Colectivos vulnerables

"Hace un año que duermo en un coche, estoy en la calle"

  • A través de entidades y miles de voluntarios, Barcelona, Santa Coloma, Badalona y L'Hospitalet de Llobregat contaron la noche y madrugada del jueves cuántas personas duermen en la calle

Mayka, una mujer que lleva cuatro años vivendo en la calle en distintas ciudades del área metropolitana de Barcelona.

Mayka, una mujer que lleva cuatro años vivendo en la calle en distintas ciudades del área metropolitana de Barcelona. / Jordi Otix

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Elisenda Colell
Elisenda Colell

Redactora

Especialista en pobreza, migraciones, dependencia, infancia vulnerable, feminismos y LGTBI

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Por las mañanas Saïd usa un abrigo viejo, ropa sucia y una gorra en la cabeza que junto a la mascarilla le hace irreconocible. Así puede pasar desapercibido cuando su hijo pasea por la calle mientras él hurga en los contenedores de la chatarra. Si logra vender bastantes piezas puede, al menos, comer una lata de conservas cuando anochece. De noche se lava en un barreño de agua en un párking y se enfunda en una manta dentro de su coche. Así vive Saïd desde hace ocho meses en L'Hospitalet de Llobregat (Barcelonès) cuando la pandemia le arrebató todo. Como a tantos otros, el virus les quitó el trabajo, luego la vivienda y ahora es su mente la que se tambalea. Él es tan solo una del millar largo de personas que duermen en la calle en las grandes ciudades metropolitanas, según contaron la pasada noche cientos de voluntarios comandados por entidades sociales.

Saïd vive en su coche durante el día con una manta prestada de la Cruz Roja

/ Jordi Otix

"Es lo único que tengo" responde Saïd, un marroquí de 48 años que llegó a Catalunya en 1981, cuando señala a su vehículo. La pandemia le pilló en Aviñón (Francia). "Allí trabajaba en una empresa que fabrica maquinaria industrial: tenía un buen sueldo, un piso y todo lo que siempre deseé.... y ahora estoy en la calle ¡Es lamentable!", exclama. Terminó su contrato y tuvo que regresar a L'Hospitalet para renovar el permiso de trabajo. "Se me acabaron los ahorros, y decidí quedarme en el coche. Han pasado ocho meses y aquí sigo, nadie me está ayudando a salir de esta", critica el hombre. La Cruz Roja le ha facilitado una manta para dormir, pero dice que hace tres meses que pidió apuntarse en el albergue municipal de L'Hospitalet, que dispone de 31 camas. "Aún no me han llamado, no hay sitio", se queja. Entretanto ha intentado buscar empleo. "¿Cómo logro darles el currículum si no tengo para imprimirlo?".

Vivir de la chatarra

En el mismo párking, tres personas más están en la misma situación. Mostafá ya ha cumplido el medio siglo, y hace cosa de un año que vive en una furgoneta que se encontró abandonada. "La he arreglado un poco y mira, así paso menos frío", cuenta resignado. El hombre lleva más de 30 años en España trabajando en la construcción. "Primero alquilaba habitaciones por 300 euros, pero con la pandemia me quedé sin nada y acabé aquí", explica mientras se le empañan los ojos. También vive de la chatarra, pero de los 15 euros que puede conseguir al día, la mitad se los guarda para enviarlos a su mujer y sus dos hijas que viven en Nador y que, por supuesto, "tampoco saben nada de esto". Mira al cielo y resopla. "Solo me queda aguantar un poco, y que Dios me salve de esta".

Mostafá, un hombre de 50 años que vive en una furgoneta en un descampado de l'Hospitalet desde hace un año.

/ Jordi Otix

Quien también vive de la chatarra es Ramón, 39 años, vecino de Terrassa. "Hace un año estaba viviendo con mi mujer y mis hijos en mi piso", recuerda. Desde adolescente ha sido lampista autónomo, pero en cuanto llegó el virus su facturación bajó un 95%. Las dificultades económicas y los dramas en casa precipitaron su huida y el divorcio. Hace dos meses que vive en un coche rojo, lleva una barba importante y el vehículo desprende un fuerte hedor. "Ducharme lo hago como puedo... pero me cuesta todo muchísimo. Con explicarlo se me ponen los pelos de punta. Me siento completamente solo", cuenta mientras mira al infinito para contener las lágrimas.

