ÉRASE UNA VEZ EN... MONTBAU (64)

El 'Capritx': una singular 'herencia de bombero' en la ladera de Collserola

  • A lo largo de 100 metros de la calle de Vayreda, Carles Soler creó su particular jardín, a base de miles de piedras, que fue colocando con paciencia durante casi una década.

  • La ciudad acaba de restaurar la característica obra, iniciada en 1993, fecha de jubilación de Soler. El conjunto se ha convertido en una de las señas de identidad de este barrio de montaña.

Extremo de la obra escultórica que el bombero Carles Soler realizó con paciencia junto a su casa.

Extremo de la obra escultórica que el bombero Carles Soler realizó con paciencia junto a su casa. / JOAN CORTADELLAS

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Helena López
Helena López

Redactora

Especialista en movimientos sociales y vecinales

Escribe desde Barcelona

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Los trabajos empezaron en 1993, pronto hará 30 años, en la acera de enfrente, en la pequeña zona ajardinada frente al edificio en el que vivía Carles Soler, sanitario del cuerpo de bomberos. Piedra a piedra durante una década, Soler transformó un desnivel de tierra y piedra en el espacio más singular del barrio de Montbau, descubierto por no pocos barceloneses en los últimos meses, en los habituales paseos por los barrios de montaña de la ciudad durante el fastidioso confinamiento municipal. "Era muy aficionado a la pintura. Pintaba mucho y muy bien. Tenía un tic nervioso en la mano y, cuando le daba, se daba así dos golpes en la mesa y se le pasaba", recuerda Paco del Castillo, tesorero de la Asociación de Vecinos y vocal de 'gent gran', comisión de vital importancia en un barrio tremendamente envejecido, en el que casi el 35% de sus vecinos son mayores de 65 años. Con la precisión con las que están unidos la miles de piedras de río que conforman el 'Capritx de Montbau', conjunto que se extiende durante 100 metros de la calle de Vayreda, nadie lo diría.

Del Castillo recuerda con cariño como Soler creó todo ese mundo particular de evidente inspiración gaudiniana, pero con un punto muy personal, completamente solo. "Empezó cuando se jubiló, frente a su bloque, haciendo círculos de piedras alrededor de las plantas y se fue animando, animando. Yo trabajaba en una empresa en la que se lo podía facilitar y a veces me llamaba y me decía 'Paco, que me hace falta cemento, o me hacen piedras. A veces también eran los vecinos que, cuando iban de vacaciones a cualquier sitio, se acordaban de él y le traían piedras, por eso en los distintos tramos hay piedras de diferentes colores y medidas", prosigue el veterano miembro de la asociación de vecinos, satisfecho con los últimos trabajos de restauración de los Jardinets de Carles Soler (el lugar terminó adquiriendo el nombre del artista). Las vallas que protegen la actuación todavía no se han retirado, pero permiten ver el resultado.

Detalle de los recién restaurados jardines de Carles Soler, en Montbau.

/ JOAN CORTADELLAS

"¿Ha quedado bien, verdad?"

"¿Ha quedado bien, verdad?", le pregunta al hombre una vecina de ambos al pasar frente a los jardines. Este asiente. "Y mejor quedará cuando crezca la yedra y cubra la malla metálica que han puesto para que no haya desprendimientos de piedra", añade.

Además de los distintos tipos de piedra, de volcánica a pizarra, de procedencias muy diversas, en el conjunto escultórica de Carles Soler destacan también los materiales reciclados. Cada pequeño rincón, y hay cientos, esconde alguna cuidada sorpresa. De una hada a una flor hecha a base de minerales o a un cactus -una de las plantas que dominan el conjunto -o algún que otro mensaje escrito. La primera actuación municipal para reparar y conservar la obra, de un gran valor sentimental sobre todo entre los mayores del barrio -que aquí son mayoría- se hizo en el 2011, momento en el que también se añadieron plantas en algunas de las pequeñas cuevas.

Escaleras mecánicas

Igual que Del Castillo celebra la actuación municipal hecha en los jardines, acude a la cita con una larga lista de asignaturas pendientes en el barrio, "el más envejecidos de Barcelona, como el ayuntamiento no se cansa de decir", insiste. La primera, especialmente por la edad media de sus habitantes, es la instalación de escaleras mecánicas, en un barrio de montaña caracterizado por las cuestas y los desniveles. Tienen un total de cero escaleras mecánicas.

Sergi Latorre, responsable de la vocalía de comunicación y una las voces más jóvenes de la asociación de vecinos, da la razón a Del Castillo. Las escaleras mecánicas era una de las actuaciones que habrían pedido a un plan de barrios que finalmente no se les concedió. "Nos enfadamos mucho cuando vimos que nos dejaban fuera", señala Latorre, quien pone sobre la mesa otra de las reivindicaciones históricas pendientes en el barrio: la cobertura de la Ronda.

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En las paredes del amplio local de la asociación de vecinos, a pocos metros de los jardines de Carles Soler, varias cartulinas exhiben las protestas clásicas que desde la asociación llevan años poniendo sobre la mesa sin ser escuchadas. "La concejala se enfada, cuando lo decimos, pero nos sentimos abandonados", asegura Del Castillo. Además de la cobertura de la Ronda -el gran clásico entre los clásicos- y las escaleras mecánicas -seguramente la necesidad más flagrante- un tercer tema destaca en la pared principal del local -en el que también hay colgadas unas impactantes fotos históricas en las que se documenta la creación del joven barrio, levantado en 1959. Los jabalís. Esos vecinos de Collserola de cuatro patas que tantos dolores de cabeza les traen.

Para esa última reivindicación, la más salvaje, sí hay una actuación prevista. Una obra en licitación. "Daremos un voto de confianza en que funcione", concluye Latorre.