Efectos económicos de la pandemia

Se traspasa restaurante en Barcelona

Cientos de negocios de hostelería abocados al cierre no encuentran relevo en plena crisis del sector

Las nuevas inversiones solo se producen con importantes rebajas de precios o dando por perdido el traspaso

Barcelona 02 01 2021 Sociedad Tema Se traspasa restaurante  Estoy pendiente de atar uno con historia  Si no  alguno de la calle de ferran o jaume I que tenga letrero de traspaso o venta  (no sea un cierre temporal   )  Antiguo restaurante mexicano en traspaso  Calle Ferran 39  AUTOR  Manu Mitru

Barcelona 02 01 2021 Sociedad Tema Se traspasa restaurante Estoy pendiente de atar uno con historia Si no alguno de la calle de ferran o jaume I que tenga letrero de traspaso o venta (no sea un cierre temporal ) Antiguo restaurante mexicano en traspaso Calle Ferran 39 AUTOR Manu Mitru / Manu Mitru

Patricia Castán

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El 2020 se ha despedido con luto en la hostelería barcelonesa. Cientos de establecimientos que aún no se pueden contabilizar con precisión han cerrado para siempre tal y como se les conoció. Pero la cifra aún engordará en los próximos meses, en función de que haya nuevas restricciones a la actividad y que el suero temporal de los créditos ICO se vaya agotando, dejando tras de sí deudas que muchos pequeños y medianos empresarios no podrán encajar. En especial en zonas céntricas dependientes de un turismo que posiblemente tarde largos meses en regresar. Diversas consultoras e inmobiliarias especializadas constatan el gran aumento de bares y restaurantes en alquiler, venta o traspaso en los últimos meses, mientras que la demanda por parte de emprendedores y de inversores está bajo mínimos.

A falta de datos objetivos, expertos del sector calculan que casi un tercio de negocios de hostelería no volverán a abrir tras la pandemia, aunque el Gremi de Restauració de Barcelona estima que esa cifra es vigente a día de hoy, pero que en próximos meses podrían incluso quedar solo la mitad de los que había hace un año, que eran algo más de 9.000. El panorama es desolador en un sector castigado tanto durante el confinamiento sanitario, como por las consecutivas restricciones, que en el caso de Catalunya han sido especialmente duras para la hostelería. Sin olvidar la extinción del turismo y el descenso del consumo local, muy afectado por ERTES y cierres de empresas.

Además, en el sector inmobiliario inciden en que llueve sobre mojado, porque aunque Barcelona venía de una buena salida de la crisis del 2008 "gracias a la potencia del turismo", que disparó la inversión en hostelería en 2015 y 2016, luego vivió tres años "malos" principalmente por las trabas municipales a estos negocios y al turismo, y los conflictos derivados del 'procés', opina Francisco de Haro, responsable comercial de DHB Inversiones. Se suman pues un menor interés por abrir nuevos establecimientos en la ciudad -frente a las facilidades en urbes como Madrid-, junto con la caída en picado de la facturación a lo largo del año de la pandemia. Como resultado, muchos pequeños operadores han optado por bajar la persiana antes de seguir perdiendo dinero, relata, y otros mayores "no tienen más remedio que aguantar, aunque su tesorería es cada vez peor".

Vender el negocio por la mitad o menos

"Un cliente me llamó y me dijo 'este local valía 1,5 millones, pero si lo vendes por 750.000 euros, adelante' ", añade, ilustrando la grave situación que viven muchos restauradores. Ahora dispone de un 30 a un 40% más de oferta, pero aconseja a la mayoría de los que le consultan "aguantar unos meses". La demanda es tan baja que hay que "malvender" el negocio u olvidarse de lograr un traspaso, ya que la mayoría de establecimientos se regentan en alquiler y lo habitual hasta la fecha era traspasarlos con licencia a buen precio al dejar la actividad. Algo que es cada vez más difícil, ya que muchos "las ceden a cambio de deuda", explica Javier Sánchez, director de JS Brokers, especializada en hostelería. El experto vaticina a corto plazo muchas quiebras y concursos de acreedores, porque además el sector ha tenido pocas ayudas. "Algunos restauradores aprovechan también para prejubilarse", mientras que del otro bando, los potenciales inversores "esperan chollos" o cierran tratos a un tercio de su valor previo, relata, tras haber crecido su cartera disponible en torno a un 25%.

En este marco, los altos alquileres han asfixiado -mientras el Govern no intervino vía decreto- a infinidad de empresarios en el centro de la ciudad, sembrado de cierres, destaca Manuel Olaya, de Inmo Olaya, una de las agencias con más activos de este ámbito en Barcelona. Así lo refleja su portal. Con una larga trayectoria tanto en la hostelería como en el ramo inmobiliario, dibuja un horizonte del que habrán desaparecido los operadores que "no eran profesionales de la restauración", si no que simplemente probaron fortuna en un momento en que parecía haber negocio para todos. Pese a contemplar el alud de cierres, cree que es cuestión de meses volver a ver "un rayo de sol" en forma de reactivación. "Barcelona es una ciudad viva y los precios se habrán ajustado y habrá interés por volver al centro", defiende, "en cuanto se abran los hoteles y vuelvan los barcos", como signo de normalidad. Advierte también de un cambio de tendencia a inversiones más sencillas, como los 'coworkings' de cocina para 'delivery', en grandes espacios, donde se están firmando contratos.

Años para volver a la situación precovid-19

Esa esperanza es aún muy leve para la patronal del sector. Su director, Roger Pallarols, cree que la "pérdida de valor de los negocios" refleja el descalabro del sector, que en Catalunya ("el Govern no ve que es más eficiente evitar cierres que optar por futuras inversiones") ha jugado en desventaja respecto a urbes como Valencia o Madrid. "Vemos un escenario de unos dos años con muchas persianas cerradas hasta que se vaya recuperando, y posiblemente haga falta una década para volver al nivel de actividad anterior", vaticina.

Algunos afectados que cerrarán para siempre este enero prefieren no ser identificados porque hay trabajadores en ERTE que "no lo saben aún". "Esto es durísimo, pero no podemos continuar así a costa de quemar todos los ahorros", se lamenta uno en Ciutat Vella.