Cuatro años por el área metropolitana

A pocos metros Mayka, una mujer de 48 años, se adueñó hace apenas un mes de un coche destartalado. Una larga melena rubia, las uñas negras llenas de roña y sus ojos azules denotan cierto abatimiento. "Dormir, duermo poco, y ya se me está empezando a ir la cabeza. No entiendo por qué no me pueden sacar de aquí", se queja. Esta mujer lleva cuatro años deambulando por el suelo del área metropolitana después de perder el empleo, asumir la muerte de su madre y sobrevivir a una relación de malos tratos. "Antes dormía en la plaza de las Glòries, pero tuve muchos problemas", se sincera. Por ejemplo, varios intentos de violación. "Por esto duermo siempre con un cuchillo al lado", señala. Muchas veces le han ofrecido de ir al albergue municipal, pero ella se niega. "No estoy para que me impongan normas y horarios", dice.

Un hombre duerme en las escaleras de una iglesia de l'Hospitalet de Llobregat.

/ Jordi Otix

Son cuatro de las 92 personas que la madrugada del jueves un centenar de voluntarios detectaron durmiendo en las calles de l'Hospitalet. En la segunda ciudad más poblada de Catalunya, y de las más densas de Europa, es la primera vez que se hace un recuento de estas características. También se repitieron en Barcelona (895), Santa Coloma de Gramenet (28) y Badalona (48), donde ya se realizaron recuentos en años anteriores. En total, 1.063 personas viven en el raso en estas cuatro ciudades.

"Esto nos debe servir para mejorar a las acciones que estamos haciendo hoy", cuenta Alfons Molons, técnico local de la Cruz Roja en L'Hospitalet. Esta entidad visita cada semana a algunas personas que duermen en la calle y les proporciona ropa de abrigo, mantas y bebida caliente. Ellos, junto a Cáritas y la fundación La Vinya han unido a más de 100 voluntarios para encontrar a personas sin hogar. "En esta ciudad faltan muchos recursos y esperamos que el recuento de hoy ayude a cambiarlo", se queja Kiko Segura, miembro del equipo de calle de la fundación. Lamenta que no se empadrone a todas las personas que viven en la calle, que no haya duchas ni comedores sociales públicos, que las 31 plazas del albergue municipal son insuficientes y que en algunos casos la ciudad manda a Barcelona las personas que duermen en la calle.

Un grupo de voluntarios anotan en un mapa las personas que se han encontrando durmiendo en la calle del barrio de Santa Eulalia (L'Hospitalet)

/ Jordi Otix

La cuestión del empadronamiento

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Fuentes municipales niegan tal debacle. "Empadronamos a todo el mundo y en el albergue pueden comer caliente y ducharse. El problema es que muchos no quieren ir", añaden desde el consistorio. Sí reconocen que en los tres primeros meses del año han atendido a 130 personas sin hogar y que la media de ocupación del albergue municipal está en 31 plazas. También recuerdan que el servicio de visitas semanales de la Cruz Roja está promovido por el consistorio, y que el último detectó a 22 personas.

"Con la pandemia hay más gente viviendo en la calle... sobre todo en coches. El albergue ha estado a petar y no hay espacio para ellos", reconoce un agente de la Guardia Urbana durante el recuento. "A ver si esto sirve para que el ayuntamiento reaccione y amplíe los servicios para ellos como tienen otras ciudades", se queja Marta, voluntaria y miembro de el proyecto de vivienda de Cáritas en la ciudad. Pepe, convertido también prospector por una noche, recordaba que lleva más de un año en erte. En sus palabras retumbaba la voz de Ramón. "Yo jamás me imaginé que estaría así... Un día se puede torcer todo y serás tú quien esté en este coche".