en las escalinatas de tanatorio pronuncian frases preparadas en casa, como en aquella escena inicial de ‘Lawrence de Arabia’, que arranca con la muerte del protagonista, porque entre las varias sorpresas que deparó Bohigas en su adiós estuvo el hecho de que había prometido su cuerpo a la ciencia, así que el ritual y duelo tradicional se vio obligatoriamente descartado.

Pere y Josep Bohigas, dos de los cinco hijos de Oriol, encargados de la clausura del acto.

/ Zowy Voeten

Estaban en casa los Bohigas el 1 de diciembre, ya sin el patriarca de cuerpo presente, a saber dónde, una situación que sin duda debe ser extraña, y acordaron celebrar el día 20, pese a todo, el cumpleaños del padre, abuelo, amigo o lo que correspondiera en el piso de la plaza Reial en el que vivió desde 1989, pero justo en mitad de ese debate sobre qué hacer pasó por ahí la alcaldesa Ada Colau a dar sus condolencias y les sugirió que lo hicieran en el Saló de Cent. Dicho y hecho. Todo 'alcalde' de Barcelona se merece ese honor.

Ha sido, cómo no, Beth Galí la encargada de poner los cimientos del acto, de seleccionar, por ejemplo, las piezas musicales con las que su pareja se sentía reconfortada en vida, el sincopado ‘Cold Song’ de Purcell y ese ‘Bist du bei mir’ que se le atribuye a Bach, aunque parece que equivocadamente. También Galí ha sido la encargada de trazar algunas pinceladas siempre necesarias sobre su Oriol, al que se retrataba a veces simplonamente como un amigo de las 'boutades', de los exabrutos, "Tornado Bohigas", le llamaban", pero en realidad solo era alguien que decía grandes verdades salpimentadas con ironía.

Tras Galí, una ecléctica alineación de amigos y ‘bohiguistas’ han pronunciado recordado a Bohigas desde distintas facetas, Juli Capella, Milagros Pérez Oliva, Eva Prats, Valentí Roma y, por último, su fiel amigo Jordi Garcés y su hija Marina, teloneros de lujo todos ellos, según se mire, de la despedida de clausura que han pronunciado al final sus hijos Josep y Pere.

Vázquez Montalbán fue su amigo y, también, sus Pepito Grillo, así que, aunque ausente desde 2003 merece la pena recordar su memorable artículo "Si Bohigas fuera alcalde..."

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De no haber sido víctima de un inesperado ataque al corazón en 2003, Vázquez Montalbán podría perfectamente haber sido uno de los invitados a recordar al finado, más que nada porque el escritor estaba hecho de la misma madera polemista que Bohigas, tanto que no escondía las olímpicas diferencias que le separaban de él, y eso al arquitecto probablemente le retroalimentaba. En aquel artículo en que le imaginó como alcalde de Barcelona fue muy certero en subrayar que cuando llegó la democracia no había en toda la ciudad nadie mejor preparado para reordenar el caos feísta que había propiciado el franquismo que el propio Bohigas, de ahí que tantas veces se le recuerde como el padre de la Barcelona moderna.  Fue él una de las dos piezas del clásico tándem de príncipe y el arquitecto con el que se construyen la modernidad, un dúo que, según Vázquez Montalbán, en una ciudad como Barcelona siempre era un trío, porque siempre había “en algún rincón de la alcoba el empresario con el libro donde están escritas todas la rebajas de la imaginación”.

No es ningún secreto que Vázquez Montalbán fue el Karl Kraus de los JJOO, uno de los pocos intelectuales que levantó un castillo de objeciones cuando los demás aplaudían o callaban, por eso, para él, el momento crucial de la trayectoria vital de Bohigas fue cuando como arquitecto del príncipe Maragall se enfrentó a la contradicción de elegir “entre la ciudad necesaria para la dramaturgia olímpica y la ciudad necesaria para el día siguiente, vacía de atletas, de nuevo recuperada por los peatones”. ¿Salió airoso de aquel dilema? Tal vez sirva para responder a esa pregunta el elogio que brevemente le ha dedicado Capella durante el acto, no como alumno suyo que un día fue en la Escola de Arquitectura, sino simplemente como barcelonés, porque nació en el Raval que Bohigas reformó, vivió en la Vila Olímpica que él concibió, se casó en el Pabellón de la República que arquitectónicamente resucitó y sus hijos se han formado en dos de las escuelas públicas que llevan su firma. Así de presente puede llegar a ser la huella de Bohigas en esta ciudad.