La ciudad del futuro

Supermanzanas: la Barcelona de las dos velocidades

Un estudio constata que vivir en un entorno urbanístico pacificado beneficia a la salud, otra cosa es qué sucede con las calles del entorno o con el mercado inmobiliario

Ambiente en la supermanzana de Sant Antoni, este jueves de nubes y tiempo regulero

Ambiente en la supermanzana de Sant Antoni, este jueves de nubes y tiempo regulero / Ferran Nadeu

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Carlos Márquez Daniel
Carlos Márquez Daniel

Periodista

Especialista en Movilidad, infraestructuras, política municipal, educación, medio ambiente, área metropolitana

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La desigualdad en Barcelona es tan antigua como la propia ciudad. Lo era dentro de las murallas que cayeron a mitad del siglo XIX, y luego ayudó la anexión de los pueblos del entorno, como Sarrià, Les Corts, Gràcia o Sant Andreu. O la creación de barrios pensados para albergar a una inmigración sin la que hoy nada sería lo mismo ni la capital catalana sería lo que es. La realidad es que algunos vecindarios tienen una renta familiar cinco veces superior a la de otros. Y solo les separan algunas salidas de la Ronda de Dalt. Ese es el desorden estructural que no desaparece. Y ahora subyace una nuevo desequilibrio de la mano de las supermanzanas; más localizado, más caprichoso. Un estudio de la Agencia de Salud Pública de Barcelona (ASPB) demuestra que en las burbujas urbanísticas se vive mejor, el ruido disminuye, la vida social en la calle se dispara y la contaminación baja. Eso se traduce en un mayor bienestar de los vecinos, pero con un importante efecto colateral, previsible, por otro lado, como es el incremento del precio de la vivienda. En el caso de Sant Antoni, con pisos de 85m2 por encima de los 2.000 euros al mes, o de 120m2 superando los 3.000. Si no hay mal que por bien no venga, aquí no hay bien que por mal no venga.

Competencias

La ciudad dispone y el sector privado, como es lógico, pasa el rastrillo. En el caso de Sant Antoni, cuya transformación siguió a la reforma integral del mercado, se aprobó un plan de usos que vetaba determinados comercios destinados a los turistas. Pero poco puede hacerse con la vivienda, al margen de las competencias municipales que se limitan a la reserva del 30% de nuevas construcciones a pisos sociales o el derecho a tanteo y retracto del ayuntamiento sobre un inmueble puesto a la venta, amén del control sobre pisos turísticos ilegales. Janet Sanz, teniente de alcalde de Urbanismo, ha admitido este jueves que han detectado un "aumento de la oferta de alquiler" en el barrio. Lo están analizando, ha dicho, para estudiar de qué manera se puede actuar para que no se cree, o no se incremente, la pequeña burbuja inmobiliaria de la supermanzana. De esta y de las que están por venir.

Un ciclista se toma un respiro en un banco de la supermanzana de Sant Antoni, este juves

/ Ferran Nadeu

Que estos bloques son un remanso de paz lo demuestra el estudio de la ASPB presentado este jueves en sede consistorial. Una noticia buena, sin duda. Se han analizado las supermanzanas de Horta, Poblenou y Sant Antoni, aunque de manera muy desigual. Solo de esta última se tiene comparativa en cuanto a registros de dióxido de nitrógeno (NO2), cuyos niveles han caído un 25% y ya están por debajo del límite que recomienda Europa, y de partículas en suspensión (pm10), con una reducción del 17% que no logra, por poco, rebajar el máximo que establece la UE. Estos datos, según ha señalado la concejala de Salud, Gemma Tarafa, reduce el riesgo de padecer "trastornos crónicos de salud, problemas cardiovasculares y respiratorios, depresión, obesidad o ansiedad". Así las cosas, ¿no preferían ustedes vivir en una supermanzana que fuera de ella? Sucede que en 100 metros uno pasa del Eixample más congestionado, con 300.000 vehículos cruzando el distrito a diario, a una pompa sin apenas coches, personas charlando y niños jugando.

El calendario

Para resolver esta desigualdad, el gobierno municipal tiene entre manos un proyecto a 10 años vista que, en palabras de Sanz, pretende trascender de la lógica de barrios para aplicar la filosofía de supermanzana a toda la ciudad. Lo llaman 'superilla' Barcelona e incluye la expulsión del coche y posterior reforma urbanística de 21 calles que generan sendas plazas, sobre todo en el Eixample. En 2023 (curiosamente, antes de las elecciones municipales de mayo), está previsto que Consell de Cent y sus perpendiculares Girona, Rocafort y Borrell ya tengan el nuevo aspecto de ciudad 'slow'. Tendrán 4.000 árboles más y se cambiará el asfalto por el familiar 'panot'. Luego se irá avanzando, con la idea de terminar en 2030. Preguntada sobre si el calendario responde a la urgencia medioambiental expresada, Tarafa se ha limitado a celebrar que todo vaya según lo previsto, aunque también ha instado a extender la pacificación de las calles "lo más rápido posible".

Al margen de los niveles de contaminación, la investigación de la ASPB también ha constatado en Sant Antoni una disminución del ruido, lo que implica que los residentes concilian mejor el sueño, y más socialización, sobre todo por parte de personas mayores. En cambio, se observa "poca gente joven" y las familias con hijos, a pesar de que usan y disfrutan del entorno, advierten de una "falsa sensación de seguridad". Sobre la de Horta, el estudio percibe una mayor comodidad a la hora de andar o moverse con un cochecito de bebé pero también avisa de que la calle principal de la supermanzana, la de Fulton, no se ha resuelto del todo bien porque los vecinos intuyen un número de vehículos superior al de antes de la transformación. Solo el 6% de los entrevistados asegura usar el entorno para realizar actividad física, pero celebran que haya más interacción entre vecinos.

El estudio constata un uso generoso por parte de niños y personas mayores, pero sin noticia de los jóvenes

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La del Poblenou, que tanto dio que hablar en septiembre de 2016 cuando se pintó de manera algo sorpresiva, incluso para los moradores de la zona, es la que más presencia infantil registra. Curiosamente, ninguna de las tres áreas analizadas blande éxito alguno entre los jóvenes, algo que quizás mereciera un diagnóstico particular. También es habitual encontrarse con personas trabajadores de la zona, que aprovechan las zonas de pícnic para comer al aire libre siempre que el clima acompañe. Los niveles de contaminación no se midieron antes de la reforma, así que no es posible comparar con los actuales. A pesar de ello, la ASPB percibe "una disminución de la contaminación ambiental y sobre todo acústica".

En el apartado de conclusiones, los expertos señalan que estas medidas tienen "un gran potencial de impacto en la salud de la población solo si se implantan de manera extensiva". En tareas pendientes, al margen de cumplir con ese calendario, y, si es posible, acelerarlo, seducir mas y mejor a la gente joven, conseguir que la presencia de coches sea realmente residual, que las calles del perímetro no se conviertan en avisperos de tráfico e intentar que no haya tiempo suficiente como para que se vayan formando pequeñas burbujas inmobiliarias.