Sector económico clave

El traslado de otra farmacia histórica evidencia la compleja preservación comercial en Barcelona

  • La botica de La Estrella, de 1840 en la calle de Ferran 7, se lleva su actividad a otro local tras no alcanzar un acuerdo sobre su alquiler y abre dudas sobre el futuro de sus elementos, considerados de interés en el catálogo de patrimonio arquitectónico

Farmacia de la Estrella, con el cartel donde anuncia el traslado de su actividad. 

Farmacia de la Estrella, con el cartel donde anuncia el traslado de su actividad.  / RICARD CUGAT

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Patricia Castán
Patricia Castán

Periodista

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Cada año que transcurre, el comercio del centro de Barcelona se clona más y más respecto a otras grandes ciudades europeas. Únicamente las tiendas autóctonas e históricas añaden ese plus de identidad que no solo defienden los propios residentes, sino hasta los viajeros en busca de destinos con personalidad. Pero pese a los intentos de los diversos gobiernos municipales de las últimas décadas, la preservación rigurosa del comercio centenario sigue siendo una cuenta pendiente, con demasiadas lagunas para certificar la supervivencia de esos eslabones con el pasado local. El último caso es el de la farmacia de la Estrella, en el 7 de la calle de Ferran, que este mes desplazará su actividad y tal vez algunos de sus tesoros tras no haber podido alcanzar un acuerdo de continuidad con la propiedad del edificio donde se ubica.

El negocio data de 1840, aunque sufrió profundas reformas a principios del siglo XX, por lo que sus elementos de interés pertenecen sobre todo a esa época. Inicialmente, el ayuntamiento lo incluyó en una primera lista de comercios emblemáticos de Barcelona, aunque hace un lustro esa clasificación se revisó y el local no forma parte de su aprobación final, destaca el consistorio. El edificio (con sus dos tiendas) sí forma parte, no obstante, del catálogo de patrimonio arquitectónico de Barcelona, con un nivel de protección de "bienes con elementos de interés (C)". Ello entraña el mantenimiento de la volumetría de la finca, la reparación si es preciso de su fisonomía original, la restauración de fachadas y eliminación de piezas no originales, el cromatismo en sus rehabilitaciones acorde al plan de color municipal y, entre otros, el "mantenimiento de los paramentos interiores y exteriores originales, y del espacio de las dos tiendas de la planta baja", según recoge su ficha urbanística.

Interior del histórico establecimiento de la calle de Ferran.

/ RICARD CUGAT

Esteve Vilarrúbies, autor de una reciente guía sobre un centenar de tiendas (o joyas) emblemáticas de la capital catalana y experto en esa ruta menguante, recuerda que el negocio sufrió algunas obras hace una década. El fotógrafo enfatiza que la farmacia sí formó parte del libro 'Guapos per sempre', que ya retrataba los espacios dignos de conservar en formol en la ciudad, y a los que se agasajó con placas en las aceras hace casi 15 años.

Alberto Mejías, uno de los primeros impulsores de la preservación y clasificación de estos establecimientos y sus oficios, recuerda que La Estrella es además el más antiguo de la calle de Ferran y que además está entre los pioneros de los tratamientos homeopáticos en la ciudad. Observa con tristeza e impotencia la pérdida paulatina de un patrimonio local que en diversos aspectos no queda blindado.

Pero apeado de los 209 establecimientos catalogados así por el ayuntamiento, la actual preservación se limita a elementos como puedan ser algunas piezas propias de botica del siglo XIX, sus centenarias estanterías, un pedazo de mosaico hidráulico a la entrada, una pieza de cerámica considerada el elemento más valioso y su fachada. La concejala de Comercio, Montse Ballarín, está tratando directamente con los titulares del establecimiento para tutelar la preservación y esclarecer su futuro inmediato, explica a este diario.

¿Otro negocio en sus paredes?

El debate se ha trasladado con el tiempo a la necesidad de preservar no solo los establecimientos, sino también su actividad, ya que a veces su magia es indisoluble. Los propietarios se han opuesto durante años, para evitar que sus inmuebles tuvieran una única salida comercial, pero los comerciantes y el propio consistorio han remado en este sentido, a la espera de que el Govern dé luz verde a una vía legal para ampararlo como "patrimonio inmaterial". En el caso de la farmacia en cuestión, si el mobiliario y piezas se quedasen en el local chocaría con muchos otros tipos de actividad que no fuera esa, una situación que en algunos otros casos se ha saldado con traslados de piezas bajo el requisito de su exposición pública, como sucedió con la farmacia Vilardell.

Daniel Muñoz es el gerente de la farmacia desde que su esposa, la farmacéutica Anna Enrich es titular del negocio hace algo más de una década, cuando se lo traspasó Carles Mallol. Cuenta que ya en 2019 y viendo que su contrato de alquiler finalizaba sin que la propiedad se aviniera a un acuerdo de continuidad pese a haber ofertado hasta 8.000 euros mensuales o incluso su compra, preguntó al consistorio sobre cómo proceder con algunos elementos centenarios del negocio. Los titulares entienden que los bienes muebles formaban parte del traspaso. Pasado un año, el ayuntamiento ha pedido un informe sobre dichas piezas y las distintas opciones. Muñoz quiere estar seguro de que si se quedan en el inmueble, la responsabilidad de lo que les suceda no correrá de su parte, algo que están gestionando con abogados. Si algunas se trasladan, habrá que detallar su ubicación y condiciones. "Haremos lo que el consistorio crea que es lo mejor para la ciudad y sus vecinos", sentencia.

El traslado de la actividad que solicitaron llevará esta licencia de farmacia a otro barrio, mientras que los empleados de La Estrella (solo dos ahora, frente a los seis prepandemia cuando el 70% de su público eran turistas) se reubicarán -como hará previsiblemente su clientela- en otra farmacia de la familia en la calle de Banys Nous a final de mes. Esperan concretar antes con el área de Patrimonio qué sucederá y quién se responsabilizará de los tesoros que puedan dejar atrás.

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El local suma una biografía compleja tras cuatro estirpes farmacéuticas. En los años 90 fue noticia por un presunto caso de 'mobbing' inmobiliario, cuando se vendió la finca y se le quiso dar uso turístico a toda ella. Sufrió un incendio y varios contratiempos hasta que Mallol logró la continuidad por vía judicial.

Posteriormente, en esta última etapa ya protagonizó cierta polémica respecto de su valor patrimonial en 2010, cuando actualizaron el local para hacerlo "viable, manteniendo todo lo que no estaba en mal estado" y las piezas históricas, relata Muñoz. No tocaron la rotulación de fachada, como exigía el consistorio, pero sí la disposición del interior. La historia de un cierre y las dudas sobre su contenido y continente se repiten una y otra vez en el Gòtic.